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Emprendedores

Lorea e Imanol dejaron Barcelona para vivir de su propio cultivo de flores en un pequeño pueblo de Girona: "Nuestra huella de carbono es el tractor pequeño, es el único instrumento motorizado que usamos"

Lorea Palacios e Imanol Salvador, propietarios de 'Flora et labora', cuentan cómo abandonaron su ciudad para dedicarse a la floricultura sostenible

Plantas desde 0,99 euros: el gran mercadillo que llega a Barcelona este agosto

Los propietarios de Flora et Labora en la zona de talleres

Los propietarios de Flora et Labora en la zona de talleres / Instagram/Flora et Labora Studio

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Goundo Sakho

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La pandemia del coronavirus provocó el cierre de una gran cantidad de negocios y puso contra las cuerdas a numerosos sectores en todo el mundo. No obstante, en medio de aquella crisis, algunas personas encontraron la oportunidad de redescubrirse y cambiar por completo su vida.

Imanol Salvador trabajaba en el ámbito del medio ambiente y su pareja, Lorea Palacios, se dedicaba al diseño textil. Ambos vivían en Barcelona, pero, tras saltar las alarmas, decidieron mudarse a Beget, un pequeño pueblo de Girona (Catalunya) -de apenas una veintena de vecinos-, y fundar su propia floristería: 'Flora et labora'.

Un sueño hecho realidad

Aunque la pareja siempre había soñado con poder hacer su vida allí y aprovechaba cualquier ocasión para escaparse, la oportunidad de convertir ese deseo en una realidad llegó cuando a Salvador se le presentó la posibilidad de trabajar a distancia desde el Ripollès. Fue entonces cuando empezó también a ocuparse de la iglesia del pueblo, vinculada a la orden benedictina, cuyo lema, 'ora et labora' (reza y trabaja), acabaría dando nombre a su proyecto.

Poco después, ambos decidieron trasladarse a la masía de Can Batlle, una antigua casa rural donde encontraron el espacio perfecto para poner en marcha el negocio: "Fue todo muy natural, porque Lorea ya tenía una vertiente más creativa y artística, y yo tenía un interés por el mundo vegetal. Iba a buscar orquídeas por el Ripollès y la Garrotxa", explica Salvador en una entrevista con la Agència Catalana de Notícies (ACN).

Orgánico, artesanal y de temporada

'Flora et labora' es un estudio floral "orgánico, artesanal y estrictamente de temporada". La pareja reconoce que una de sus intenciones es cambiar la mentalidad de los consumidores y conseguir que apuesten por flores de temporada y cultivadas en Catalunya: "Llegó un momento en que vi que, a lo mejor, era extraño comer sandía en enero", dice Salvador. Lo mismo ocurre, según él, en el mundo de las flores: "Entender que querer un tulipán en agosto, cuando se cultiva en primavera, es una cosa rara".

Lorea Palacios, propietaria del estudio floral 'Flora et labora'.

Lorea Palacios, propietaria del estudio floral 'Flora et labora'. / Instagram/Flora et Labora Studio

A través de su web, ofrecen distintos productos: cerámica, plantas, semillas y diseños, que sus clientes piden expresamente "que no parezcan de plástico ni que sean muy pomposos"; algo que tiene sus contras, pues al no utilizar fertilizantes especiales ni sistemas de refrigeración industrial, duran menos. "A lo mejor tienes que decidir si quieres cuatro días de una belleza más especial o una flor que viene refrigerada de Colombia, con el coste ético y estético que eso supone", plantea Salvador.

A pesar de todo, trabajar de esta manera les ha permitido reducir considerablemente su impacto medioambiental: "Nuestra huella de carbono es el tractor pequeño, es el único instrumento motorizado que usamos, aparte del transporte de encargos". Además, solo cosechan las plantas que necesitan y dejan el resto en el campo para alterar lo menos posible el paisaje.

Bodas y talleres de diseño

Aunque las flores y las plantas son el pilar del negocio, hay otra actividad que también se ha convertido en una parte importante del proyecto: las bodas y los talleres de diseño floral y técnicas sostenibles. En ellos enseñan a trabajar sin materiales procedentes del petróleo, como la espuma verde: "Es muy fácil trabajar con este material, pero hay otras formas más sostenibles, como la malla de gallinero", expone Palacios.

El perfil de quienes participan en los talleres es muy variado. Algunos son amantes de las flores; otros, emprendedores que quieren aprender nuevas técnicas; y también hay personas que, como ellos mismos hicieron al principio, simplemente buscan desconectar en la naturaleza: "Hay personas que quieren desconectar un fin de semana rodeadas de un paisaje tan privilegiado como el de la Alta Garrotxa", afirma la diseñadora.

Después de estos años, la pareja parece haber encontrado lo que buscaba cuando decidió dejar Barcelona atrás: "Estamos superbién porque estamos en el sitio donde queremos vivir y sentimos que cada vez nos interesa más el proyecto", confiesa Salvador. Las redes sociales les han permitido dar a conocer su trabajo mucho más allá del pueblo y atraer a clientes, tanto es así que el año pasado participaron en una boda que se celebró en Roma y se publicó en las revistas 'ELLE' y 'Novias'.