28 sep 2020

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    OBSERVATORIO PIRENAICO DE CAMBIO CLIMÁTICO

    Un nuevo clima

    Las comarcas pirenaicas encaran modificaciones en la biodiversidad y en las actividades económicas debido al aumento de las temperaturas

    ANTONIO MADRIDEJOS / Barcelona

    El Pirineo es un territorio muy sensible al cambio climático, con un incremento de las temperaturas superior a la media mundial, y previsiblemente lo seguirá siendo a lo largo del siglo XXI, una circunstancia que amenaza con modificar el medio ambiente local y las actividades que dependen de él. Con el objetivo de analizar el proceso de cambio y buscar alternativas de adaptación, los gobiernos de las regiones afectadas, desde Navarra hasta Catalunya y desde el Languedoc-Roussillon hasta Aquitania, así como Andorra, decidieron poner en marcha el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC). Ahora acaba de publicar su primer informe.

    66 estaciones de control

    El análisis de 66 estaciones repartidas por ambas vertientes de la cordillera muestra que las temperaturas han aumentado 1,2 grados de media desde 1950. «El Pirineo es un punto caliente del proceso, una zona donde ya se aprecian signos inequívocos del cambio global», resume Gabriel Borràs, responsable de Adaptación de la Oficina Catalana de Cambio Climático (OCCC). El signo más evidente afecta a los glaciares, que han reducido su extensión el 50% desde los años 40 (y en el caso de Catalunya ya no queda ni rastro). «Pese a excepciones como este año, la innivación anual mengua unos cinco centímetros por década», informa Borràs, quien considera que los cañones de nieve no podrán compensar las pérdidas.

    Otra evolución es la migración natural de ciertas especies vegetales hacia zonas más elevadas, buscando el frío que tuvieron antaño, así como la sustitución de algunas por otra más adaptadas a la nueva realidad (por ejemplo, retroceden las hayas y el pino albar). «Hay una progresiva meridionalización del paisaje», prosigue. Lo mismo sucede con determinados insectos y con las aves que se alimentan de ellos.

    También se ha observado una reducción del caudal de los ríos, aunque no necesariamente porque hayan variado las precipitaciones, sino porque es mayor la evaporación y porque los bosques, debido al abandono de la agricultura y la actividad forestal, se han expandido y ahora los árboles retienen más agua, entre otros factores. Todo ello podría tener un impacto en la producción de hidroelectricidad. «Es más que evidente que algo está pasando en los Pirineos -sintetiza el especialista de la OCCC-El ecosistema está alterado».

    Siempre se podrá pensar que todo este proceso traerá beneficios, como una mayor facilidad para cultivar en el Pirineo, «pero globalmente hay que estar preocupados y, sobre todo, aprender a adaptarse», insiste Borràs. Desde un punto de vista económico, debe intentarse que los cambios causen el menor daño. Un aspecto clave es desestacionalizar el turismo de alta montaña, hoy en día muy dependiente de la nieve, y apostar por los productos agrícolas y ganaderos de calidad. «Se trata de extender la marca Pirineos como una denominación de origen», concluye.