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la ronda catalana

Schachmann, un hombre solo al mando de la Volta

El ciclista alemán resiste la presión del pelotón y Bernal llega a meta a lomos de la bici de Froome

Sergi López-Egea

Bernal llega a la zona de meta de la Volta, a lomos de la bici de Froome.

Bernal llega a la zona de meta de la Volta, a lomos de la bici de Froome. / VOLTA A CATALUNYA

Cuentan los ciclistas que lo peor que hay cuando ruedan en solitario, cuando se encuentran a poco de la meta, es el ruido tremendo que hace detrás suyo el pelotón, en este caso el de la Volta. Casi 150 corredores rodando juntos, a 50 kilómetros por hora, por lo menos, a la caza y captura, como si fuera la cebra que trata de huír de los colmillos de los leones, del pobre corredor que camina solo, más solo que la una, y que en un 99 por ciento de las ocasiones muere en el intento. No hay nada peor que te pillen a 50 metros de la llegada cuando te has hecho tú solito prácticamente toda la etapa sin nada o poca ayuda.

Muy pocos son los que lo logran. Se recuerda una vez en la Vuelta como Fabian Cancellara, enrabietado con Tony Martin, quizá porque en ocasiones era mejor que él bajo la disciplina del cronómetro, tiró como un poseso del pelotón de la ronda española y se comió al alemán en la mismísima línea de llegada. Es un mazazo terrible, casi para que el damnificado entre en depresión.

Siempre se dice que meterse una fuga, en cualquier carrera importante, cuando el guion anuncia llegada masiva, es como un suicidio. Los aventureros saben que no llegarán a la meta, al menos por delante del resto de compañeros, los que se van relevando, los que van a rueda y aprovechan el día, por ejemplo de Puigcerdà a Sant Cugat, para recuperar energías tras los esfuerzos titánicos de la montaña, como fue el caso de Miguel Ángel 'Superman' López, líder de la ronda catalana, y de Egan Bernal, quien rompió la bici en la fase final de la prueba y cruzó la línea de llegada a pie, tras ser repescado por Chris Froome, que lo llevó en su bici, como si fueran padre e hijo. Bernal estuvo protegido por la paz de los últimos tres kilómetros, que permite la amnistía del ciclista rezagado si ha sufrido una caída o una avería.

Sin embargo, a Maximilian Schachmann, ganador de la quinta etapa de la Volta y protagonista de esta historia, poco le importaba lo que sucediera por detrás con tal de que no lo pillaran antes de tiempo; es decir, antes de que su bici cruzase frente al portal del número 42 de la avenida de Gràcia de Sant Cugat, donde se había instalado la meta.

Schachmann, de nombre difícil de pronunciar para todos aquellos que no sean germánicos, es un prometedor corredor fichado este año por el conjunto Bora, el que lidera Peter Sagan, ausente de la ronda catalana. Se dio a conocer internacionalmente hace justo año, aquí en la Volta, cuando ganó la penúltima etapa de la prueba. Fue como un anticipo a su mayor gesta deportiva hasta ahora, con 25 años. Ganó en el Giro de Italia, en los Alpes, el día antes de la increíble exhibición de Chris Froome, cuando noqueó a Simon Yates, cuando sacó de rueda a Tom Dumoulin, cuando protagonizó una escapada para los libros de historia.

En Sant Cugat, Schachmann demostró que no es lo de los que se acobarda cuando escucha el ruido de un pelotón convertido en verdugo. Él es un ciclista de la clase media, de los que no son muy buenos, pero ni muchísimamente malos, más bien todo lo contrario. Bajó la cabeza, no perdió la concentración, no se puso nervioso y hasta tuvo tiempo unos instantes para vivir su minuto, o mejor dicho, 13 segundos gloria, lo que tardó el pelotón en cruzar la línea de llegada tras sus pasos bajo el ritmo de Michael Matthews, el ganador de Sant Feliu, y que era el principal favorito para un triunfo que se le escapó por culpa de la furia de Schachmann.

Todas las clasificaciones en la página oficial de la Volta.