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la ronda francesa

Un Quintana rebelde gana la gran etapa del Galibier

El ciclista colombiano asume el papel de líder del Movistar y gana la primera etapa en los Alpes donde se preparaba el ataque de Landa

Sergi López-Egea

Nairo Quintana (Movistar) celebra la victoria en los Alpes

Nairo Quintana (Movistar) celebra la victoria en los Alpes / reuters (CHRISTIAN HARTMANN)

Los rebeldes difícilmente ganan las guerras, llámese el Tour, pero sí las batallas, como la del Galibier. Nairo Quintana, cuestionado por todos lados, también por su equipo, el Movistar, que ya hace tiempo que le ha mostrado la puerta de salida, quiso demostrar a los compañeros, a los rivales colombianos y al mundo entero, que sigue teniendo la chispa suficiente para conseguir una gran victoria en una etapa titánica que abrió el guion alpino de la ronda francesa 2019. Ganó en solitario, en el mismo sitio donde lo había hecho Eddy Merckx 47 años antes, y obsequió al conjunto de Telefónica con un triunfo de prestigio. Pero ese no era el plan.

Quintana quiso demostrar este jueves que era un hombre libre, el mismo que el lunes había recibido las críticas de Alejandro Valverde, el campeón del mundo, y el mismo que se resistía a entregar los galones de jefe de filas a Mikel Landa, al que ahora ya supera en la general y con un minuto de ventaja. "Este no era el plan", aseguró Landa tras cruzar la meta de Valloire, con la amenaza de la lluvia que llegará a partir de ahora. Quintana se coló en una fuga de calidad porque el plan del Movistar era tenerlo allí, de puente, como ocurrió el domingo pasado en ruta hacia Foix. ¿Por qué, si no, el equipo tiraba a todo gas en el Izoard con Quintana fugado? ¿Por qué, si no, Landa, preguntó a Marc Soler, en el mismo monte, la razón por la que frenaban cuando algunos, como Julian Alaphilippe, ya empezaban a sufrir?

Ganó Nairo y nada que añadir, señoría, se podría escribir. Sería lo más fácil. Y tampoco sería justo criticar por ganar a uno de los grandes escaladores de la última década, tres veces podio del Tour y vencedor de la Vuelta y el Giro, el abanderado de una gran escuela colombiana cuyo testigo ya ha cogido Egan Bernal. Pero tampoco sería correcto esconder, tapar y no advertir que su victoria no era el plan inicial del Movistar en una etapa que estrenó los Alpes con el Izoard y el Galibier como grandes barreras.

El dedo en la herida

Los periodistas colombianos llevan días poniendo el dedo en la herida del Movistar. Valverde y Landa debieron sonreír en Nîmes y convertirse en actores para demostrar que el equipo era una fiesta y que todos eran colegas, que simpatizaban y bromeaban entre ellos. La cara de Landa, en cambio, en la meta de Valloire, no era la de un corredor feliz por el triunfo de uno de los suyos y muy alejada de los gestos que intercambiaban con Alaphilippe los compañeros del Deceuninck tras volver a salvar otro día el jersey amarillo, ante la ofensiva del Ineos. 

"¿La táctica? Pregúntenla a mi director", añadía Quintana, quien lanzó un ataque propio de sus grandes días de gloria para dejar clavado en el Galibier al podio que acompañó a Valverde en el Mundial de Innsbruck, Romain Bardet, entonces plata y ahora nuevo líder de la montaña del Tour, y al bronce y corredor canadiense Michael Woods. En un par de kilómetros, Nairo ya tenía a sus rivales a más de un minuto de ventaja para anunciar tras coronar el Galibier y con 19 kilómetros de bajada que iba a ganar la primera de las tres etapas de los Alpes.

Y porque hubo un momento en el Izoard en el que el Movistar pasó del plan A -volverlo a poner todos patas arriba a la espera del ataque de Landa y su enlace con un Nairo fugado- al B, levantar el pie, dejar que el Ineos asumiese el control del grupo de favoritos, sembrar unos minutos de duda y conseguir con ello que Quintana ganase minutos a la espera de su ofensiva definitiva en el Galibier.

La realidad

El conjunto español difícilmente ganará el Tour y también tiene muy complicado conseguir un podio por el que ahora pelean Quintana y Landa. Parece más fácil que tres de sus hombres, incluyendo Valverde, acaben entre los diez primeros y, seguramente, salvo sorpresa mayúscula, triunfen también en la clasificación por equipos. Este jueves se renunció a una ofensiva en la general por un triunfo de etapa. Bienaventurada sea la victoria en el Galibier cuando se vino a Francia a por el Tour.

Todas las clasificaciones en la página oficial del Tour.

Egan Bernal muestra sus credenciales

Egan Bernal no quiso ser un extraño para un día grande, enorme, de Colombia en los Alpes. Porque si Quintana logró una victoria de etapa él mostró las credenciales para ganar el Tour, para birlárselo a Alaphilippe, y también a Pinot, o lo que es lo mismo, arrancarle el alma a todos los aficionados franceses que por una vez están viendo tan y tan cerca el triunfo en los Campos Elíseos. Si la ofensiva de Nairo en el Galibier fue para ganar la etapa, la de Bernal, en cambio, tenía un objetivo más lejano, la ciudad de la luz, de la Torre Eiffel, del Arco del Triunfo y donde solo uno puede pasear un domingo de julio el jersey amarillo.

Como en todas partes cueces habas nunca se sabrá qué narices hacia Geraint Thomas atacando en el último kilómetro del Galibier cuando su joven compañero de solo 22 años, ya había sacado el hacha, ya había demarrado con furia poco antes para irse en solitario a recortar tiempo a un jersey amarillo que ya empezaba a sufrir. Nadie pudo seguirlo. Bueno, lo intento Valverde, pero 17 años de diferencia entre un joven y un veterano son muchos a más de 2.000 metros de altitud.

"Yo no sé si ganaré el Tour. Pero cada segundo que gano es bueno para este objetivo. Todo puede pasar. Pero no soy el único que pretende ganar en París. También quiere hacerlo Julian". Y Julian no es otro que Alaphilippe quien, desgraciadamente para él, ya ha dejado claro a todos sus contrincantes que falla subiendo. Lo hizo el domingo pasado en los Pirineos y lo repitió en el Galibier. Solo su coraje y el jugarse el pellejo en el largo descenso hacia la meta le permitió salvar el jersey amarillo.

Si Bernal comprobó que también tiene un enemigo en casa, nada menos que el último vencedor en París, un Thomas que se resiste a entregarse en favor de su brillante y joven compañero. Si Bernal, pese a la madurez que demuestra corriendo y hablando, sabe que no levantará la voz en el equipo contra Thomas porque no le conviene.

También pudo comprobar una doble evidencia. De un lado, y en lo que depende a la jefatura en el Ineos, él está más fuerte que el corredor galés. Y, por otro, que a 2.000 metros de altitud, él es quien mejor se adapta.

Sabe que le quedan dos llegadas en alto, en Tignes y en Val Thorens, donde se presagia un tiempo pésimo que elimina las previsiones de calor que habia hace unos días. Y también sabe que Alaphilippe falla subiendo y que en los dos días de montaña que faltan, el corredor francés no tendrá el auxilio de un descenso para recuperar lo perdido en el ascenso. 
Bernal se proclamó en el Galibier como algo más que un aspirante.El mismo que atacó porque se lo dijo Thomas, extrañamente antes de que el galés realizase su particular ofensiva.