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Restaurante Pepinillo: bocados canallas

  • Este establecimiento en el corazón del Eixample da una vuelta de tuerca a platos y platillos típicos y tópicos de la gastronomía actual aportando una divertida dosis de originalidad

Las patatas bravas del restaurante Pepinillo.

Las patatas bravas del restaurante Pepinillo.

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

Periodista

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¿Cuántos 'tartars' de salmón has visto en tu vida? ¿Y 'coulants'? ¿Y si te digo que en Pepinillo (plaza del doctor Letamendi, 33) también los sirven? ¿Vas a dejar de leer este artículo? Espera, que si lo recomendamos es por algo. Y ese algo es la vuelta de tuerca que le dan a tantos platos y platillos típicos y tópicos de la gastronomía actual, a menudo con un toque canalla.

Pero vayamos a estos dos platos que tanto triunfan en este restaurante del Eixample, hermano pequeño de Pepito, Enriqueta y Josephine, que pertenecen al mismo grupo de restauración. El salmón del tartar ha sido ligeramente flambeado, y la base no solo lleva aguacate; también mango encurtido, cilantro y quinoa blanca, que le aporta un leve puntito 'crunchy'. 

Algún que otro toque internacional

El 'coulant' de chocolate, obra maestra de Michel Bras millones de veces plagiada, es aquí de tortilla de patatas y al abrirlo brota la yema a medio hacer. De tan divertida, esta versión debería ser copiada con tanto descaro como han hecho con el original dulce.

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Dos buenos ejemplos de lo que es Pepinillo, donde mandan platos muy pensados, de raíz mediterránea y con algún que otro toque internacional cuyo único propósito de divertir y gustar. Las patatas bravas, de picante suave, son 'arrugás' y llevan mojo picón; el boniato arrasaría en los puestos de castañas si lo preparan igual (con straciatella, pesto y germinado de albahaca); la pizza negra lleva tinta de sepia; la costillla de cerdo al vino de Jerez y salsa barbacoa es de las que te hace chupar los dedos hasta borrarte las huellas digitales; la tarta de higos con helado de vainilla recuerda a una 'tatin'...

El canalleo sigue las noches de los viernes y sábados en el sótano de aires industriales y clandestinos, donde la gente baila y bebe cócteles al ritmo de un 'disc jockey'.