EL TOURMALET

Venceréis y convenceréis

La nueva Generación del 98 ya se ha adueñado del ciclimo con solo 22 años

Joâo Almeida, durante la contrarreloj de la Volta, en Banyoles.

Joâo Almeida, durante la contrarreloj de la Volta, en Banyoles. / AFP / JOSEP LAGO

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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"Venceréis y convenceréis" porque ellos los escogidos de la nueva Generación del 98 no tienen que llorar ni pérdidas de colonias, ni ninguna otra crisis, más allá de las restricciones y el distanciamiento social que les afecta como a tantos otros jóvenes de 22 años. Ellos se han acostumbrado a ganar sin público en las metas y casi podrían decir aquello de "como decíamos ayer" vencimos sin espectadores en el Tour y ahora nos proponemos triunfar en la Volta sin afición en la meta, allí donde levantamos los brazos como héroes del día.

Ellos nacieron, quizás, en el año más maldito de la historia del ciclismo. Sus madres se pusieron de parto mientras los ciclistas del Tour se arrancaban el dorsal, se sentaban en la carretera negándose a pedalear, entraba la gendarmería en los hoteles para registrar habitaciones y abrir maletas. Había detenciones, interrogatorios en las comisarías, un drama, mientras Marco Pantani pedaleaba aliado a la sospecha para ganar la denominada ronda francesa del dopaje.

Al final del túnel

Ellos no han circulado en la oscuridad del túnel, entre las tinieblas de las sustancias prohibidas, entre gurús que convertían a jeringuillas y transfusiones en algo tan necesario como las bielas para mover los platos y hacer girar las ruedas de la bici. Un desastre que permanecía oculto, que era imposible denunciar porque la sospecha solo conducía a los tribunales. ¡Cuántas querellas puso Lance Armstrong para callar bocas!

No eran ni siquiera bebés, alguno empezaba a llorar exigiendo la leche materna, pero no más, ni imaginar que un día serían no solo profesionales de la bici, sin las estrellas, como Tadej Pogacar que ganaba el Tour a unos días de cumplir 22 años. O como Joâo Almeida, líder de la Volta, un chaval portugués que ya está dispuesto a batir todos los récords del mítico Joaquim Agostinho. Y Brandon McNulty, de su misma edad, tan buenos los dos que el martes empataron en la contrarreloj de Banyoles. Tan buena es la pareja que antes de que Vallter 2.000 dicte sentencia permanecen al frente de la general de la Volta igualados a tiempo.

La revolución de los pedales

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Tan buenos, tanto que el ciclismo escenifica un cambio brutal, revolucionario, lo nunca visto. A su edad todas las estrellas que ganaron el Tour hasta Egan Bernal, solo un año mayor, fueron ciclistas que a la edad de la Generación del 98 eran aprendices, becarios del pedal. Si con un poco de suerte los apuntaban a la carrera de julio era para que se formasen yendo al coche a buscar bidones para el jefe de filas y a sufrir en el llamado 'autobús' porque para triunfar en el Tourmalet o el Galibier primero había que subir rezagado para acostumbrarse al calor del verano, a padecer el infierno de la ronda francesa.

Pero llegan y ganan. Si a la histórica Generación del 98, a los Unamuno, Baroja, Azorín, Valle-Inclán les hubiera encantado el ciclismo habrían tenido argumentos para escribir de estos chavales y seguramente habrían cambiado alguna de sus frases históricas porque ellos, al contrario de los que quisieron imponer la razón con el estallido de las armas, para desanimar a Unamuno, vencen y convencen, en el Tour y en la Volta.