Prohibido aburrirse

Tragaldabas: un restaurante donde convertirte en tragaldabas

  • En este establecimiento del Eixample corres el riesgo de convertirte en "una persona muy tragona", según la definición de la RAE, con sus divertidas y apetecibles creaciones

El canelón de pato con bechamel trufada del restaurante Tragaldabas.

El canelón de pato con bechamel trufada del restaurante Tragaldabas.

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

Periodista

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Tragaldabas te puede convertir en tragaldabas. No, no es un trabalenguas. Es una realidad. Porque este restaurante coqueto de la izquierda del Eixample (Mallorca, 96) tiene la virtud de preparar muchos platos que son pura tentación y que pueden hacer de cualquier gurmet "una persona muy tragon"», tal y como define la RAE el término tragaldabas. 

La mano talentosa y el carácter cercano de Pablo Romero, propietario y chef del establecimiento que se forjó en casas tan ilustres como Via Veneto, Evo, Neichel e Igueldo, y que trabajó cinco años en Londres y uno en Sídney, se nota en cada plato, en casa sugerencia (que cambia cada jueves). Juguetones, divertidos, sabrosos... Cocina de (buen) producto a precios ajustados que responde a una máxima: prohibido aburrir.

Guiños que dan vidilla

Y no, no aburre con los guiños que dan vidilla a platos omnipresentes en todas las cartas. Su ensaladilla rusa lleva pulpo y' kimchi', y es densa y picante.

Su canelón, de pato con bechamel trufada, es tan bueno que hasta Gaig le haría un hueco en el podio de los mejores de la ciudad.

Las patas de bogavante a la andaluza con patatas paja y huevo frito es un original y crujiente homenaje a un plato tan balear, ahora que el cuerpo pide playa y chiringuito.

Selección de quesos

Y con el dentón a la brasa con patatas panadera y refrito de ajo y guindilla, Romero saca a relucir su bagaje de cocinero clásico y solvente, que lo tiene, por joven y descarado que sea en sus otras recetas: un pescado jugoso y servido en el punto de cocción ideal.

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Y para rematar, una selección de quesos, esa rareza que tan poco se estila en la ciudad y que, sin embargo, tan agradecida resulta. 

Tragaldabas, bienvenido(s).