Variedad lingüística
Estos son cinco de los gentilicios más extraños y curiosos de Catalunya: origen y significado
Las denominaciones son el resultado de siglos de historia
El pueblo catalán con encanto que da nombre a una estación de metro de Barcelona
El imponente castillo que defendía Catalunya de Francia: se puede visitar

Una calle de Torredembarra (Tarragonès). / JOAN PUIG / Delegaciones

Catalunya es una comunidad autónoma rica en gastronomía, paisajes y variedad lingüística
Su cocina combina tradición y producto de proximidad, con recetas que varían según el territorio y que reflejan la diversidad cultural del país.
A ello se suman paisajes muy contrastados, que van desde la costa mediterránea hasta los Pirineos, pasando por llanuras agrícolas y parques naturales que forman parte de su identidad.
Esta diversidad geográfica y cultural ha ido acompañada históricamente de una gran riqueza lingüística.
Riqueza lingüística
El catalán, con sus variantes dialectales, convive con el castellano, el occitano y otras lenguas que son fruto de siglos de intercambios, migraciones y tradiciones locales.
La riqueza lingüística de Catalunya se refleja también en el nombre de sus pueblos y, por consecuencia, en sus gentilicios.
Muchos de ellos tienen orígenes medievales, árabes o incluso prerromanos, y presentan formas singulares que identifican a sus habitantes.
Pronunciación complicada
Uno de los gentilicios más difíciles de pronunciar para los que están menos familiarizados con la lengua catalana es ‘urgellenc, urgellenca’, en castellano urgelense, que se refiere a los habitantes del municipio leridano de La Seu d’Urgell.
Para rizar más el rizo, a los ciudadanos de la comarca de l’Alt Urgell, donde se ubica la localidad mencionada, también se les denomina ‘alt-urgellenc/a’ lo que complica más la pronunciación.
Siguiendo con Lleida, en Tàrrega, capital de la comarca de l’Urgell, su gentilicio es targarí/ina o targarino (castellano), y su origen toponímico es probablemente árabe.
Denominación popular
Los inicios de Tàrrega corresponden a la época del dominio musulmán, por lo que puede derivar del árabe ‘at-tariga’, que significa lugar de cruce.
En Tarragona, el nombre de Torredembarra (Tarragonès), deriva de la Torre d'en Barra, una torre de defensa feudal que existió en la zona, motivo por el cual a sus habitantes en catalán se les llama ‘torrencs o torrenques’.
Uno de los orígenes más curiosos es el gentilicio de Reus (Baix Camp, Tarragona) que, además de usar el nombre de reusenc, popularmente se les conoce como ‘ganxets’.
Origen incierto
El origen de esta denominación no está del todo claro: según los textos recogidos en el diccionario de la paremiología catalana, se dice que, cuando inauguraron el campanario gótico de Reus, colgaron de un gancho a un asno para que admirara la magnitud de la obra; de ahí que se empezara a popularizar el término.
Otro de los gentilicios más sorprendentes es el de Terrassa, además de ‘terrassenc’, se puede optar por 'egarenc' o egarense en castellano.
‘Egarense’, aceptado por la Rae, proviene de la antigua Egara, el municipio de la Hispania romana que corresponde a la ciudad actual de Terrassa.
Las capitales de provincia
De hecho, el legado romano perdura en toda Catalunya: las cuatro capitales de provincia aún conservan una denominación de origen latino que también da nombre a sus ciudadanos.
En Barcelona existe el gentilicio de barcinonenses, que deriva de Barcino, la anterior ciudad romana, y a los de Lleida, antes llamada Ilerda, se les puede denominar ilerdenses.
Por su parte, en Tarraco, la antigua Tarragona, a sus habitantes se les sigue llamando tarraconenses y a los de Girona -o Gerunda para los antiguos romanos- gerundenses.
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