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reto en el 2020

Tom Dumoulin, el hijo de todos los holandeses

Con su llegada al Jumbo, aspira a los 29 años a ganar el Tour cuatro décadas después de Zoetemelk

Sergi López-Egea

Tom Dumoulin posa durante un descanso en el Giro del 2017, que ganó.

Tom Dumoulin posa durante un descanso en el Giro del 2017, que ganó. / AFP / Luk BENIES

El 2019 se llevó a dos grandes mitos del ciclismo. Uno de ellos, el italiano Felice Gimondi, fallecido en agosto, cumplió el sueño de ganar no solo el Tour, sino también la Vuelta y el Giro. Raymond Poulidor, francés y muerto en noviembre, nunca llegó a París vestido de amarillo -ni siquiera se puso la prenda en un solo día de competición-. Sí que triunfo en la Vuelta pero se convirtió, con los máximos honores, en el eterno segundo corredor, el que siempre tenía a un rival, a una gran estrella por delante de él en el podio. Algo parecido a lo que le sucedió a Tom Dumoulin en el 2018, temporada en la que acabó segundo en el Giro, en el Tour y también en el mundial de contrarreloj.

Pero cuando subió al segundo peldaño de las rondas francesa e italiana ya lo hizo corriendo con las piernas de un país, llámese Holanda o Países Bajos, según guste más, el que lo ha elegido para suceder en el palmarés del Tour a Joop Zoetemelk, otro mito de este deporte, y que consiguió la victoria en la capital francesa por allá 1980. Solo otro holandés, Jan Janssen, se aupó con la victoria en París en 1968.

Un bloque potentísimo

Hace, por lo tanto, 40 años, que un holandés no gana el Tour. Por esto, esta temporada, y tras un 2019 plagado de calamidades, Dumoulin, 29 años, se centrará  en prepararse rigurosamente para el asalto a la prueba, olvidándose del Giro, carrera que ganó en el 2017, y recorriendo cada kilómetro previo con su bicicleta, ya sea entrenando o compitiendo, pensando exclusivamente en Francia.

Por esta razón, ha fichado por el gran equipo de su país. Si ciclísticamente este deporte pedalea en España al compás del Movistar, el Jumbo-Visma es la escuadra local en los Países Bajos, los herederos del Rabobank y que querían, como fuera, que la principal estrella local corriese en sus filas para constituir uno de los bloques más potentes del pelotón contemporáneo, con el esloveno Primoz Roglic, vencedor de la Vuelta 2019, y el también holandés Steven Kruijkwijk (tercero en el Tour 2019); una pareja que sabe que si Doumulin está en plena forma deberá entregarse en cuerpo y alma a su jefe de filas.

No fue el 2019 un buen año para Dumoulin. Todo se torció en los kilómetros finales de la cuarta etapa del Giro. Se vio envuelto en una caída masiva donde se dañó seriamente la rodilla izquierda y abandonó. Era el principal favorito para ganar una carrera que luego se adjudicó de forma sorpresiva el ecuatoriano Richard Carapaz. Lo que parecía simplemente una avería humana que con unos días de reposo sanaría, se complicó enseguida. Dumoulin tuvo que renunciar al Tour, que el año anterior había acabado en segundo lugar por detrás de Geraint Thomas y por delante de Chris Froome. Y, por si fuera poco, entre una rodilla que no funcionaba como deseaba y las discrepancias con la dirección de su anterior equipo, el Sunweb, tampoco se planteó disputar la Vuelta. Cerró, así, de forma precipitada, una temporada negra que ahora quiere blanquear con un triunfo en los Campos Elíseos que sería inolvidable para los holandeses.

El más parecido a Induráin

Sin olvidarse tampoco de la prueba contrarreloj de los Juegos de Tokio, Dumoulin pasa por ser la estrella del pelotón que más se asemeja a Miguel Induráin. Es solo un centímetro más bajo que el campeón navarro (1.85 metros), aunque mucho más delgado, 11 kilos menos que el pentacampeón del Tour cuando estaba en forma. Los 69 kilos de Dumoulin le permiten afrontar la montaña con más agilidad que Induráin, aunque como él es capaz de someter a buena parte de sus contrincantes, sobre todo a escaladores como Egan Bernal, último vencedor en París, a la tiranía de la contrarreloj; sin embargo, será una modalidad apenas presente en la próxima edición del Tour, con tan solo una etapa, aunque se asemeja más bien a una cronoescalada, en la Planche des Belles Filles.