Visita merecida

5 restaurantes por los que vale la pena salir de Barcelona

  • Si no haces vacaciones en agosto, siempre puedes escaparte de la ciudad algún día para ir a probar los platos de alguno de estos establecimientos

El rodaballo, a punto para salir a la mesa.

El rodaballo, a punto para salir a la mesa. / Pau Martí

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Cata Mayor

No todo el mundo tiene la suerte de largarse lejos de la ciudad para disfrutar de las vacaciones (eso, quien las tenga). Pero sí que es posible salir de la urbe algún día y disfrutar de una relajada jornada durante la que gozar de la mejor gastronomía. En este artículo te proponemos cinco nuevos y buenos restaurantes por los que vale la pena salir de Barcelona.

1. Catalina (Gavà)

En una finca con bosques de pinos frente al mar, Òscar Manresa ha prendido fuego a una parrilla y a platos con salero que prepara Andrés Conde. Brasas en Gavà Mar, pinos, brisa, dunas, la banda sonora de las olas al otro lado del bosque. Porque Catalina ocupa los 24.000 metros cuadrados donde en su día reinaron Les Marines y el fallecido Pepe Tejero, que tuvo una estrella Michelin que pocos recuerdan. Así es el actual Catalina.


2. Vinòmic (La Garriga)

La tarrina de cordero y peras de Vinòmic.

/ Manu Mitru

El cocinero Pau Gener y el sumiller Aleix Garcia han construido en La Garriga un restaurante vibrante que mira al pasado cuando conviene. En los menús hubiera preparaciones del 'Sent Soví' y del 'Llibre de totes maneres de potatges', como el 'jurvert', al fin y al cabo, una picada, y el 'almedroch'. En Vinòmic ('vi-nómic'), cosechan un buen surtido de vinos y pese a la preferencia "por los más corpulentos" no descuida los naturales. Pau Arenós visitó el local y aquí tienes la crónica de Vinòmic.


3. Normal (Girona)

La tortilla abierta con gambas del restaurante Normal.

/ David Aparicio

Joan, Josep y Jordi Roca siguen con una expansión bajo control: es la hora de la casa de comidas con base popular y amplia mirada donde cocina Eli Nolla, que hereda el espíritu de dos grandes cocineras de la familia, Montserrat Fontané y la yaya Angeleta, ya fallecida, y esos calamares a la romana de Can Roca, que sirven, como los anillos, para enlazar generaciones. El restaurante escarba en lo popular –de lo próximo a lo internacional– a la manera roquiana. Aquí tienes más información sobre Normal.


4. Les Voltes (Moià)

El conejo confitado y 'sepiones' con su tinta.

/ Anna Mas

Jan Fargas aún no ha cumplido los 24 años y ya está al frente de un restaurante con historia del Moianès, propiedad de Jaume Castany. En su visita al restaurant, a Arenós le llamó la atención el cordero con mole: el animal, de cercanía; el preparado, de lejanía. ¿Por qué no una picada, singularidad territorial, con frutos secos o chocolate, en común con la complejidad mexicana? Explorar lo propio, explicar lo propio. Esta es la crónica de Les Voltes.


5. Mas Marroch (Vilablareix, Girona)

El bogavante con trompetas de la muerte del Mas Marroch.

/ Pau Arenós

La carta de este restaurante es, si lo trasladáramos a la música, un Grandes Éxitos, la oportunidad para los más jóvenes de probar los platos que han llevado a los hermanos Roca al preeminente lugar que ocupan, y un modo también de visualizar la influencia, con aportaciones como el timbal de manzana y fuagrás (1996) o el helado de mostaza para aliñar el 'steak tartar' (2006).

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Y para los mayores, esa clase de reencuentros que ilusionan después de tanto tiempo.

Aquí puedes consultar otros clásicos de Mas Marroch.