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UNIVERSIDAD DE GRANADA

Perro no come perro: ¿por qué los carnívoros no se alimentan de carroña de sus congéneres?

Un estudio concluye que detectan, probablemente por el olor, que ello puede incrementar el riesgo de enfermar

Los investigadores han analizado el comportamiento de zorros, garduñas y otros animales salvajes

El Periódico / Barcelona

Un zorro fotografiado durante el estudio de la Universidad de Granada.

Un zorro fotografiado durante el estudio de la Universidad de Granada. / SEBASTIÁN JUSTICIA / UGR

Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han explicado por primera vez la base científica del tradicional refrán "perro no come perro", cuyo origen parece remontarse a tiempos de la antigua Roma, mediante una prueba de campo con animales salvajes. Los autores del trabajo explican que los carnívoros no se alimentan de la carroña de otros carnívoros -especialmente si son de su misma especie- porque intuyen, al parecer por el olor, que ello incrementa la probabilidad de contraer patógenos que podrían amenazar su vida.

El trabajo, en el que también han participado las universidades de Berkeley (EEUU), Murcia y Miguel Hernández de Elche, ha sido publicado en la revista 'Journal of Animal Ecology'.

El popular refrán, en latín"Canis caninam non est", se empresa en sentido general para explicar que los miembros de un determinado gremio tienden a evitar conflictos entre ellos. La expresión parece haberse originado a partir de observaciones empíricas sobre la aversión de los animales carnívoros a comer cadáveres de otros carnívoros. Y es que, como explica el autor principal, Marcos Moleón Paizinvestigador del departamento de Zoología de la UGR, a los humanos les encanta comer, "pero no cualquier cosa ni a cualquier precio".

Un zorro se come un tejón muerto, capturado por fototrampeo / UNIVERSIDAD DE GRANADA

Los investigadores de la UGR han comprobado que este comportamiento aversivo es por un buen motivo: para un animal carnívoro, como por ejemplo un zorro o una garduña, comer carroña de otro carnívoro, especialmente si es de su misma especie, incrementa la probabilidad de contraer patógenos que podrían hacer peligrar su vida (por ejemplo, eso sucedió con el virulento kuru, que acabó en los años 50 con muchos nativos de Papúa Nueva Guinea que practicaban rituales de canibalismo).

Monitorización de cadáveres

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores monitorizaron y estudiaron durante los meses de invierno de varios años entre 2005 y 2016 un total de 89 cadáveres de animales carnívoros y herbívoros de dos regiones distintas del Sureste de España (sierras de Espuña y Cazorla) que vigilaron con cámaras automáticas que se disparaban al detectar movimiento.

También se realizó un experimento de campo en el que trozos de carne de carnívoro y herbívoro, aparentemente idénticos, se dispusieron en distintos sectores de Sierra Espuña para comprobar si los animales carnívoros pueden "oler el riesgo". Esta información fue complementada mediante modelos matemáticos que simulan cómo evoluciona el comportamiento alimentario cuando a hipotéticos animales carnívoros se les ofrece carroña de ambos tipos.

A lo largo de la evolución, los carnívoros han "aprendido" a discriminar, probablemente por el olor, la carroña segura de la de riesgo. "Esta relación coevolutiva entre los carnívoros y sus parásitos no había sido descrita hasta el momento, e indica que los cadáveres de carnívoros juegan un papel muy diferente al de otros animales en los ecosistemas", concluye el investigador de la UGR.

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