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YACIMIENTOS PALEONTOLÓGICOS

100 años de dinosaurios en Catalunya

El primer fósil apareció en 1916 durante las obras de construcción de la presa de Talarn

El Prepirineo atesora una gran riqueza tanto en cantidad como en variedad de especies

Antonio Madridejos

Las voladuras con explosivos que se empleaban para la construcción de la presa y la central hidroeléctrica de Talarn, por aquel entonces la mayor de Europa, sacaron a la luz en 1916 un hueso de gran tamaño que destacaba por su tonalidad blanquecina entre la roca rojiza. Aunque afloraba en un precipicio por donde saltaba el agua, en una zona de difícil acceso, los trabajadores de La Canadiense, la empresa que se encargaba de las obras, lograron extraerlo con la ayuda de sus picos y sus palas. Así, por azar, se produjo el hallazgo del primer fósil de dinosaurio en Catalunya.

El espectacular fémur, casi completo, fue trasladado a la Universitat de Barcelona, luego a la colección del prestigioso paleontólogo Josep Fernández de Villalta y finalmente, ya en los años 60, al Museo de Geología de Barcelona, hoy Museu de Ciències Naturals. Sin embargo, lo cierto es que el fósil cayó en el olvido durante todo este tiempo, clasificado simplemente con una humilde etiqueta, y su enorme valía no fue reconocida hasta fechas recientes.

Fue exactamente a partir del 2010, cuando investigadores del Institut Català de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) y de la Universidad de Zaragoza volvieron a analizarlo en profundidad  y comprobaron que correspondía a un titanosaurio de unos cinco metros de largo, no especialmente grande, que había vivido hace 70 millones, en las postrimerías del Cretáceo, poco antes de la extinción de los dinosaurios. Los resultados se publicaron en el 2012.

Una exposición recuerda la historia de las excavaciones

Con motivo del centenario del fémur de Talarn, el ICP, la Associació Geoparc Tremp-Montsec y el Museu de la Conca Dellà han organizado una exposición que presenta paneles divulgativos y fotos históricas de los yacimientos, además de recordar también cómo es el trabajo de los paleontólogos.


Entre otros aspectos, la muestra rememora la primera excavación con espíritu específicamente científico que se produjo el año 1954, de la mano del paleontólogo alemán Walter Georg Kühne. Uno de sus ayudantes fue el estudiante Emiliano Aguirre, que luego sería el gran pionero de los trabajos en Atapuerca (Burgos). De aquella época destacan asimismo las excavaciones realizadas por el jesuita francés Albert Lapparent. Más adelante, ya en los años 80, Galobart cita los destacados trabajos de José Luis Sanz.


Desde hace unos años, "todo los que sale de las comarcas leridanas va al Museu de la Conca Dellà", dice Galobart. "Los ayuntamientos empiezan a ver poco a poco que esto es una apuesta de futuro. Seguimos trabajando con medios precarios, pero se ve que hay ilusión en el territorio", concluye. En julio, durante la campaña veraniega de excavaciones, estudiantes de diversas universidades, algunos llegados del extranjero, participarán en los trabajos.

Muy posiblemente, como explica Àngel Galobart, investigador del ICP y director del Museu de la Conca Dellà, el titanosaurio murió y sus restos fueron arrastrados hasta quedar enterrado en la orilla de un río. El cadáver quedó cubierto por sedimentos y ello facilitó el proceso de fosilización, la conversión del hueso en roca. "Los huesos no aparecen donde murieron los animales, sino donde el agua los llevó y donde se dieron las condiciones precisas para la fosilización", explica Galobart. Si hubieran quedado al aire libre, se habrían esfumado para siempre. El paisaje en aquella época era muy diferente al actual. "El mar llegaba hasta el Pallars y se estaban empezando a formar los Pirineos", explica. El territorio estaba dominado por caudalosos ríos a los que acudían los grandes herbívoros de aquella época. 

El hallazgo del fémur supuso el pistoletazo de salida para la investigación en la cuenca geomorfológica de Tremp-Montsec, un territorio de singular valía en la investigación paleontológica, tanto en número de ejemplares como en su singularidad, un aspecto debido en gran parte a que la zona era una gran isla, destaca Galobart. "En algunas zonas das una patada a la tierra y todavía salen restos", dice el investigador del ICP. 

Desde el año 1916 se han descubierto en el Pirineo 15 huesos y 11 pisadas de titanosaurios, que fueron la familia de dinosaurios dominante a finales del Cretáceo, pero hay también numerosos fósiles de huesos, restos de huevos y huellas de dromeosaurios, anquilosaurios o hadrosaurios. El ICP encabeza los trabajos en la zona desde los años 80, aunque entonces solo con el nombre de Institut Miquel Crusafont de Sabadell.

"En el Prepirineo se imponen las especies de tamaño medio o pequeño que han logrado adaptarse a la vida con menos recursos", prosigue el director del Museu de la Conca Dellà. No obstante, también los hay de gran tamaño, como un titanosaurio desenterrado hace dos años en Orcau y que, a partir de los huesos del cuello, se ha podido determinar que medía entre 15 y 20 metros de largo. La pieza se encuentra en fase de estudio en el museo.

Cuatro comarcas concentran el registro paleontológico del Prepirineo catalán. Al margen de Tremp, en el Pallars Jussà destacan los restos hallados en Isona, con infinidad de huesos, huellas y huevos. El Alt Urgell son reconocidos internacionalmente los yacimientos de huevos de dinosaurio de Coll de Nargó. En la Noguera hay destacados restos en el área de Camarasa-Àger-Les Avellanes-Santa Linya, mientras que en el Berguedà, un poco más lejos pero formando parte de la misma estructura geomorfológica, descuellan las huellas de dinosaurio de Fumanya.

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