El Tourmalet

El Tourmalet: Francia, Italia y España se quedan sin tradiciones

El Tour, a su paso por los Pirineos.

El Tour, a su paso por los Pirineos. / LE TOUR / CHARLY LÓPEZ

  • Por primera vez desde que se creó el Tour en 1903 no habrá triunfos de etapa de tres grandes países de leyenda ciclista, salvo que Filippo Ganna lo remedie en la contrarreloj final.

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Decía hace unos días un periodista italiano, al hablar sobre la crisis de victorias de los países que tradicionalmente siempre han dominado el Tour, “nosotros estamos peor, porque si quitamos a Filippo Ganna para las contrarrelojes, no tenemos nada ni nadie para agarrarnos a una esperanza de futuro”. El ciclismo, como tantos otros deportes, se ha globalizado y ya no es un jardín exclusivo de unos pocos, los de siempre, sino que cualquier buen deportista que se prepare, que disfrute sobre una bicicleta, puede llegar a ser un gran campeón.

En el Giro se produjo un hecho histórico. Por primera vez en una carrera grande un ciclista de raza negra, Biniam Girmay, conseguía ganar una etapa. Lo nunca visto. Hace 30 años, en el Tour, unos periodistas españoles le preguntaban a Manolo Saiz, por aquella época famoso director del conjunto ONCE, por qué no había corredores negros en el pelotón. Pues no los había porque en los años 90, en los tiempos en los que Miguel Induráin hacía creer que ganar el Tour era lo más fácil del mundo, ningún chaval negro se dedicaba al ciclismo, como tampoco había eslovenos triunfadores y aún no se había producido el desembarco de los daneses y los estadounidenses con sus barcos cargados de medicamentos.

La contrarreloj final

Salvo que Ganna lo remedie este sábado si gana la contrarreloj final con permiso, sobre todo, de los tres héroes de este Tour (Jonas Vingegaard, Tadej Pogacar y Wout van Aert) por primera vez desde que se creó esta carrera en 1903 se llegará a París sin triunfos de ciclistas franceses, españoles e italianos.

Los españoles ya se han acostumbrado a irse de blanco del Tour porque desde 2018 no han mojado absolutamente nada en cuanto a triunfos de etapa. Francia, sin embargo, es otra cosa. Los franceses ya se han familiarizado a no ver a ningún paisano de amarillo por París porque ya ha llovido mucho desde que Bernard Hinault ganó el Tour de 1985. Pero cada año disfrutaban de una victoria de etapa con uno de los suyos, y no digamos si este triunfo se producía el 14 de julio, el día, precisamente, que Tom Pidcock levantó los brazos en la cumbre de Alpe d’Huez.

Sin Alaphilippe

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Lo cierto es que Francia ha tenido una desgracia. Julian Alaphippe, el ciclista que siempre corre con la caña preparada para ganar una etapa, no se recuperó de su brutal caída de abril en la Lieja-Bastoña-Lieja, y tuvo que ver la carrera desde su casa de Andorra. A partir de aquí solo se pueden conformar con que David Gaudu consiga la cuarta plaza de la general.

Italia es el país que peor lo tiene. Vincenzo Nibali, el 'Tiburón', el 'Squalo' de Messina, se retira en octubre y si miran hacia el futuro solo ven desierto entre bielas y pedales. ¿España? España es diferente, y no por el viejo dicho tan y tan discutible en otros aspectos de la vida. España es diferente porque sí tiene futuro y solo hace falta un poco de paciencia y no cargar de excesiva responsabilidad a dos chavales tan buenos como el mejor de los vinos jóvenes para ver triunfar en breve a un chico de Almuñécar, Carlos Rodríguez, y de Xàbia, Juan Ayuso. El primero debuta en unas semanas en la Vuelta para ser uno de los principales atractivos de la carrera y el segundo ha llegado al profesionalismo después de una impresionante racha de triunfos en el campo aficionado. Por eso no hay que llorar, ni mucho menos insultar, por un Tour español para olvidar, porque hay futuro, y donde solo Bélgica, porque tienen al enorme Wout van Aert, ha podido exhibir sus banderas entre los países que siempre dominaron esta bendita carrera.