El Tourmalet

El Tourmalet: el hombre de los 50 Tours con la maleta a cuestas

El Tour como arte en la instantánea del fotógrafo español Charly López.

El Tour como arte en la instantánea del fotógrafo español Charly López. / ASO / CHARLY LÓPEZ

  • El periodista británico Phil Liggett debutó en la victoria de Luis Ocaña (1973) con Franco en el poder y Richard Nixon en la Casa Blanca.

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Hay quien lleva 50 años comentando el Tour de Francia en vivo y en directo. ¿Se imaginan? 50 años siguiendo un mismo evento deportivo: 50 Ligas, medio siglo de premios de motor, 50 Wimbledon. Y es fácil preguntarse: ¿cómo ha cambiado el planeta? En este Tour, en este mundo de récords, en esta gran familia de la Grande Boucle formada por más de 3.000 personas, donde prácticamente nadie se conoce, si acaso un “'ça va'” cuando suena la cara sin saber quién es, a qué se dedica y de qué vive, hay una persona que lleva 50 años preparando maletas, de nómada por toda Francia y hasta por media Europa, sin cansarse y sin importarle que en 2023 va a cumplir 80 años.

Se llama Phil Liggett y es tan británico como Brad Wiggins, Chris Froome y Geraint Thomas, los tres súbditos de la reina Isabel (ella ya no se sabe cuántos Tours lleva en la distancia) que han llegado de amarillo a París, seis Tours suma el trío del imperio.

Cuenta que acudió por primera vez al Tour en 1973, precisamente en el año sabático, al menos a lo que a la ronda francesa se refiere, que se tomó Eddy Merckx. Gracias a la ausencia del ‘Caníbal’, Luis Ocaña sumó su única victoria en la carrera, aunque bien es cierto que dos años antes, con el prodigio belga contra las cuerdas, habría ganado la prueba de no caerse en el descenso del col de Menté.

Presume Liggett de que la salud lo ha acompañado y que durante estos años ha vivido muchas facetas, primero con la máquina de escribir a cuestas, cuando aún no se había inventado el ordenador y por supuesto nadie hablaba de internet. Luego con el micrófono y finalmente como analista de un deporte que ha cambiado como la vida misma en el transcurso de estos 50 años.

En 1973 todos los ciclistas iban con calapiés y zapatillas negras con unos agujeros transversales para que el pie no sudase y pudiese respirar. ¿Se han fijado que este año en el Tour todos los corredores llevan zapatos blancos? En 1973 Francisco Franco seguía en plan dictador en España y Richard Nixon era el presidente de los Estados Unidos. Por no haber nacido ni lo habían hecho buena parte de los padres de los participantes este año en el Tour.

Han evolucionado las bicis a pasos agigantados. Han mejorado los coches. Este año, por ejemplo, la marca Skoda, que sirve todos los vehículos del Tour, ha tratado que la mayoría de autos sean eléctricos para contaminar lo menos posible en la ruta de la carrera.

En 1973 no había climatizador en los coches. Se dormía muchas veces en pensiones y los restaurantes franceses por la noche, ajenos al Tour, cerraban cuando todavía los enviados especiales comenzaban a dictar sus crónicas por teléfono, fijo, evidentemente. Y lo peor, denigrante, las mujeres tenían prohibido acreditarse en la carrera. Hasta 1978 no se permitió la primera credencial femenina y la periodista afortunada acudió para contar más ecos de sociedad que de deporte.

Ocaña y su mujer

Seguramente el joven Liggett ignoraba que a Luis Ocaña casi le cuesta el Tour haber querido dormir con su mujer que se colaba clandestinamente en su hotel sabiendo que el jersey amarillo se jugaba el pellejo como si hubiese querido introducir droga y no precisamente para doparse.

El Tour ha crecido en estos 50 años pero también se puede afirmar rotundamente que ha alcanzado el techo. No hay más enviados especiales, por ejemplo, que durante el viaje a ninguna parte de Lance Armstrong, cuando medio Estados Unidos enviaba a sus periodistas al Tour. Se recuerda a informadores de Texas, que no tenían ni puñetera idea, ya no de ciclismo sino de deporte, extrañándose de por qué Armstrong, si supuestamente era el mejor, no ganaba las 21 etapas y por qué se daba el mismo tiempo al pelotón, tras un esprint, cuando del primero al último en cruzar la meta igual pasaba medio minuto.

El baúl de la Piquer

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Ahora no hay que pelearse con la informática como cuando se llevaba una especie de auricular telefónico que permitía enviar sonidos extraños, como si fuese el canto de una sirena, y que dejaba la crónica escrita en el ordenador central de un periódico. Y, evidentemente, no hay que llamar a cobro revertido desde una cabina perdida en el camino, cuando había cabinas, para llamar y contar la producción del día.

Liggett ha visto 50 Tours, madre mía, quien escribe estas líneas no ha llegado a tanto, y su maleta lleva más trajín que el mítico baúl de Concha Piquer quien triunfó en los escenarios mucho antes de que un niño llamado Federico Martín Bahamontes, el primer español que triunfó en París (1959), plantease dedicarse al oficio de ciclista.