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la ronda catalana

Adam Yates sorprende a todos en Vallter 2000

Los ciclistas colombianos destrozan la Volta, De Gendt aguanta de líder y Valverde sucumbe ante la ofensiva

Sergi López-Egea

Adam Yates levanta el brazo en Vallter 2000.

Adam Yates levanta el brazo en Vallter 2000. / EFE / TONI ALBIR

Ni ellos saben de qué hermano se trata. Resoplan igual, tienen el mismo tono de voz cuando dan una orden o emiten un quejido. Ellos, los ciclistas, deben bajar la vista y mirar el número del dorsal. Si acaba en uno, el uno siempre lo llevan los líderes, es Simon Yates porque ganó la Vuelta el año pasado. Entonces ya saben qué gemelo los acompaña. Y si termina en tres, entonces, es Adam Yates, el que aguanta el ciclón colombiano en Vallter 2000, en la primera de las dos llegadas en alto de la Volta, en el día en que el furor sudamericano hizo sucumbir a Alejandro Valverde, que los temía la noche anterior, como así fue.

La Volta parece quedar ahora en un duelo entre la generación Colombia (léase Egan BernalNairo Quintana y Miguel Ángel López) y los europeos insulares; un inglés clavadito e igual de bueno que su hermano gemelo y un irlandés, Dan Martin, que rehúye del Brexit y que siempe ha tratado de seguir los pasos de su tío, el enorme Stephen Roche.

También se podría decir que la Volta queda como un duelo entre residentes andorranos (YatesBernalMartin y López) y monegascos (Quintana) con un Thomas de Gendt que supo administrar a la perfección la renta conseguida el primer día, en Calella, para resistir con el jersey de líder, por lo menos hasta que este jueves se cruce en su camino la ascensión a La Creueta, antes de La Molina; sin ningún tipo de duda el puerto más complicado de esta ronda catalana.

Comienza la ofensiva

De lo que vaya a suceder de aquí a Barcelona tendrá mucho que ver otro colombiano, Iván Sosa, otro que entrena con Bernal por las cumbres andorranas. Él fue el culpable de sacar de punto a Valverde a mitad de ascensión a Vallter 2000. Pero no solo al campeón del mundo, sino al subcampeón (Romain Bardet), al segundo ídolo de la afición francesa (Thibaut Pinot), a Enric Mas, que todavía precisa kilómetros para encontrar la mejor forma, y a tantos y tantos otros.

En un momento determinado, como si de una revolución se tratara, como queriendo demostrar quién era el más fuerte de Colombia, Bernal saltó de la trinchera y buscó una posición en el frente. Quintana, más pillo, más veterano, el líder del pelotón a la hora de colocarse a rueda y no desgastar una chispa de más, el que más munición ahorra, se pegó como una lapa a la rueda trasera de su compatriota.

Una cicatriz en la cara

Bernal, más juvenil, más inexperto, aunque tenga en sus piernas la fuerza del mejor de los todoterrenos, le pedía un relevo. Quintana como si estuviera sordo, ni caso, y en eso nadie le gana. Y cuando Bernal, tras hablar con el coche del Sky, con Nicolas Portal, el mismo que dirige a Chris Froome, desaparecido en Vallter 2.000 a más de 25 minutos, trató de sosegar el ritmo, apareció un Yates. Podía ser Simon. Podía ser Adam. Son como dos gotas de agua británica, como una ginebra prémium inglesa. Y Adam, como hacía su hermano en la Vuelta que ganó o en el Giro que desfalleció, no se arrugó ante Colombia y empezó a arrear a diestro y siniestro, hasta que llegó a la meta, hasta que preparó el esprint sabedor que solo Martin, posiblemente más rápido que él, podía batirlo. Eran dos chicos de las islas que viven en La Massana, que entrenan por Andorra y que conocían de sobras la subida a Vallter 2.000.

"He llegado a la Volta en una gran forma. Sabía que podía ganar esta etapa. Estaba enrabietado al perder la Tirreno-Adriático por un segundo y solo temía a los colombianos. Suerte que Quintana no entró a relevos con Bernal". Adam Yates, el triunfador del día, hace un año en la misma etapa, se estampó en una rotonda llegando a Camprodon con tan mala suerte que se rompió la pelvis. El accidente le fastidió la temporada. Solo pudo regresar a la Vuelta para ayudar a su hermano en la victoria. Ahora, sin heridas, ya está a su altura. Solo una cicatriz en la cara, por culpa de la pancarta del último kilómetro que le cayó encima en el Tour del 2006, lo distingue de su hermano. Una mal recuerdo de la ronda francesa que llevará toda la vida.

Todas las clasificaciones en la página oficial de la Volta.