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Culto al vino en Barcelona

Proliferan los bares especializados y las bodegas que modernizan y ponen de moda los caldos entre nuevos clientes

Las catas, los restaurantes con maridaje, el boom de marcas y las degustaciones por copas propulsan el consumo

Juego de cata en el nuevo Bistrot à Vins de Moritz. / ALVARO MONGE

Juego de cata en el nuevo Bistrot à Vins de Moritz.
La Festival, tienda de vinos de moda en Gràcia.
Ambiente en el nuevo bar de vinos Cometa Pla, en Ciutat Vella.
Una de las catas en Can Canyes.

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

Escribe desde Barcelona

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Es la bebida con más tradición en el país, pero también la más olvidada por el márketing durante años. Tanto que varias generaciones la han situado en el imaginario de lo antiguo, en el trago de los padres y abuelos, desde tiempos de los graneles de gran consumo. Hasta ahora. El vino está saliendo del armario como bebida de moda, indiscutiblemente asociada a toda cena que se precie y con los mejores aparadores posibles en Barcelona: proliferan bares de vinos, las bodegas de barrio se revalorizan, aparecen otras modernas, triunfan restaurantes donde maridar caldos y ágapes, y muchos bares donde sirven a copas las denominaciones locales en boga a precios asequibles.

Uno de los padres de la enología contemporánea en Barcelona, Quim Vila, artífice de Vila Viniteca (tienda de culto en Agullers, 7, con más de 6.000 referencias de vinos y gran distribuidor) ha educado el paladar de muchos restauradores y compradores particulares, pero asume que aún queda mucho camino por recorrer. La cerveza y los combinados se han exhibido y publicitado siempre como bebida indiscutible de los jóvenes, y aún ahora no es fácil que el comprador de una bodega sea, al menos, treintañero. Tampoco ha ayudado la falta de cultura en denominaciones, propiedades y variedades de uva. “Para mucha gente pedir un vino es difícil, parece que haga falta un máster y se elegía una bebida más sencilla”, para mayor gloria de la cerveza, relata.

CIUDAD ABIERTA

Pero en la capital catalana, tras un boom de bares especializados en el vermut y otros tantos en la cervecería artesanal, toca el asalto al vino. Varias aportaciones han sido indispensables. Para empezar, el márketing. Los productores dejan atrás las pomposas marcas protagonizadas por condes, marqueses y demás, y los vinos tienen nombres desenfadados y canallas. Y aún más sus etiquetas, llamando al público joven, que recuerda más una imagen impactante que un nombre. Tampoco hay que olvidar a los turistas, que se rinden a las copas a un precio mucho más accesible que en sus países y que han normalizado que muchos bares y restaurantes lo sirvan por copas. Un hecho al que también ha contribuido la crisis. Y como apunta Vila, Barcelona siempre ha sido la ciudad más cosmopolita y abierta a la hora de abrazar novedades vinícolas. La posibilidad de probar en pequeñas dosis es todo un reclamo en el alud de nuevos bares de vino y (habitualmente) tapeo.

Las claves de la tendencia

Pero la evolución coincide también con un auge del vino natural, ecológico y biodinámico, y sobre todo del boom del producto de proximidad, que también afecta a los caldos, y en el caso de Barcelona implica un empuje hace las denominaciones del Empordà, Penedès, Montsant, Priorat, Costers del Segre… frente a los omnipresentes Rioja y Ribera del Duero, agrega el experto.

Mientras que las bodegas de barrio (incluso centenarias) se revigorizan –como ya informó este diario- y convierten en puntos de encuentro, en los últimos años algunas han asumido relevos que modernizan la forma de consumo, etiquetaje y venta y adoctrinan en lo local (Casa Mariol), han retomado sus raíces en manos nuevas con una oferta de calidad (Can Cisa-Bar Brutal), o han estrenado recientemente un negocio con la vista puesta en el bebedor del siglo XXI. Una ruta de compra o consumo in situ abarca infinidad de zonas, de Le bar à vins de Sant Andreu al Matos Bar de la zona alta, pasando por La Volàtil, Zona d'Ombra, Cometa Pla, L'Ànima del Vi, La Vinícola, Vinos y otros Remedios, Celler de Ronda, Esperit de Vi... 

En el capítulo de tiendas afloran iniciativas singulares como La festival (Verdi, 67) donde seis socios han dado un look actual y casi hipster a un nuevo local centrado en los vinos naturales y biodinámicos, con mucho peso catalán y ganas de hacer perder el miedo al consumidor a través de catas y degustaciones, que arrasa en Gràcia. Apuestan también por el resurgir (al alza) de los graneles de productores de proximidad, que despachan en garrafas con el mensaje Organic&Orgasmic.

EN BOGA

Para Rafael de Reyes, director general del Observatorio Español del Mercado del Vino, además del rejuvenecimiento de las marcas, el crecimiento de los últimos tiempos se apoya en que “el vino está de moda” y surgen nuevas vías de distribución y difusión: del enoturismo a la venta online y, las tiendas especializadas y bares donde el vino es protagonista. En ese escenario, Catalunya ya parte con ventaja porque solo en el canal de las tiendas de alimentación copa las mayores ventas del Estado, con 235 millones de euros de gasto (casi 28 por persona) y más de 95 millones de litros en el 2015. 

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La pedagogía es la herramienta para abrir esos paladares al máximo. Un reguero de nuevas tiendas de vino (sobre todo en el Eixample) se valen de las redes sociales para anunciar promociones, cursos, catas… donde descubrir qué hay detrás del universo de los vinos sin necesidad de pretensiones. Como Di-ví, de la calle de Muntaner, 92 que regenta Núria Avellaneda desde hace ocho, luchando contra los estragos de la crisis en el paladar. Ofrece catas todos los días, con enólogos o bodegueros, y en el último año y medio empieza a ver cómo se despeja el horizonte y los consumidores veinteañeros muestran interés, aunque la palma se la lleva el consumidor de 30 a 50 años. El suficiente para atreverse a abrir una tienda hermana, Can Canyes (Muntaner, 93), de interiorismo contemporáneo y grandes mesas para la pedagogía. “Intentamos que la gente valore la atención personalizada y descubra que en las tiendas especializadas también hay buenos vinos para diario por 5 euros”, explica, tras constatar la pujanza de las denominaciones catalanas, que copan ya el 70% de sus ventas.

El mayor reto que afrontan las tiendas especializadas es la variedad, ya que en España la industria está muy atomizada, con más de 4.000 bodegas. Solo las 11 DO catalanas ya suman pequeños productores sin tregua. Por eso, Vila reivindica alguna fiesta vinculada al vino y a los nuevos usos, como bebida de aperitivo y en pequeñas dosis, acorde con el consumo responsable que reivindican las autoridades sanitarias.