Piedras de cuarzo talladas

Un yacimiento en Brasil reescribe el primer poblamiento de América

Nuevos análisis en Pedra Furada avalan una ocupación humana de hace al menos 20.000 años

La hipótesis clásica sostiene que los primeros 'colonizadores' cruzaron el estrecho de Bering mucho después

Pinturas rupestres en el yacimiento de Pedra Furada, en el parque natural de la Serra da Capivara.

Pinturas rupestres en el yacimiento de Pedra Furada, en el parque natural de la Serra da Capivara. / AGÊNCIA RAÍZES DO PIAUÍ / ANDRÉ PESSOA

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EDU SOTOS / RÍO DE JANEIRO - ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

Enclavada en el tórrido paraje del parque natural de la Serra da Capivara, en el nordeste de Brasil, la imponente roca de la Pedra Furada (piedra agujereada en portugués) podría haber sido hace más de 30.000 años el hogar de los más antiguos pobladores de América. Al menos así lo defendió durante años la arqueóloga franco-brasileña Niede Guidon, uno de los primeros científicos que alzó su voz contra el dogma del poblamiento tardío del continente, la hipótesis que sostiene que los primeros colonizadores asiáticos atravesaron el estrecho de Bering mucho después.

Entonces, en 1986, las dataciones obtenidas a través de la prueba del carbono 14 en los yacimientos de la Pedra Furada le permitieron hablar de una población de hace entre 48.000 y 32.000 años, lo que le valió un alud de críticas. Ahora, muchos años después, las últimas investigaciones parecen haberle dado la razón. Un artículo publicado en la revista Antiquity junto al investigador francés Eric Boëda (Universidad París 10), el español Ignacio Clemente (CSIC) y científicos de la Fundación Museo del Hombre Americano (Fumdham), obligará a revisar las teorías de sus colegas norteamericanos.

ARGUMENTO DESMONTADO

Los resultados de las excavaciones en el yacimiento de Boqueirao da Pedra Furada han revelado la presencia de industria lítica de cuarzo -lascas, raspadores y bifaces- de al menos 20.000 años de antigüedad en los que se aprecian desgastes microscópicos típicos del uso en el procesado de animales. Esto desmonta los argumentos de los escépticos que niegan el origen antrópico de los útiles, así como otras piezas de sílex de entre 30.000-40.000 años, y que no aceptan una antigüedad para las piedras de más allá de 15.000 años o los 10.000 años que calculan para las pinturas rupestres presentes en varias cuevas del mismo valle.

«Es normal que los útiles sean simples. El cuarzo es un material muy difícil de trabajar», ha defendido Guidon. Según la arqueóloga, que a pesar de estar jubilada continúa con sus investigaciones, existen además vestigios de presencia humana como cenizas con antigüedades de 58.000 años obtenidas con C14 e incluso 100.000 años por termoluminiscencia. «Esto generó un problema enorme con los investigadores estadounidenses que defienden el primer poblamiento de América hace solo 14.000 años», afirmó Guidon en referencia a la hipótesis tradicionalmente aceptada del llamado Consenso de Clovis.

ADIÓS CLOVIS

Según esta visión, basada en los restos de la cultura Clovis de Nuevo México con 13.500 años de antigüedad, los primeros americanos habrían cruzado Bering hace 14.000 años aprovechando un puente de tierra temporal entre Eurasia y Norteamérica, avanzando hacia Sudamérica por la costa del Pacífico. Es en este punto donde la ortodoxia hace aguas por todos lados ante la cronología de yacimientos como Monte Verde, en Chile, con evidencias de ocupación humana de hace 13.000 años, que podrían llegar a los 30.000, o Valsequillo, en México, con dataciones de hasta 35.000.

«Monte Verde, Pedra Furada y otros yacimientos sudamericanos muy antiguos no invalidan la hipótesis del poblamiento desde Asia a partir del estrecho de Bering, pero sí que obligan a retrasar la fecha de los primeros colonizadores», sintetiza Ignacio Clemente,  investigador del CSIC en la Institució Milà i Fontanals de Barcelona. En su opinión, debió de haber muchos pasos por Bering, los primeros «hace 50.000 años o quizá más».

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Si eso fue así, debería de haber otros muchos asentamientos en el camino que lleva desde Alaska hasta Brasil o Chile, y la única explicación de todo ello es la suerte: o bien aún no se han localizado los restos de aquellas ocupaciones o bien han desaparecido inexorablemente con el paso del tiempo. Debe recordarse, por ejemplo, que no es nada sencillo que unos huesos fosilicen -claves para una datación-, sino que es necesario que queden sepultados de manera adecuada, por ejemplo en cuevas.

Las investigaciones más actuales tampoco descartan Polinesia como «ruta alternativa» para la llegada de los primeros colonizadores humanos antes de Colón -el primitivo hombre de Flores alcanzó la isla indonesia navegando, recuerda Clemente-, pero los análisis genéticos de las poblaciones indígenas actuales descartan que fueran migraciones masivas. Si realmente hubo movimientos de población a través del inmenso océano Pacífico, no fueron multitudinarios.