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el final de la ronda española

Roglic triunfa en la Vuelta de las tres generaciones

El jersey rojo, de 29 años, comparte el podio de Madrid con Valverde (39) y Pogacar (20)

Sergi López-Egea

El podio de la Vuelta 2019, con Roglic, en el centro, Valverde y Pogacar, a la derecha.

El podio de la Vuelta 2019, con Roglic, en el centro, Valverde y Pogacar, a la derecha. / EFE / JAVIER LIZON

La Vuelta de Primoz Roglic (Eslovenia, 29 años) terminó en la plaza de La Cibeles de Madrid, respetando la lluvia a los ciclistas, como siempre suele ser tradición en la última etapa, la que ganó el holandés Fabio Jakobsen al esprint, segundo triunfo. Y acabó mostrando al mundo ciclista el podio de las tres generaciones; la actual, representada por el jersey rojo; la del futuro, en el cuerpo y en el alma de Tadej Pogacar (20 años) y la de la inmortalidad, la de Alejandro Valverde, con casi 40 años en el carnet de identidad pero con piernas de chaval.

En lo deportivo fue la ronda española sometida al control y la eficacia de Roglic, el que azotó la general en la contrarreloj de Pau y luego supo controlar, sobre todo a Valverde, en la montaña. Fue el Roglic, muchas veces sin equipo en los instantes trascendentales, que salió sin heridas, ni siquiera superficiales, en las encerronas que se le prepararon en la tercera semana, por el viento de Guadalajara y por la caída masiva camino de Toledo.

 

Fue la carrera en la que el ciclista esloveno demostró que vale y mucho para pelear por una clasificación general, después del tercer puesto del Giro de este año y la cuarta plaza en el Tour del 2018, en una temporada en la que salvo la ronda italiana ha ganado todas las carreras por etapas en las que ha participado.

Al lado de Valverde

Pero para la afición, para los miles de seguidores que se aventuraron a seguir la prueba desde las cunetas, en las salidas y las llegadas, la Vuelta 2019 ha sido la de Valverde, bautizado como el 'abuelo del pelotón', ya que el cariño del público siempre estuvo a su lado; segundo en Madrid, líder de un Movistar que este año ha ganado la clasificación por equipos en Giro, Tour y Vuelta, lo que no sucedía desde que lo logró el mítico Kas en 1974, y vencedor en la cima del Mas de la Costa. "Jamás soñé ni de lejos acabar la Vuelta segundo. Solo pensaba en ganar alguna etapa".

"Jamás soñé ni de lejos acabar la Vuelta segundo. Solo pensaba en ganar alguna etapa"

Alejandro Valverde

Campeón del mundo

Anoche, iluminado por la tarde que caía sobre Madrid, Valverde se subió por novena vez a un podio de una gran Vuelta: siete en España y una vez respectivamente en el Tour (2015) y el Giro (2016). Acabó segundo diez años después de ganar la Vuelta. Fue segundo por segunda vez. Otras dos veces fue tercero, una vez cuarto y en dos ocasiones quinto, con 17 etapas ganadas en carreras de tres semanas, 12 de ellas en la Vuelta. Y no acaban aquí los registros del campeón del mundo que este domingo ha vestido por última vez el jersey arcoíris. Ha corrido 21 grandes vueltas y 19 veces ha terminado en el 'top ten' de la carrera. Lleva 17 años siendo figura, lo que nadie ha logrado desde que el ciclismo se inventó.

Pero esta Vuelta también se recordará por la irrupción de un chaval de 20 años, esloveno como Roglic, que se llama Pogacar, que ha ganado tres etapas de montaña y que el año que viene, mucho más joven que Egan Bernal el pasado julio, afrontará el Tour con ánimo de pelear por la general. Y es aquí donde hay que recordar un hecho significativo. El año pasado fue Enric Mas quien asumió el papel de Pogacar. Solo tres años mayor que él, llegó segundo a Madrid, cautivó a la dirección del Movistar que lo ha fichado para el 2020, y puso las bases para lanzarse hacia una ronda francesa que lo azotó en los Pirineos.

Ausencias españolas

El ciclismo español en la Vuelta se ha mantenido en lo más alto como siempre por Valverde pero Marc Soler, noveno, se ha mostrado pese a su fallo en la segunda etapa, como un valor seguro de futuro, en una edición en la que no participaron ni Mas ni tampoco Mikel Landa, quien sigue siendo un activo seguro para carreras de tres semanas. Por ello, solo ha podido brillar Valverde, con un Óscar Rodríguez tapado y con la presentación de Álex Aramburu, fichado por el Astana, y con dotes a lo Sagan para ser figura en breve. 

Todas las clasificaciones finales en la página oficial de la Vuelta.

Mucha clase, menos carisma

Comenzó tarde en el ciclismo, como Tony Rominger, ganador de tres Vueltas entre los años 1992 y 1994. Y tal como hizo el ciclista suizo, bromista y amable en la intimidad, Primoz Roglic se ha mostrado seco, distante, frío como la nieve que lo vio crecer como saltador de esquí, y hasta, en ocasiones, maleducado. Solo al final, un poco nada más, se abrió al saludo del público, el mismo que lo recibió con un sonoro aplauso cuando acudió el sábado al control de firmas de Arenas de San Pedro, donde arrancó la penúltima etapa de la carrera.

"Yo he ido sonriendo en secreto", defendió el sábado en lo que iba a ser una multitudinaria conferencia de prensa, como ganador prácticamente en firme de la carrera, algo habitual en todas las pruebas, incluido el Tour. Respondió así a una de las únicas tres preguntas que concedió antes de levantarse y despedirse -de hecho no dijo ni adiós-. Le pidieron por qué se mostraba tan distante y antipático. Puede que fuera también por timidez o por expresarse en inglés, una lengua diferente al esloveno nativo. Pero Roglic, en esta Vuelta, no ha sido ni de largo la alegría de la huerta. Firme sobre la bici, con una clase que ya transmite solo viéndolo pedalear, enorme contrarrelojista y hábil escalador, ha evitado el contacto con la masa del público, algo siempre impensable en un deporte como el ciclismo que vive como pocos del calor de la gente.

Apenas salía del autobús del Jumbo, un equipo que por fin ha sabido cerrar una carrera tras las desgracias del pasado a última hora, y cuando lo hacía se dirigía al podio de salida escoltado por la Policía Nacional. Roglic en esta Vuelta que ha sabido manejar deportivamente a la perfección y muchas veces sin gregarios, ha exhibido también una falta de carisma, que sí tuvieron los vencedores de la Vuelta desde que se creó el jersey rojo, incluidos los mediáticos Froome y Contador. De hecho, Roglic no sonrió hasta Madrid.