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Historias de la Covatilla

La cumbre salmantina sirve para recordar a ciclistas locales como Cubino, Heras y Blanco

El pelotón de la Vuelta.

El pelotón de la Vuelta. / ÓSCAR DEL POZO / AFP

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La cumbre de la Covatilla, helada como el mejor de los sorbetes, sirve para recordar a los ciclistas locales, corredores crecidos por los alrededores de la montaña y que tomaron la ciudad de Béjar como referencia para crecer como profesionales y hasta conseguir grandes victorias y hasta escribir algún capítulo que siempre sería mejor no recordar.

La Covatilla, para los más profanos, es una pequeña estación de esquí, situada sobre la ciudad de Béjar y que entró en la historia del ciclismo y de la Vuelta en el 2002. Este sábado se afronta la sexta ascensión a la montaña donde debe quedar sentenciada la ronda española del 2020. Por su carretera crecieron y se hicieron ciclistas Lale CubinoRoberto HerasSanti Blanco y también Moises Dueñas.

Curiosamente, la primera vez que se subió la victoria se la llevó Blanco en una edición que ganó el último día Aitor González, quien le quitó el triunfo en el último suspiro a Heras. Fue una Vuelta del 2002 la que terminó en el interior del estadio Santiago Bernabéu con una contrarreloj donde Aitor González se salió para lograr la mejor victoria de su carrera deportiva, que acabó como el rosario de la Aurora, siempre por culpa del dopaje, en los años negros de este deporte. Por si fuera poco, González arruinó su vida personal con diversas detenciones policiales y su relación con varios delitos.

Un Tour que nunca fue blanco

Sobre Santi Blanco hay una frase que José Miguel Echávarri pronunció en 1995 cuando presentó en sociedad a la que consideraba su nueva perla en el equipo Banesto que lideraba Miguel Induráin. Tanta calidad atesoraba el joven corredor de Puerto de Béjar que Echávarri pronunció aquello de que "el Tour del 2000 será Blanco". Y por una vez no acertó el director navarro, el que aconsejó a Induráin en sus cinco Tours, al igual que hizo antes en la victoria de Pedro Delgado, en París, en 1988. El Tour del 2000 fue más negro que blanco al convertirse en la segunda ruta del viaje a ninguna parte protagonizado por Lance Armstrong.

Blanco fue un corredor que nunca quiso entrar en el túnel tenebroso por donde circulaba el ciclismo en aquellos años y quizá por esta razón no consiguió incrementar su palmarés hasta su retirada en el 2004. Pero para los aficionados locales la victoria conseguida en el 2002 adquirió un gran mérito pues uno de los suyos había estrenado con éxito la primera ascensión a la Covatilla.

Las grandes gestas de Cubino

Lale Cubino fue contemporáneo de Delgado e Induráin y uno de los mejores escaladores que hubo a finales de los 80 y a principios de los 90 del siglo pasado. Consiguió memorables victorias tanto en el Tour, como en la Vuelta y el Giro y hasta ganó una edición de la Volta. Durante muchos años mantuvo abierto un hotel en la zona, uno de los primeros establecimientos que se dedicó al cicloturismo.

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Roberto Heras, desgraciadamente, también acabó con su nombre salpicado por el dopaje. Fue un escalador increíble y uno de los mejores ayudantes que tuvo Armstrong en el Tour, en los Tours tachados de la historia. Es el ciclista que más veces ha ganado la Vuelta con cuatro triunfos, aunque una de ellas, la última, la del 2005, la consiguió gracias a una sentencia del Tribunal Supremo por un defecto de forma después de ser descalificado por dopaje en un proceso que duró varios años.

¿Y Moisés Dueñas? Rotundamente el ciclismo se portó muy mal con él. Fue expulsado del Tour del 2008 tras dar positivo en plena competición, pero decidió colaborar con la Justicia. Vio reducida la sanción pero ningún equipo importante quiso contratarlo después. Renegó del dopaje y solo por ello mereció una segunda oportunidad que nunca consiguió.