Segundo en la etapa

Tour de Francia: Erviti se queda sin premio en Nîmes

  • El capitán de ruta del Movistar se coló en la escapada del día y tuvo que conformarse con la segunda plaza de la 12ª etapa.

  • Pogacar y el resto de figuras levantaron el pie y se tomaron la jornada con calma para llegar a 15 minutos de la fuga.

Imanol Erviti, en fuga, camino de Nîmes, cuya meta cruzó en segundo lugar.

Imanol Erviti, en fuga, camino de Nîmes, cuya meta cruzó en segundo lugar. / MOVISTAR TEAM / BETTINI PHOTO

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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"¡Vamos, Erviti, Vamos!".Es el grito que le llega al corredor que sabe que cuando el tren se para en la estación hay que subirse al vagón. "No todos los días un gregario disputa una etapa del Tour". Imanol Erviti llega segundo y resignado a la avenida Salvador Allende de Nîmes. Entró en la fuga por casualidad, porque hubo un bandazo y de repente se encontró con otros 12 con asfalto de por medio. Ocurrió cuando el viento dejó de soplar y cierta calma chicha se apoderó del pelotón.

Andaba Erviti, 37 años y 12 Tours con este, escapado pero preocupado porque él es quien debe proteger a Enric Mas en etapas amenazadas por el viento, como este jueves en ruta hacia Nîmes y el viernes camino de Carcasona. Porque Erviti es el arquetipo de gregario y el capitán de ruta, ordena y manda, del Movistar. Él es un esforzado de la ruta, un doméstico como se llamaba antes, uno de los que los que bajan al coche a por bidones, los que prestan la bici si se le escacharra al jefe y los que reciben la orden de tirar para que el líder se sitúe a rueda resguardado del aire y rodando con menos desgaste.

Pero nadie está para regalar nada. Y mucho menos el Movistar, y porque Mas ya tenía a su lado a Jorge Arcas, debutante pero que está disputando un buen Tour lejos de la cámara y los éxitos. Así que Erviti tira hacia delante, busca la victoria y goza de la gloria de sentirse astro en televisión y muchas veces cabeza de carrera con la opción de pelear por el triunfo y añadir a las dos etapas de la Vuelta que figuran en su palmarés un triunfo en el Tour.

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Todo va perfecto. A Erviti le funcionan las piernas, rueda maravillosamente acoplado, el viento no molesta y el pelotón con Tadej Pogacar, que por un día ha enterrado el hacha de guerra, se relaja a un cuarto de hora. Todo de cara. Los 13 comienzan a atacarse y poco a poco van cayendo los más débiles; sin fuerzas no vale siquiera llamarse Julian Alaphilippe.

El momento clave

Ya está Erviti con solo dos rivales. Y entonces llega el ataque del alemán Nils Politt, compañero de Peter Sagan que este jueves dijo adiós al Tour. Quedan 10 kilómetros para la meta. Ni aprieta el calor, ni amenaza la lluvia y por si fuera poco el viento se ha calmado. "Cuando demarró yo iba al límite. Ha sido simplemente cuestión de piernas". Ya se sabe. O se cierra enseguida el hueco o comienzan a caer segundos ante un corredor que se siente animado, que escucha el griterío de los vecinos de Nîmes, que se golpea el casco como festejando que lleva la cabeza despejada y que conseguirá el sueño que persigue, una etapa del Tour. Es la que se le escapa a Erviti, que sabe que debe volver a trabajar por Mas, cuidarlo en el llano como hace Alejandro Valverde en la montaña, la que se le atragantó al ciclista mallorquín a solo dos kilómetros de la cima del Ventoux. Allí le faltó el aire. Dolían las heridas de la caída del domingo y se le puso cuesta arriba el podio de París. Pero promete seguir peleando... y con Erviti a su lado. Hasta la victoria.