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"Mejorar la calidad del aire reduciría la mortalidad y nos haría más felices"

Antonio Madridejos

La española María Neira (Langreo, Asturias, 1960), médica especialista en endocrinología, expresidenta de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, es actualmente la máxima responsable del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Muy preocupada por el cambio climático, cree que para avanzar en cuestiones de calidad ambiental es esencial la prevención y generar debate. Es optimista: "Si mejoramos nuestra salud, mejoraremos nuestra calidad de vida". La semana pasada estuvo en Barcelona para participar en el ciclo 'Futurs', organizado por el Ateneu Barcelonès y la Obra Social La Caixa, y en el congreso Inches sobre salud ambiental.

-¿Realmente las condiciones ambientales son una causa tan importante de mortalidad? Sí. Se estima que aproximadamente una de cada cuatro muertes en el mundo, unos 12,6 millones anuales, está vinculada a cuestiones ambientales como la mala calidad del aire, la falta de sistemas de saneamiento adecuados, la exposición a contaminantes... Y no incluimos la dieta porque tiene obviamente un factor individual.

-Un panorama desolador. Es, cierto, pero yo prefiero mantener un espíritu positivo y confiar en que podemos evitar esos 12,6 millones de muertes. Si tomáramos las decisiones ambientales adecuadas, no solo reduciríamos enormemente la mortalidad, sino que evitaríamos mucho sufrimiento y mucho gasto sanitario. Nuestro día a día mejoraría y seríamos más felices.

-Y más cosas. Además de reducir la mortalidad vinculada directamente a problemas pulmonares y accidentes cerebrovasculares, las medidas para mejorar la calidad del aire tienen otras repercusiones beneficiosas. Si se fomenta la bicicleta, por ejemplo, se va en contra de la vida sedentaria y de las enfermedades cardiovasculares; si hay menos coches, se reduce la mortalidad por tráfico.

-Si una ciudad supera los umbrales recomendados por la OMS en cuanto a partículas contaminantes en el aire, ¿eso significa que tiene más muertes? Sí, la contaminación mata, pero hay que explicarlo bien. Cuando hablamos de sobrepasar los límites debemos hablar de cuánto tiempo. No es lo mismo estar expuesto una hora al año que todos los días todo el año. Hay que calcular las probabilidades. Lo que nos interesa son las medias.

-Pero eso es justamente lo que le pasa a algunas ciudades como Barcelona y Madrid, que superan las medias. Aún tenemos margen para mejorar, es cierto, pero se han hecho muchos progresos. En Europa ya no tenemos las fábricas dentro de las ciudades, los coches han incorporado filtros, se han prohibido algunos contaminantes...

-Vivir en un mundo rural, lejos de la contaminación, no equivale siempre a vivir más. Lo que sucede es que en la esperanza de vida también influyen otros factores como la calidad de la asistencia sanitaria, la nutrición, el tabaquismo o el alcoholismo. Las zonas rurales, desgraciadamente, han importado en los últimos años muchos malos hábitos, empezando por la dieta.

-Si el tráfico es el principal problema en las ciudades, ¿todo pasa por reducirlo drásticamente? El tráfico es un factor esencial, claro está, pero no es el único. Cada ciudad tiene sus problemas particulares. Y en función de ellos, deben ponerse en marcha políticas efectivas.

-Parece que las autoridades no se creen el problema de la contaminación. Sí, es cierto que quizá no se ha entendido. Por ejemplo, cuando una persona decide fumar, conoce los riesgos y en cierta manera realiza un acto individual, pero el problema de la contaminación es una cuestión colectiva. Yo no puedo decidir el aire que respiro. Por eso se necesitan políticas públicas. La gente ha de asumir que cuando hablamos de mejorar la calidad del aire no lo hacemos solo para mejorar el ecosistema, sino ante todo por cuestiones de salud. Mejorar el ambiente reduciría enormemente el gasto sanitario, como en el caso de las enfermedades crónicas, y mejoraría nuestra calidad de vida.

-¿Los parques urbanos sirven de algo o son solo un parche? Claro que sirven, pero vuelvo a lo de antes: todo suma. Los parques quizá no sirvan por sí solos, pero sí que contribuyen a mejorar la calidad del aire, además de aportar otros beneficios a la salud mental o a la cohesión social.

"El ejercicio físico tiene un beneficio muy superior a los perjuicios que puede ocasionar hacer 'jogging' en una ciudad" 

-Correr por las ciudades rodeados de tráfico. ¿Eso es bueno? El ejercicio físico tiene un beneficio muy superior a los perjuicios que puede ocasionar hacer 'jogging' en una ciudad, aunque obviamente no recomendaría a nadie que lo hiciera detrás de un tubo de escape. Si puede escoger, que se aleje.

-¿Y ponerse una mascarilla? Desgraciadamente, las mascarillas o, al menos, las mascarillas más habituales no te protegen de las partículas más pequeñas que son las que más nos preocupan..

-¿Debemos ventilar las casas? Puede ser interesante, sí. En las viviendas tenemos un problema con los productos químicos de limpieza, aseo y otros: individualmente, un producto no nos hace nada, pero hay que evitar una acumulación excesiva. Es como el chocolate: es fantástico si tomas una cantidad moderada, pero si te pasas pregúntale a tu hígado.

-¿El cambio climático supondrá la expansión de enfermedades tropicales en los países desarrollados del norte o sus sistemas higiénicos son suficientemente potentes como para evitarlo? Las dos cosas. Podrá haber casos esporádicos, puesto que tenemos vectores de transmisión como los mosquito, pero creo que no brotes. Las condiciones sanitarias van a dificultar esa transmisión.

"Las ciudades europeas tienen un riesgo de transmisión de enfermedades tropicales, pero no creo que sean grandes brotes"

-En el año 2007 ya hubo en Italia un brote de chikunguña con casi 200 personas afectadas. Estaríamos hablando de ese tipo de dimensiones, pero no creo que más. En cualquier caso, tenga presente que una situación de este tipo en un país como el nuestro sería tremenda, una paralización importante.

-El cambio climático sí tendrá un grave impacto sanitario en los países en desarrollo. Sí, y no me refiero solo a la posibilidad de la expansión de enfermedades infecciosas. El grave problema es que la merma de la producción agrícola también es un problema de salud: si aumenta la desnutrición, habrá desplazamientos de población y, en general, todo ello debilitará unos sistemas sanitarios que ya son precarios.

-¿Cuáles son las dos necesidades más urgentes en el mundo en cuestiones de salud? Posiblemente el acceso universal al agua potable y las mejoras en los sistema de saneamiento, incluyendo letrinas y alcantarillados.

-¿Tendremos un aumento de dengue o chikuguña? Se estima que los casos de dengue podrían aumentar un 35% debido al calentamiento global, fundamentalmente en Asia.

-¿Se puede evitar? Claro. El acuerdo internacional alcanzado el pasado diciembre en París debe ponerse en marcha lo más rápido posible.

-¿Pronto tendremos vacunas para enfermedades como el dengue o la malaria? En eso estamos luchando.

-Pero no se destinan suficientes fondos. Es cierto. La mayor parte de las inversiones en fármacos se destinan a las enfermedades que más preocupan en los países desarrollados, incluidas la calvicie y los problemas masculinos de erección. En cualquier caso, pueden ser tan importantes las mejoras higiénico-sanitarias que la propia vacuna. En Europa no tenemos cólera no porque nos vacunemos, sino porque tenemos un buen sistema de alcantarillado.

Temas: Mortalidad OMS

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