La ronda española

Nadie se mueve, nadie ataca y la Vuelta se adormece

  • El fin de semana por las sierras de Extremadura y Ávila se desperdició a base de fugas y sin ningún movimiento en la general.

Rafal Majka, tras cruzar primero la línea de meta en El Barraco (Ávila).

Rafal Majka, tras cruzar primero la línea de meta en El Barraco (Ávila). / LA VUELTA / CXCLING

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Cuando Odd Christian Eiking, ciclista desconocido, integrante de un equipo modesto patrocinado por una cadena de supermercados, esperaba y miraba el cronómetro tras el podio de Rincón de la Victoria, veía que se convertía en realidad un sueño al que no renuncia ningún corredor. Iba a ser, por sorpresa y con autorización de los astros de la carrera, el líder de la Vuelta. Quizás un par de días, no mucho más. Y aquí lo tenemos. Lo impensable e inaudito; llegará con el jersey rojo a la tercera semana de carrera, prenda que podrá conservar por lo menos hasta la cima de los Lagos de Covadonga, el próximo miércoles en Asturias.

Rápidos van. Este domingo, Rafal Majka, otro triunfo en solitario, una fuga de casta, venció en El Barraco a la media de 40 kilómetros por hora. La Vuelta parece que adormece pero, seguramente, este domingo no hubo ni una sola cuesta para romper y hacer añicos la carrera. Todos fueron a rueda del Intermarche, el equipo de Eiking y, desde luego, la Vuelta no se puede permitir que sea uno de los conjuntos más modestos del pelotón mundial el que se convierta en el conductor de la carrera. Va a ser que no.

Seguramente, José María Jiménez, al que llamaban el Chava, se habría retorcido de rabia al ver que la Vuelta llegaba a su pueblo sin que nadie se atacase; un ritmo de crucero, rápidos, sí, pero todos a rueda por los escenarios en los que entrenaba Carlos Sastre, ganador del Tour de 2008.

Porque fue así, sin más, una etapa de entrenamiento con el dorsal a la espalda, sabedores Primoz Roglic y Enric Mas que ni Eiking, ni Guillaume Martin, mucho más peligroso el ciclista francés que el noruego, son contrincantes y que en Asturias, miércoles y jueves, hay suficiente dureza para que la Vuelta se ponga patas arriba. De lo contrario no se comprende, a no ser que todos considerasen que las cumbres abulenses de La Centenera, Pedro Bernardo, Mijares y San Juan de la Nava eran una especie de autopista que los llevaba a otra autovía, la que tuvieron que hacer todos al acabar la etapa para dirigirse en autocar hasta Santander, donde este lunes descansará la ronda española.

Majka se comía la etapa entera en fuga y ganaba a la memoria de su padre fallecido este año. El Jumbo daba libertad a Steven Kruijswijk para que se lanzara sin éxito a la captura del corredor polaco. Su segundo puesto en El Barraco fue indicativo de lo que pensaba su equipo sobre la etapa y que fue lo mismo que confesó Mas tras cruzar la línea de meta. "El trazado no ha sido el mejor para tener la batalla que se esperaba". De haber habido puertos consistentes y temor a una ofensiva contra Roglic, el Jumbo jamás habría permitido lanzar a Kruijswijk por delante. Habría estado quietecito al lado de su jefe esloveno por si lo necesitaba en algún momento.

Solo Yates

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Solo se movió Adam Yates, que tan solo arañó 15 segundos. "No había un gran puerto para definir", añadió Superman. Así, como ocurrió el sábado, Eiking firmó otro día y ya van seis como líder de la prueba. "Sería surrealista que yo ganase la Vuelta y ya lo ha sido que llegase al frente de la carrera tras este fin de semana. Pero las dos etapas de Asturias son demasiado duras para mi", admitió Eiking, que por lo menos no da lugar a una sorpresa al estilo de las victorias de Éric Caritoux en 1984 y de Marco Giovannetti en 1990.

La pena fue que se dejara pasar un fin de semana, donde hay más público en las carreteras y frente al televisor, más gente a la espera de un ataque entre los astros que no se produjo. Ni siquiera un conato, un manifesto de ofensiva. Nada de nada. Así de triste.