21 sep 2020

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una etapa durísima

Fatigados, cansados y hasta derrotados

Roglic somete a todos sus rivales y hasta se permite enviar por delante a su gregario Kuss para calibrar las fuerzas de los contrincantes

Sergi López-Egea

Primoz Roglic, en la parte final de la subida al col de la Loze.

Primoz Roglic, en la parte final de la subida al col de la Loze. / DPA

La cumbre del Col de la Loze se encuentra a 2.300 metros de altitud y 500 por debajo del lugar donde se accidentó Michael Schumacher, aparte de piloto, un gran ciclista, que entrenaba en su época de deportista profesional con la mayoría de corredores que residían como él en Montecarlo. Ahora las costumbres han cambiado y la mayoría de ciclistas se han trasladado a Andorra. Primoz Roglic es de los que se han quedado en Mónaco, como su compatriota y rival Tadej Pogacar, como Peter Sagan y como Nairo Quintana, cuando está en Europa.

Los últimos cinco kilómetros del Col de la Loze son tan empinados que hasta algunos coches necesitarían profundizar en las marchas cortas para superar las rampas, unas cuestas que se convierten en un quemadero de embragues. Era el lugar donde Mikel Landa pretendía atacar, donde Enric Mas seguía creciendo y hasta se veía que era capaz de llegar a la cima con la flor y nata de origen esloveno que reina en este Tour. Hasta que David de la Cruz, catalán y residente como él en Andorra, puso una marcha más, por orden de Pogacar. Allí comenzaron a aflojar las fuerzas de los tres ciclistas españoles que configuran el 'top ten' del Tour, LandaMas y Alejandro Valverde, que siempre está ahí con 40 años en la mochila.

El ataque del gregario de Roglic

¿Y que pasó a menos de tres kilómetros de la cima? Fue una situación extraña porque, hasta esta etapa, los líderes del Tour que precedieron a Roglic siempre querían llegar lo más arriba posible con el gregario o gregarios que aguantaban el ritmo de cabeza. Recuérdese por ejemplo cómo Chris Froome prohibió atacar a Landa en el 2017 en el Izoard, lo dejó sin intentar buscar la gloria de la etapa, porque lo quería a su lado no fuera caso que surgiera un imprevisto de última hora, tan difícil como casi imposible.

"Mande atacar a Kuss para ver la reacción de mis rivales". No es que lo enviase por delante para recompensarlo con la etapa, sino más bien para ver cómo actuaba el personal tras el ataque del estadounidense. Y sirvió solo para que Superman se sintiese más grande, colosal en la bici, y sentimental tras bajarse del sillín, colocarse la mascarilla y atender a la prensa. Lloró y se emocionó al hablar de su hijo, el que ha dejado en Colombia y no ve desde que a principio de junio el Gobierno de su país puso un avión especial para que las estrellas deportivas pudieran viajar a Europa ante las fronteras cerradas por culpa de la pandemia que también azota a Sudamérica.

Atado y bien atado

Roglic lo tiene todo atado y bien atado, hasta ha conseguido que Tom Dumoulin, con la ficha más alta de su equipo, como la gran estrella neerlandesa que es y que corre en un equipo de su país, no se le caigan los anillos y esté siempre al lado del jersey amarillo, una prenda a la que aspiraba tanto o más que el propio corredor esloveno.

Pero tal como dijo Landa al concluir la etapa y tras reconocer que se había quedado sin fuerzas en el momento decisivo del día todos están fatigados y posiblemente hasta derrotados. "La última etapa alpina después de la fatiga acumulada puede ser caótica, veremos que pasa". Se podrá mover el árbol del Tour, caerá algún otro fruto maduro, pero las flores eslovenas sacarán las hojas amarillas en una ronda francesa que Roglic domina a la perfección.