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voces contra el estigma

"La solución no es atar al paciente"

Edgar Vinyals, activista para la salud mental, lucha para eliminar la contención física de las personas con diagnóstico psiquiátrico

Michele Catanzaro

Edgar Vinyals, activista con diagnóstico psiquiatrico que impulsa la eliminación de la contención física en los hospitales.

Edgar Vinyals, activista con diagnóstico psiquiatrico que impulsa la eliminación de la contención física en los hospitales. / DANNY CAMINAL

Con 32 años, una hija recién nacida y un diagnóstico de bipolarismo desde hace media vida, Edgar Vinyals es un referente en el movimiento "en primera persona" en España. Se trata de un grupo que pretende superar las clásicas asociaciones de familiares y médicos, que está impulsado por los directos interesados de la salud psiquiátrica. "Nada sobre nosotros sin contar con nosotros", resume Vinyals. Este trabajador social se ha dado el cometido de eliminar de Catalunya la contención física de los pacientes psiquiátricos (un eufemismo equivalente a atarlos a la cama). Es este el objetivo más inmediato de la Federació Veus, que agrupa diversas entidades catalanas de salud mental, de la cual Vinyals es uno de los animadores. El activista protagoniza el documental Veus contra l’estigma, de Marta Espar y Marc Parramon, que se ha estrenado este lunes en el auditorio de Mediapro en Barcelona y se podrá ver el martes en TV3.

-¿Se define como paciente psiquiátrico? Prefiero hablar de persona con un diagnóstico psiquiátrico. No un trastorno: tan solo un diagnóstico. A mí me diagnosticaron un trastorno bipolar de tipo 1. Pero según con quien me hubiera encontrado, el diagnóstico podría ser distinto. También podemos hablar de personas con diversidad mental, o personas supervivientes de la psiquiatría. El lenguaje es una pieza importante del estigma.

-¿Cómo afecta al lenguaje? Se habla de antidepresivos o antipsicóticos: es márquetin que refuerza la idea de que los fármacos van contra esos síntomas. Sin embargo, te cabreas cuando ves que los efectos secundarios de algunos llamados antipsicóticos son precisamente tener experiencias psicóticas. Yo prefiero hablar de neurolépticos o hipnosedantes.

-¿Cómo se vive el estigma en primera persona? Durante mis primeros ingresos, a los 16 o 17 años, me encontré en una habitación cerrada, con el lavabo y el armario cerrados, sin mi ropa y sin ver a mi familia y amigos. Acabas pensando que has hecho algo muy malo.

"En mis primeros ingresos, me encontré en una habitación cerrada, sin mi ropa y sin ver a mi familia. Llegué a pensar que había hecho algo muy malo"

-Pero el aislamiento sirve para evitar conductas violentas… El número de agresiones perpetradas por personas con diagnósticos psiquiátricos es más o menos igual al de la ciudadanía general. Al contrario, el número de agresiones sufridas por esas personas es muy superior al promedio.

-¿Por qué quieren eliminar la contención mecánica? Es un ejemplo de lo que aporta el movimiento en primera persona. Atarte a la cama es desagradable para los familiares o los profesionales, pero la vivencia más intensa es de quien lo sufre. Cuando te atan quien lo pasa peor eres tú. Escuchamos casos de gente atada sin que estuviera ejerciendo violencia. No sabemos cuántas contenciones se hacen en los hospitales catalanes. La Federació Veus está colaborando con los planes de salud mental y adicciones de la Generalitat. Queremos contención cero.

-¿Pero cuál es la alternativa? Cuando vas a buscar ayuda, necesitas que se te pase el miedo, que te tranquilicen, que te despisten de alguna idea que te está hiriendo. Un espacio pequeño, cerrado, del que no puedes salir, lo empeora. También necesitas que te escuchen, más allá de una entrevista para identificar los síntomas y hacer un diagnóstico.

-¿Eso funciona en algún sitio? En Islandia la contención está prohibida desde 1996. En el hospital de Olinda, en Suiza, llevan cuatro años sin atar. En el Hospital Universitario de Santa Lucía, en Cartagena, han creado una sala de confort en la unidad de agudos, que está pensada para desescalar los estados alterados de conciencia con técnicas verbales y psicológicas.

-¿También es cuestión de recursos? Claro. Este año el presupuesto de la Generalitat en salud mental se ha incrementado como ningún otro, pero no deja de ser una pequeña corrección de los recortes. También hay que reorganizar los recursos. Hace cinco años se empleaba un neuroléptico, el Modecate, que costaba entre 18 y 77 euros por año. Ahora se usa el Xepelion que llega a los 4.800, sin grandes diferencias.

"Atar a la cama es desagradable para los familiares o los profesionales, pero la vivencia más intensa es de quien lo sufre"

-¿Sería mejor invertir ese dinero en prevención? Sí. Hay países con muchos más psicólogos por cada mil habitantes que España. Además, las relaciones afectivas y el apoyo informal son muy importantes. Estamos trabajando en un programa de apoyo entre iguales, que forma a personas con experiencias de ingresos para que se incorporen en los equipos de atención. Pero esto choca con una cultura consumidora de fármacos que quiere efectos inmediatos.

-¿Le preocupa el abuso de la medicación? Estamos sobremedicando. Es preocupante que se abuse de la prescripción, con un impacto dudoso en el largo plazo. Te dicen que tienes un trastorno grave y que si te medicas puedes hacer vida normal. Pero luego descubres que un 15% de las personas con ese diagnóstico pueden tener una vida funcional sin medicación.

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