ESTUDIO ARQUEOLÓGICO

Banquete a base de caracoles en el Benidorm paleolítico

Unos investigadores hallan la evidencia más antigua del consumo de moluscos terrestres en Europa

A la izquierda, sedimentos donde se han encontrado restos de combustión y los caracoles (derecha).

A la izquierda, sedimentos donde se han encontrado restos de combustión y los caracoles (derecha).

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ANTONIO MADRIDEJOS / Barcelona

Los humanos que vivieron hace 30.000 años en lo que hoy es Benidorm, en la provincia de Alicante, comieron caracoles asados con una cierta asiduidad, según muestran unas excavaciones en el yacimiento de la Cova de la Barriada. Se trata de la muestra más antigua del consumo de moluscos terrestres en Europa y el norte de África.

En el yacimiento han aparecido tantos caracoles juntos que es imposible atribuirlo a causas naturales, explica el coordinador de los trabajos, Javier Fernández López de Pablo, del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES). De hecho, hay incluso tres estratos no simultáneos con centenares de conchas. 

La investigación, que se ha publicado en la revista Plos One, retrasa en al menos 10.000 años la primera evidencia de consumo de caracoles terrestres en la región analizada. Los restos más antiguos correspondían hasta ahora a un yacimiento francés. En las cuevas de Nerja (Málaga), prosigue Fernández, también se han localizado gasterópodoss muy antiguos, pero no son suficientes como para vincularlos sin error a un banquete.

Cerca del mar

En la Cova de la Barriada se trabaja desde el 2011. Hoy se encuentra cerca del mar, pero el coordinador de los trabajos calcula que hace 30.000 años, por efecto de la glaciación, la costa estaba a unos 20 kilómetros.

Al margen de los caracoles, han aparecido también restos de siete hogares de leña y diversos huesos de caballo y de otros animales que posiblemente también fueron consumidos. Los estratos analizados tienen un antigüedad de entre 31.000 y 26.000 años, un periodo frío. Las tallas se han asociado a la llamada cultura Gravetiense, totalmente 'sapiens'.

Para entender mejor si sus habitantes pudieron haber comido caracoles, los expertos analizaron los patrones de selección de caracoles de tierra, el consumo y la acumulación en el sitio y, posteriormente, la decadencia de las conchas, el proceso de fosilización, la composición y la edad midiendo su tamaño.

Seleccionados por su tamaño

Fernández explica que, además de la anormal acumulación de caracoles, otro factor descarta por completo las causas naturales. "Los caracoles son adultos, no hay pequeños, signo inequívoco de que fueron recogidos y seleccionados para ser consumidos -precisa-. Eso lo hicieron humanos que tenían muy clara una estrategia de selección". El tamaño se ha medido uno a uno para analizar la pauta poblacional.

Además, algunos caracoles mostraban signos de haber sido alterados térmicamente y estaban cerca de una estructuras, o supuestos cazos, que pudieron utilizarse para cocinarlos. Probablemente se asaban sobre resina de pino y enebro.

Endemismo ibérico

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Los moluscos paleolíticos corresponden a una especie de notable tamaño y actualmente poco habitual, un endemismo ibérico llamado caracol serrano. No son los típicas que se cultivan para el consumo en masa, precisa el investigador del IPHES, que cuenta con un contrato Ramón y Cajal del ministerio.

¿Y por qué los humanos empiezan a comer caracoles hace 30.000 años? El paleontólogo del IPHES considera como hipótesis que en aquella época se produjo una explosión demográfica que forzó la búsqueda de otros recursos alimentarios hasta entonces no explotados. "Los caracoles forman parte de la nueva estrategia -concluye-. Desde el punto de vista nutricional debieron de ser marginales en el cómputo global. Posiblemente fueron alimentos con connotaciones festivas".