4.805 metros
Una solsonense de 10 años, Júlia Nadal, corona el Mont Blanc y apunta tan alto como Kilian Jornet
La joven, que ya acumula una quincena de tresmiles y varios cuatromiles, ha completado la ascensión al techo de los Alpes por la vía italiana después de una preparación específica con su padre Albert Nadal, director de la estación de esquí de Tuixent
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Júlia y su padre Albert en la cima del Mont Blanc / ARCHIVO PARTICULAR
Podría estar jugando con el teléfono en el sofá. Podría estar cambiando de canal de televisión. O podría estar sentada en un banco de la calle. Nada de eso. Con tan solo diez años de edad, Júlia Nadal Fernández, alumna de la escuela de Llobera y vecina de Solsona, ha conseguido coronar el Mont Blanc (4.805 metros), la montaña más alta de los Alpes. La ascensión, realizada por la vía italiana, conocida como la Ruta del Papa, la convierte en una de las alpinistas más jóvenes que han logrado este reto en la historia de la montaña y confirma una trayectoria que ya la sitúa como una de las grandes promesas del alpinismo catalán.
La pasión de Júlia por la montaña viene desde muy pequeña. Su padre, Albert Nadal, alpinista y director de la estación de esquí nórdico de Tuixent-La Vansa, hijo del Hostal Nou y alpinista experimentado, explica que desde los tres años su hija ya mostraba interés por acompañarlo a la montaña. "Vimos que disfrutaba caminando, que no se cansaba y que siempre quería continuar", explica. Desde entonces, la familia ha ido incrementando progresivamente la dificultad de las salidas. Después de las primeras cumbres del Pirineo, Júlia ya ha completado catorce cumbres de 3.000 metros de altitud de Catalunya y Aragón, entre ellas el Aneto, la Maladeta, el Monte Perdido o la Pica d’Estats.

Júlia Nadal y su padre durante la ascensión / ARCHIVO PARTICULAR
Con solo ocho años, hizo el Gran Paradiso, de 4.061 metros, en los Alpes italianos. Aquella experiencia despertó un nuevo objetivo. "Me dijo que, si yo había subido al Mont Blanc, ella también quería intentarlo", recuerda su padre.
Durante dos meses, la preparación se ha centrado en ascensiones a cumbres de más de 3.000 metros del Pirineo, con prácticas sobre nieve, hielo y glaciar, así como entrenamientos con crampones y piolet. Una vez en los Alpes, la familia completó primero otro 4.000 para favorecer la aclimatación antes de afrontar el gran reto.
Dieciséis horas de marcha
La ascensión al Mont Blanc se inició desde la vertiente italiana. El primer día superaron cerca de 1.300 metros de desnivel hasta el refugio Gonella, situado a unos 3.000 metros de altitud. Después de unas horas de descanso, retomaron la marcha pasada la medianoche para iniciar el ataque a la cumbre. La jornada decisiva fue de dieciséis horas entre el ascenso hasta los 4.805 metros y el descenso por la vertiente francesa. Todo el recorrido transcurre por glaciares y terreno nevado, una exigencia física y técnica considerable que Júlia afrontó. Tampoco el mal de altura hizo acto de presencia en el joven cuerpo.

Un momento de la ascensión al Mont Blanc / ARCHIVO PARTICULAR
La clave fue tener una preparación muy cuidadosa, según el relato del padre. "Llevábamos dos meses haciendo 3.000 en el Pirineo y un 4.000 en los Alpes antes del Mont Blanc. Llegamos muy bien aclimatados y nadie tuvo ningún problema con el mal de altura".
La ascensión se realizó sin guía profesional, aprovechando la experiencia acumulada por los dos adultos que integraban la expedición. Júlia caminaba encordada entre su padre y el otro expedicionario, primo de Albert, participando también en las maniobras básicas de seguridad propias de una ruta alpina.
"Me genera dudas como padre, pero es lo que ella quiere"
Albert Nadal admite que asumir un reto de estas características con una niña de diez años genera dudas. Por eso insiste en que se trata de un caso muy particular. "No es una actividad que se pueda generalizar. Ella hace montaña desde muy pequeña, conoce perfectamente la nieve porque practica esquí desde los tres años y nunca la forzamos. Si las condiciones meteorológicas no son buenas o no la vemos preparada, simplemente no vamos".
Más allá de la vertiente deportiva, el padre destaca el valor educativo del alpinismo. Considera que estas expediciones transmiten cultura del esfuerzo, capacidad de superación, trabajo en equipo y respeto por la naturaleza. También asegura que Júlia disfruta especialmente de todo el proceso de aprendizaje que implica una expedición, desde la progresión sobre hielo hasta la gestión emocional en momentos de cansancio.
La joven alpinista no se mueve por un claro espíritu competitivo, sino por una gran motivación para continuar aprendiendo. "Siempre está pensando cuál será el próximo reto", explica su padre. De hecho, el corredor de montaña Kilian Jornet ya la felicitó después de una de sus primeras grandes ascensiones, un gesto que la familia recuerda con especial ilusión. El deportista de élite de la Cerdanya le envió una cantimplora firmada que es ahora uno de los tesoros de Júlia.
A pesar de los éxitos deportivos, Albert Nadal señala una dificultad poco visible: encontrar material técnico de alpinismo adaptado a la talla de una niña de diez años. Asegura que las botas especializadas, la ropa de alta montaña o el material específico prácticamente no existen para niños con este nivel de actividad, lo que obliga a menudo a buscar soluciones específicas para ella.
Con el Mont Blanc ya en su currículum, Júlia Nadal Fernández continúa acumulando experiencia en la montaña sin prisas, pero con una progresión que la sitúa entre las jóvenes promesas más destacadas del alpinismo catalán. Su padre no le ve techo y prevé que, quizá, Júlia será el relevo natural de Jornet. Una nueva referente.
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Fuente: Regió7
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