23 oct 2020

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Protagonista especial

Carlos Verona o la historia de un gregario

El corredor del Movistar se ha convertido en una pieza esencial de su equipo, al margen de luchar por la victoria del día como ocurrió en la etapa del Peyresourde

Sergi López-Egea

Carlos Verona, en el centro, en plena escapada camino del Peyresourde.

Carlos Verona, en el centro, en plena escapada camino del Peyresourde. / REUTERS / Benoit Tessier

Hay cosas que salen de dentro, reacciones que se producen al instante. Como ver parar el tren en la estación de los sueños y no subirse al vagón. Es lo que ocurre cuando el corredor tiene delante la fuga, la escapada, que puede empezar simplemente por estar en ella, por si a alguno de los jefes les da por escaparse, y que puede terminar con la ocasión de pelear por la victoria. Y nada menos que en el Tour. Es lo que le ocurrió el sábado pasado a Carlos Verona, el ciclista de 27 años del Movistar, de San Lorenzo del Escorial, pero afincado desde hace muchos años primero en Catalunya y ahora en Andorra.

Desde bien joven destacó como uno de los valores del ciclismo. Pasó por el Quick Step, luego por el Mitchelton y ahora cumple la segunda temporada en el conjunto de Telefónica. También es su segundo Tour, "distinto, pero ya con la experiencia del año anterior", cuenta Verona, en la primera de las dos jornadas de descanso de la ronda francesa, en la costa atlántica del país, después de haber abandonado definitivamente los Pirineos.

La fuga del Peyresourde

Y allí fue donde saltó a la primera página del Tour. "Vi la fuga. Y no siempre tienes la ocasión de pillar la que será buena. Y hasta que inicié el Peyresourde me vi con opciones de pelear por la victoria". Ya había recibido la orden desde el coche del Movistar de que se desentendiera de esperar a los jefes, a Enric Mas o a Alejandro Valverde, y que se fuese para el triunfo. Llegó en tercera posición, pero el domingo fue el tercer hombre de la escuadra en cruzar la meta de Laruns, después de los dos jefes, y gracias a ello el Movistar puede liderar la clasificación por equipos, que si bien es una tabla menor adquiere una gratificante recompensa publicitaria y otorga al conjunto vencedor el derecho a subir al podio de París.

Por esto, este martes, los corredores del Movistar afrontarán la etapa entre las islas de Oléron y Ré con el casco amarillo, el que distingue al primer equipo del Tour. Y todo gracias a su escapada del sábado. "El año pasado llegué mal físicamente al Tour porque una semana antes me caí durante el Campeonato de España y si no estás bien es imposible mejorar en esta carrera".

El confinamiento en Andorra

Pasó como todos los ciclistas semanas confinado en casa. "En Andorra hasta fue más duro porque las autoridades del país alargaron la prohibición de entrenar y solo nos dejaron unas horas al día y solo por una carretera. Pero sirvió para estar con la familia". Tiene dos críos muy pequeños, Berta y Leo, y ahora hay otro en camino.

Por si fuera poco no es el único ilustre en la familia de los Verona, su hermana Marta ganó el año pasado la sexta edición del famoso concurso televisivo 'MasterChef'. Curiosamente, en la nueva entrega dedicada a a los personajes famosos participará quizás al que se podría considerar como el corredor más mediático en la historia del ciclismo español y que no es otro que Pedro Delgado, vencedor del Tour de 1988, cuando afortunadamente se corría en julio y no había la desgracia del coronavirus.

"Un Tour diferente"

"Es un Tour diferente al anterior porque debemos ir siempre con la mascarilla puesta en los sitios comunes de los hoteles donde pernoctamos. Además, por seguridad, los ciclistas dormimos en habitación individual, pero con tanto traslado que tenemos este año es el lugar donde menos estamos". 

Las historias de los corredores de oficio, los llamados gregarios, no son diferentes a las de sus jefes de fila, aunque el trabajo sea más sacrificado y muchas veces no se vea en la cámara, a no ser que te cueles en una escapada. "El año pasado subía y bajaba bidones. Es un trabajo que no siempre se ve", pero que agota igual. O más. Y eso lo saben Verona y todos los que ejercen el oficio de gregario.