La ronda francesa

Cavendish, a un triunfo de Merckx en el Tour de Francia

  • El velocista británico consigue en Valence la victoria número 33 en la prueba.

  • El viento dio varios sustos en la etapa y hasta Pogacar estuvo a punto de quedar cortado.

Cavendish consigue en Valence el triunfo número 33 en el Tour.

Cavendish consigue en Valence el triunfo número 33 en el Tour. / REUTERS / STEPHANE MAHE

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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El Tour sin la historia sería como una bicicleta sin ruedas. El Tour es la carrera donde todo un campeón del mundo, Julian Alaphilippe, se pone al servicio del velocista de su equipo, que no es uno cualquiera, sino Mark Cavendish, todos en pie, para que gane la etapa, la tercera este año, la 33 en la prueba. Y es entonces cuando hay que abrir el libro de la Grande Boucle para volverse a encontrar con el más grande, que es Eddy Merckx, el que más etapas logró, 34, el que ganó cinco veces en París, el que se hartó de ir de amarillo y el que tendría seis triunfos si un chiflado no le hubiese pegado un puñetazo en el hígado cuando ascendía por el olvidado Puy de Dôme en 1975.

Por eso, cuando Cavendish levantó en brazos a Alaphilippe, entre los gritos de alegría de sus compañeros del Deceuninck, hacía algo más que agradecerle el servicio prestado, el sacrificio, el haberlo cuidado y el haber puesto un ritmo infernal para que a nadie se le ocurriese escapar y amargarle el triunfo a 'Cav'.

Era el mismo Cavendish, que el domingo salvó el fuera de control por menos de un minuto en Tignes. Para él fue como ganar la etapa porque las cumbres no son lo suyo, aunque muchas veces, y todo el mundo lo sabe, las ha sorteado entre empujones y coches salvavidas. Cavendish se había hecho famoso porque sabía como pocos calcular el tiempo justo para no quedar fuera de control y cuando la subida se le alargaba más de la cuenta se lanzaba como un poseso en las bajadas, en lo que antes se decía un descenso suicida. Pero ¡ay! del pobre que perdiese su rueda, porque no agarrarse a Cavendish en la bajada significaba llegar a meta con los tiempos cerrados e irse para casa, lo que les pasó a los dos velocistas franceses (Arnaud Démare y Bryan Coquard) en Tignes.

El susto del día

Cavendish tiene por lo menos la oportunidad de París, a donde llegará seguramente vestido de verde, como ciclista con más puntos por sus puestos en las llegadas, si no le falla la calculadora en los Pirineos. Y si gana en los Campos Elíseos o no lo vuelve a hacer antes igualará a Merckx en número de etapas, con una cifra que cuando la estableció 'El Caníbal' parecía que nadie la alcanzaría a no ser uno de los mejores velocistas de todos los tiempos al que todos llaman 'Cav'.

Y pese a que solo viendo el resultado se pensase que había sido una etapa de transición, todos a rueda, sobre todo Tadej Pogacar, el día fue más bien lo contrario y un aviso a lo que puede ocurrir el jueves en Nîmes si el viento sopla de nuevo y amenaza con romper el pelotón en mil pedazos. A 16 kilómetros de Valence, donde comenzó a diluviar tras llegar los ciclistas, se cortó el pelotón y cuál fue la sorpresa cuando entre los de delante no estaba Pogacar.

Fue un susto tremendo para el joven corredor esloveno, sobre todo porque para enlazar no tuvo a ningún compañero de equipo al lado y fue él personalmente el que tuvo que realizar la captura con la imagen del Ventoux, que este miércoles se sube dos veces, en el horizonte. 

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