La ronda francesa

El Tour 2021 entra en un caos de pánico y caídas

  • Primoz Roglic se fue al suelo y llegó a meta 1.21 minutos más tarde que Tim Merlier, vencedor de un accidentado esprint.

  • Tadej Pogacar, sin tomar excesivos riesgos, perdió 23 segundos, mientras que un atento Enric Mas solo entró a 14 segundos de los velocistas.

Caleb Ewan (de rojo y negro) y Peter Sagan se van al suelo en el esprint de la tercera etapa del Tour.

Caleb Ewan (de rojo y negro) y Peter Sagan se van al suelo en el esprint de la tercera etapa del Tour. / CHRISTOPHE PETIT TESSON (EFE)

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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El público se levantaba de la hierba y chillaba. Otros se giraban para no mirar hacia abajo, a la carretera, a la llegada, al asfalto donde estaban caídos Caleb Ewan y Peter Sagan, cuál de los dos más loco y más inconsciente. Llegaban a la meta bretona de Pontivy, un pequeña ciudad que nunca había acogido a tanta gente; los ciclistas todos cortados, muchos 'maillots' rotos, sangre y morados por todas partes. ¡Qué caos! ¡Qué locura! Y que peligroso es el Tour. Unos por poner un recorrido con tanto riesgo y otros por olvidarse que siguen llevando dos frenos en la bicicleta.

Pontivy esperaba seguramente un desenlace diferente de la tercera etapa. Más bien encontrarse con una fiesta a celebrar junto a los centenares de visitantes, con los caravanistas que nunca fallan, los cicloturistas y los curiosos. Amenazaba tormenta pero solo les llovió a los ciclistas durante los primeros kilómetros. Cuatro horas antes de que llegasen los corredores, mientras se daba la salida en Lorient, en la costa, ya había gente sentada y mirando el Tour por las pantallas gigantes.

Primer susto. Geraint Thomas se cae con Robert Gesink. El neerlandes, afincado en El Tarter, deja la prueba y el vencedor del Tour 2018 se disloca el hombro que los médicos de carrera le colocan bien entre muecas de dolor mientras permanece sentando en el suelo.

En estos instantes, la gente en la meta hacía cola frente a los chiringuitos móviles que vendían 'galettes' bretonas con salchichas y mostaza. Los empleados del Tour pedían tests negativos de covid o pasaportes de vacunación para dejar colocar a los espectadores junto a las vallas, allí donde se engancharon las bicis de Ewan (fractura de clavícula) y Sagan en la victoria de Tim Merlier, compañero de Mathieu van der Poel, líder del Tour y nieto de Raymond Poulidor, por si alguien todavía no lo sabía.

Y, en la ruta, continuaban las caídas: carreteras demasiado estrechas para rodar 180 corredores a más de 40 por hora. Una barbaridad, porque al mínimo contacto no había salvación para evitar la caída. A 10 kilómetros de meta llegó el accidente de Primoz Roglic. ¡Al prado! Magulladuras en medio cuerpo para uno de los grandes candidatos a la victoria. Lo suyo ya fue una persecución a meta junto a 'Superman' López y buena parte del séquito del Movistar. 1.21 minutos después de la disputa del accidentado esprint, el público volvía a poner en acción las cámaras de los móviles para tratar de fotografiar al ciclista esloveno. Con lo que cuesta ver una llegada en directo para perder tiempo con las fotos.

Un peligroso descenso

Todo lo ganado en las dos primeras etapas perdido en un percance; Roglic, de la cuarta a la 20ª plaza de la general. Otra caída, tras un descenso que ponía los pelos de punta -¿no se podrían evitar estas cosas?- cortó ya definitivamente el pelotón a 4 kilómetros de la meta. De nuevo, el público lanzó un grito de pánico. No gustan ver estas cosas por mucho que luego se repitan en vídeos y más vídeos. Y hasta causan indignación en el seno del pelotón. "Esto ya no es ciclismo. No podemos seguir así. Un día tendremos muertos", declara Marc Madiot, director del Groupama, enfadado porque se ha caído su líder para las llegadas, Arnaud Démare.

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Solo Richard Carapaz, ahora tercero, se salvó del caos y entró con los esprinters jugándose el pellejo. Enric Mas, muy atento, solo perdió 14 segundos, 12 menos que Tadej Pogacar, que prefirió no arriesgar, lo que no deja de ser una buena reflexión, porque más vale perder unos segundos que irse ya para casa. Y mejor colocarse un poco lejos de los que han olvidado que existe un verbo que se llama frenar.