El Tourmalet

El Tourmalet: el líder de la Vuelta que fue futbolista antes que ciclista

Remco Evenepoel, con la camiseta del PSV Eindhoven, y su padre Patrick.

Remco Evenepoel, con la camiseta del PSV Eindhoven, y su padre Patrick. / TWITTER / DAVID GUÉNEL

  • Remco Evenepoel jugó en las categorías inferiores del Anderlecht, el PSV Eindhoven y la selección belga antes de colgar las botas y subirse a una bici.

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Hay una anécdota que sirve para verificar el carácter aguerrido y prácticamente de atleta total que atesora Remco Evenepoel, el ciclista belga de solo 22 años que lidera la Vuelta que este lunes descansa competitivamente. Era jugador del Anderlecht, sí del equipo de fútbol y no es un error, cuando el entrenador le dio el fin de semana libre, que descansase, que se lo tomase con calma, porque el lunes se reanudaban las sesiones preparatorias en las instalaciones del club de fútbol de Bruselas.

El técnico se llamaba Stéphane Stassin, quien, en su etapa profesional con el balón, aparte de jugar en el Anderlecht, disputó dos temporadas en la Bundesliga con el Borussia. Stassin decidió el domingo salir a la calle para ver pasar a los atletas que participaban en el medio maratón de Bruselas. Llegaron los primeros, atletas africanos, y de repente, en la séptima u octava posición, no recuerda bien, escuchó una voz que le sonaba: “hola, entrenador”. Era Evenepoel, que lejos de tumbarse en la cama un domingo por la mañana, se apuntó a la prueba atlética. Con solo 16 años acabó el 11º y disputó la carrera a un promedio de 3,37 minutos el kilómetro. Nada mal a su edad.

Y era también el futbolista que escuchaba en casa las doctrinas de su padre, Patrick, que fue ciclista y que corrió la Vuelta de 1993. Estaba encantado con que el hijo empezase a destacar en el fútbol, pero el sueño era que un día se convirtiera en toda una estrella del ciclismo.

Por esta razón, Evenepoel sorprendía no solo a su entrenador sino a sus compañeros de vestuario. Al acabar los entrenamientos y con la excusa de “estirar las piernas” se hacía 100 kilómetros en bici, una barbaridad para un chaval que jugaba en la defensa del Anderlecht y que aceptó la invitación del PSV Eindhoven, en los vecinos Países Bajos de donde ha salido la ronda española este año, para incorporarse a su academia futbolística.

La Vuelta España de los nuevos fenómenos, por Sergi López-Egea. / Sergi López-Egea

Evenepoel regresó pronto al Anderlecht y siguió siendo un defensa insustituible. Sus mejores etapas con el balón en los pies se registraron con 15 y 16 años. Un antiguo compañero de club, que ahora juega en equipos belgas de segunda categoría, Lars Coveliers, de su misma edad, lo recuerda como un defensor que siempre iba al balón y que corría como un loco. Jamás renunciaba a impedir el paso de los delanteros que chocaban una y otra vez con el hoy líder de la Vuelta.

Por esta razón, su fortaleza en la defensa del Anderlecht y el carácter dentro y fuera del césped, que lo convirtió en capitán del equipo, no pasaron desapercibidos para los responsables del fútbol base de la federación belga. Antes de vestirse con el jersey rojo de la Vuelta, Evenepoel se colocó la casaca del mismo color con la que se identifican a los ‘diablos rojos’ para convertirse en internacional sub 16.

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La situación iba de perlas hasta que un día, sin darle aparentes explicaciones, siendo fijo en la defensa, se encontró con que lo colocaban en el banquillo. Evenepoel no estaba para calentar silla alguna. Él quería actividad, sentirse la estrella de la defensa del Anderlecht, donde por cierto también jugó otra figura del ciclismo belga, quizá más conocida por su apellido que por sus hazañas sobre la bici, Axel, el hijo de Eddy Merckx.

La pérdida de la titularidad acabó con su cariño hacia el fútbol para hacer feliz a su padre. Iba a probar suerte con la bici, ya que él no estaba hecho para ser suplente de nadie. Sin apenas experiencia, comenzó a destacar en las carreras júnior belgas. Lo ganaba todo y enseguida lo apodaron ‘El pequeño Caníbal’, en referencia a un Merckx, que ciertamente, nunca ha enviado flores ni ha hablado con mucho cariño del chaval, al contrario de Wout van Aert, la otra gran estrella del pedal flamenco. Quizá para que Evenepoel no se lo creyera mucho aquello de que era su heredero. O tal vez por celos. Nunca se sabrá.