jornadas científicas b-debate en barcelona

Bacterias contra el plástico

Investigadores del Centro Nacional de Biotecnología le han variado el genoma

Un microorganismo modificado convierte el PET en polímeros biodegradables

Víctor de Lorenzo, investigador del CNB, durante las jornadas científicas B-Debate en Barcelona.

Víctor de Lorenzo, investigador del CNB, durante las jornadas científicas B-Debate en Barcelona. / FERRAN SENDRA

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ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

La bacteria Pseudomonas putida Pseudomonas putidaes un microorganismo de gran interés científico e industrial por su enorme potencial para degradar plásticos y por la facilidad para modificarla mediante las nuevas técnicas de la biología sintética. En el laboratorio de Víctor de Lorenzo en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), en Madrid, los científicos intentan editar el genoma de P. putida para convertirla en una auténtica recicladora: «Lo que me gustaría en un futuro próximo es poder ir a un vertedero de plástico, inocular un baño de bacterias y, al cabo de un año, volver al mismo lugar y observar que ya no están los plásticos», relata el investigador del CSIC. De Lorenzo, que dirige el departamento de Biología de Sistemas en el CNB, tiene varias líneas de trabajo en este sentido, aunque en ambientes controlados. «Pero eso no es imposible», asegura.

Los investigadores del CNB trabajan actualmente con PET (tereftalato de polietileno), el omnipresente plástico de las botellas ligeras de agua, que «es el más fácil de deshacer», dice De Lorenzo, que la pasada semana participó en Barcelona en el foro científico B-Debate, auspiciado por Biocat y La Caixa.

«Ya hay bacterias capaces de descomponer esos polímeros en monómeros más pequeños, pero no producen nada interesante. Simplemente engordan», prosigue el biólogo. El proyecto del CNB, en colaboración con otros institutos europeos, pasa por modificar la P. putida para que sea capaz de atacar el plástico, descomponerlo y digerirlo hasta transformarlo en otro polímero llamado alcanoato. «Una bacteria normal utilizaría el recurso para crecer -insiste-. Lo que queremos nosotros es que convierta ese recurso en un plástico biodegradable con interés comercial. Así le daríamos un valor».

 De Lorenzo explica que este tipo de productos están muy demandados porque siguen conservando las inigualables propiedades del plástico, pero no tienen los problemas de los derivados del petróleo. «Los podríamos utilizar para crear suturas -cita como ejemplo-.

Las bacterias son como un pequeño robot con su software y su softwarehardware que puedes ir manipulando».

«Cuando se empezó a hablar de estas cosas solo interesaba el motivo ambiental, el poder limpiar ambientes contaminados, pero hoy en día la filosofía es distinta. Vamos a ver si podemos reaprovecharlo y darle valor. Con la ecuación económica sale todo más favorable», comenta.

El biólogo del CNB explica que están empezando con el PET por su facilidad para degradarse, pero que la posibilidad de modificar bacterias ha abierto un campo enorme. «Recientemente se descubrieron en una isla del Pacífico unos gusanos en cuyo tracto intestinal hay unas bacterias que degradan el polietileno», afirma. A diferencia del petróleo, que a corto plazo acaba siendo absorbido por microorganismos naturales, los plásticos pueden durar varios siglos. «El problema con el petróleo no es tan grave -dice-. A mí me preocupa más, por ejemplo, qué hacer con los compuestos antiinflamables que llevan infinidad de productos. No se pueden destruir y acaban en todos los sitios».

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«Las bacterias se asocian a enfermedades, pero lo cierto es que son la única alternativa en estos casos. Ellas pueden acabar con moléculas creadas por el hombre que la naturaleza no puede degradar».

De Lorenzo descarta que pudiera haber algún tipo de descontrol de las bacterias porque, entre otros aspectos, cuando las devoradoras de plástico se quedan sin alimento dejan de crecer. «Los trabajos se deben analizar en profundidad y evaluar riesgos, por supuesto, pero cuando hablamos de problemas éticos de la biología sintética creo que no nos referimos a bacterias», considera. De Lorenzo se refiere a la posibilidad de editar el genoma de los embriones surgida tras el desarrollo de Crispr-Cas9 y otras técnicas de bioingeniería. «Todo eso hay que debatirlo».

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