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EL ADN DE LA SEMANA

Reloj

Nuestros ritmos biológicos dependen de un conjunto de genes

Pere Puigdomènech

Reloj

ARCHIVO / EFE

El reloj es una obsesión en nuestra vida diaria. Podemos decidir no usarlo, pero por mucho que queramos no podremos liberarnos de nuestro propio reloj interno. Estamos guiados por ciclos establecidos por nuestros genes, sobre todo en el caso del ritmo diario. Este ciclo se puede perturbar y es un factor que produce insomnio en algunos individuos. Se acaba de publicar un artículo que identifica un gen que es responsable de estas variaciones en algunos grupos de individuos.

El ritmo diario no solo está impuesto por la luz solar. Todos los organismos tenemos un reloj interno que modula las distintas funciones del cuerpo durante el día. Este reloj consiste en un conjunto de genes que se activan de forma periódica y que interaccionan con otras funciones del organismo y producen el llamado ritmo circadiano. Cuando cambiamos de hora, por ejemplo, es necesario que el ritmo se adapte y durante unos días nuestra vida puede ser perturbada.

El artículo, publicado en la revista 'Cell', trata de encontrar si existen diferencias en alguno de los genes que controlan el ritmo circadiano en personas con costumbres diferentes a la hora de ir a dormir. Hay un porcentaje de personas que necesitan acostarse más tarde y hay casos extremos de familias, como una estudiada en Turquía, en que sus miembros acaban teniendo graves problemas de salud y de relación con otras personas. El resultado es que en estos casos uno de los genes del ciclo diario contiene una mutación que hace que su función de controlar otros genes relacionados con la actividad diaria esté alterada.

Tenemos la experiencia de que si alteramos nuestro ritmo, en un viaje intercontinental por ejemplo, necesitamos un tiempo para adaptarlo. También sabemos que necesitamos dormir un número de horas cada día, pero que cada uno lo hace con un ritmo diferente. Estas diferencias dependen de nuestras costumbres, pero el trabajo publicado nos confirma que cada uno tenemos un reloj interno con características propias que nos cuesta forzar, incluso en las cálidas noches de verano.

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