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Así es el pueblo catalán que vio nacer a los yogures Pastoret: famoso también por sus capillas y su bodega, declarada Bien cultural de interés nacional

La empresa láctea comenzó como un producto artesanal que ha traspasado fronteras

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Iglesia en el pueblo donde nacieron los yogurs Pastoret.

Iglesia en el pueblo donde nacieron los yogurs Pastoret. / Maria Rosa Ferré

Patricia López Avilés

Patricia López Avilés

Barcelona
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El yogur es uno de los postres predilectos en muchos hogares catalanes: sus diferentes sabores, texturas y aromas lo convierten en la opción dulce por excelencia para multitud de consumidores.

Las neveras de los supermercados ofrecen decenas de variedades de este producto lácteo, y la oferta es tan amplia que es difícil decidirse por uno solo. 

Además, con el paso del tiempo se han ido añadiendo más a los frigoríficos: desde los proteicos para los amantes del deporte, pasando por opciones sin azúcar para quienes buscan cuidar su alimentación, hasta los espumosos para los más refinados... cada uno de ellos se amolda a las necesidades y gustos del consumidor.

Un origen curioso

Sin embargo, los clásicos como los yogures Pastoret siguen siendo la opción favorita de quienes se decantan por los sabores de toda la vida.

Pastoret nació en 1992 en Sant Guim de Freixenet, un pequeño pueblo de la comarca de la Segarra (Lleida) que hace frontera con Barcelona

El origen de la marca es de lo más curioso: Carmen, la mujer del matrimonio Pont Morros, elaboraba mató para su familia usando la leche sobrante de las cabras de su granja. El resultado era tan bueno que decidieron intentar abrir un negocio y comercializar el producto.

La fábrica más moderna de Europa

Ocho años más tarde, en los 2000, optaron por ampliar sus ventas elaborando yogures artesanales. Y, actualmente, cuentan con lácteos de sabores de lo más originales.

El recibimiento de la marca fue tan bueno que en 25 años pasaron de ser un pequeño obrador artesanal a facturar más de 20 millones de euros, elaborar unos 400.000 postres lácteos y yogures al día y estar presentes en países como Francia, Suiza o el Reino Unido.

Además, en 2011 inauguraron la fábrica láctea más moderna de Europa en el pueblo donde todo comenzó: Sant Guim de Freixenet. Para los más curiosos, la factoría organiza visitas guiadas, con grupos de hasta 50 personas por sesión.

Quizá, el secreto del éxito se encuentra detrás del bienestar animal. Según cuentan los fundadores, tratan a sus vacas de la mejor manera posible para garantizar un producto de calidad: no las ordeñan más de dos veces al día y son criadas en libertad.

Rincones de interés

Asimismo, el municipio, de poco más de 1.000 habitantes, esconde otros rincones por donde merece la pena adentrarse

Sant Guim de Freixenet vivió su momento de esplendor a principios del siglo XX, cuando la localidad creció alrededor de la estación del ferrocarril que unía Barcelona con Lleida. 

Varios pueblos del término municipal ofrecen rincones de interés al visitante. Amorós, por ejemplo, es un conjunto de casas que conserva una torre central y una capilla medieval dedicada a Sant Cosme y Sant Damián.

En lo alto del torrente de Briançó se agrupa La Rabassa, un pequeño núcleo de viviendas antiguas rodeado de bosque y almendros. En su centro se mantienen una callejuela cubierta y una capilla románica dedicada a Sant Cristóbal. 

Bien cultural de interés nacional

El pueblo y la parroquia de La Tallada se encuentran en el extremo meridional del municipio. Está formado por una sola calle y varias masías. En el punto más alto se alzaba el castillo, del que queda una casa con muros primitivos, cerca de la carretera de Calaf

La iglesia de Sant Martí mantiene su orientación original, aunque ha sido completamente reformada y ampliada siguiendo el estilo neoclásico.

Quizá el elemento más destacado del conjunto es la Bodega Cooperativa, obra del arquitecto César Martinell en 1920. El edificio fue construido para almacenar grano de cereal y ha sido declarado Bien cultural de interés nacional