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    PLANTACIONES MUY LUCRATIVAS QUE VAN EN AUGE

    Cultivo de oro rojo

    Una veintena de productores recuperan el cultivo del azafrán, que en el medievo cubría las Garrigues. Un kilo se vende por 3.500 euros

    R. M.
    L'ALBAGÈS

    «Como la oliva y la almendra van tan justitas de precio, y yo ya cultivaba azafrán para el consumo de casa, pensé dedicarme de lleno. Un compañero de Castilla-La Mancha me trajo bulbos, los planté hace cinco años y otros payeses me siguieron. Hay muchos en la lista de espera para conseguir bulbos». Lo explica Manuel Ramírez, que cultiva rosas de azafrán en L'Albagès. Es el pionero en las Garrigues en cultivar azafrán, esa especie tan aromática bautizada como oro rojo por el color rojizo de los estigmas de las rosas. Ha recuperado una planta que la edad media compartía paisaje con los olivos y los almendros en esta comarca.

    Los 28 agricultores de varios pueblos que ya  han plantado este año han tenido ofertas para vender toda su producción a granel. Las han rechazado para vender al detalle. La cajita de medio gramo cuesta cuatro euros. Ahora están a punto de constituir una cooperativa y será la primera de azafrán en España. Han aprovechado la infraestructura de la cooperativa oleícola de Cervià de les Garrigues y la experiencia de Naturges, la empresa a través de la cual Ramirez y su socio, Àngel López, comenzaron a vender con su propia marca, Safrà de les Garrigues.

    «Entre todos plantamos unos 2.000 kilos de bulbos. Somos  payeses de Cervià, de L'Albagès, El Soleràs, La Pobla de Cérvoles, Vinaixa, El Vilosell, Les Borges Blanques e incluso hay alguno de Lleida», explica Enric Dalmau, presidente de la Cooperativa de Cervià.

    Domènec Vila, director general de Alimentació, Qualitat i Indústries Agroalimentàries del Departament d'Agricultura, considera que el azafrán puede complementar las rentas del olivo y del almendro porque la zona reúne las condiciones agroclimáticas y los productores tienen potencial para comercializarlo. Para potenciar el cultivo, Agricultura organiza en primavera unas jornadas técnicas sobre azafranales. Y los productores harán una fiesta al terminar la cosecha en Cervià.

    Las plantaciones son pequeñas. El suelo se mide en metros, no en hectáreas. Todo el trabajo es manual salvo la plantación, tarea para la que los pioneros han fabricado su propia sembradora. Algunos productores no han buscado nuevas tierras. Han aprovechado para plantar bulbos entre almendros.

    Monda cuidadosa

    Para conseguir un kilo de azafrán, por el que se pagan hasta 3.500 euros al productor sin envasar, son necesarios los estambres de unas 150.000 rosas, calcula Àngel López, para quien, a la larga, el color lila de las flores será familiar en la zona. La cosecha dura 20 días en los que los nuevos azafraneros madrugan para recoger con delicadeza las rosas que mondarán por la tarde con mucho cuidado. «A las ocho ya estamos en el campo para recoger las rosas. Para mondarlas hay que coger el tranquillo, luego se coge velocidad», explica Carme Rodríguez, esposa de López.

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