24 oct 2020

Ir a contenido

UN ClÁSICO DE BARCELONA

Flash Flash: 50 años de luz, hamburguesas y tortillas

El restaurante de los Pomés y los Milá está al margen de las modas gracias una carta visionaria y a un diseño atemporal

Pau Arenós

Ante la fachada del Flash Flash, Iván Pomés, Jordi Paesa y Javier Hoyos.

Ante la fachada del Flash Flash, Iván Pomés, Jordi Paesa y Javier Hoyos. / LAURA GUERRERO

Para los humanos, llegar a los 50 es una desgracia; para un restaurante, una bendición. El ciclo de algunos establecimientos es más corto que el de la mosca del vinagre. El Flash Flash (La Granada del Penedès, 25) ha alcanzado el 3 de julio el medio siglo con salud, pese a la epidemia y la economía pachucha. A mitad de capacidad, según obliga el Santo BOE, llenan cada día ese espacio sin tiempo que diseñaron Alfonso Milá y Federico Correa bajo el liderazgo gastro de Leopoldo Pomés.

El Flash es una rareza: lo fundaron dos matrimonios, los Pomés y los Milá, continúa en manos de los herederos, fue rompedoramente moderno y es clásicamente moderno. Se adelantaron sin engreimiento: hamburguesas, tortillas, ensaladas, flanes y pastel de queso y ahí siguen, viendo pasar las modas, inmunes a la volatilidad.

Javier Hoyos, el director, en la casa desde hace 25 años, habla de alma: «Tiene esencia. Ha sobrevivido a todo». Barcelona fue pionera en la 'burger' al estilo norteamericano: Wimpy situó el primer local en La Rambla en noviembre de 1972, según una publicidad publicada en 'La Vanguardia' en 1973 para anunciar el segundo en la calle Fontanella. Las otras franquicias extranjeras dispararon después. La liga local, representada por Pokin’s, despertó en 1979. Una década antes, Flash ya ponía en las mesas la hamburguesa homónima.

Leopoldo Pomés y Alfonso Milá, en la entrada del Flash Flash. 

Para el celebrar el aniversario con rigor hay que pedir la 'burger' Flash, la tortilla Panadera y la tarta de queso. El 'maître' Jordi Paesa recomienda el timbal de langostinos con tomate, mango y aguacate, al que le faltan algunas gotas de vinagreta de lima para redondear.

Bufet de ensaladas

Fueron unos adelantados con el bufet de ensaladas, que allá por el 2013 sustituyeron por elaboraciones hechas al momento en la barra. El arquitecto Iván Pomés recuerda que lo «'healthy', lo saludable» forma parte del espíritu inicial. Su madre, Karin Leiz, fue decisiva en la opción desengrasante. Karin es la modelo inmortalizada en cada pared. La fotógrafa. Flas. Destello.

La hamburguesa con alcaparras. / LAURA GUERRERO

Después del ritual baño de gel hidroalcohólico, una copa del tinto Boig per Tu 2017. La situación loca lo merece. Hemos pasado de tener una aceitera en la mesa a desinfectante. Hamburguesa con alcaparras: 160 gramos de puntas de solomillo de ternera de Girona o Asturias (Càrnia) trabajada a cuchillo y aliñada con mostaza, sal y pimienta. Y una buena ración de patatas fritas, variedad agria. Mientras siga habiendo patatas fritas, todo irá bien: hagamos camisetas con el lema.

Gracias al chef Jordi Miranda, el punto del picadillo es excelente, 'burger' fundacional de las 'burgers' barcelonesas. Fue Cecilia Santo Domingo, esposa de Milá, la que propuso la oferta de carne machacada tras haber vivido en Nueva York.

Entre las noches legendarias, la de Paul Newman, que dijo que era la mejor hamburguesa de su vida. Hay otra versión, referida a las patatas fritas con idéntico elogio. El cierre crápula, a la 1,30 de la madrugada, atraía a los clientes como las luces a las polillas. Resopones de Elton John o Bruce Springsteen tras los conciertos y García Márquez con mono azul de obrero de la escritura. 

Imaginemos 1970 y aquella dictadura con el morro húmedo del perro de presa. Los restaurantes eran entonces lugares que vivían en la penumbra y Flash nació con la luz. Al principio hicieron un estudio de márketing, que anunció el fracaso: benditos marquetianos. Iván describe: «Blanco, diáfano, con las mesas sin manteles. No era lo que se llevaba». Y una carta apoyada en lo popular: un icono consolidado (la tortilla) y otro futurible (la hamburguesa). En contraste, la conservadora chaquetilla del servicio.

El blanco es identidad y molestia: hay que restaurar cada cierto tiempo. Durante el encierro cambiaron los sofás, por ejemplo. ¿Quién se ha dado cuenta?  La sustancia es esa: modificar (ahora está mucho mejor iluminado) sin abandonar la naturaleza.

Nuevo restaurante

En septiembre inaugurarán un comedor en el número 640 de la Diagonal inspirado en el Flash, pero que no será el Flash y que dirigirá Javier Hoyos. «Es una evolución. Hemos esperado 50 años para tener en Barcelona un segundo restaurante», avanza Iván. Y una pandemia para ofrecer comida a domicilio.

Tortillería es el apellido de la casa (casi 50 en la carta, lo que requiere de 262.000 huevos anuales), lo que movilizó a los Milá y Pomés. «Cenaban juntos, viajaban juntos. Hicieron el local que querían. No pensaron en el negocio», concluye Iván.

La fotógrafa, imagen del restaurante. / LEOPOLDO POMÉS

La Panadera está perfecta: dos huevos de Calaf, pan crujiente, parmesano y tomate frito. Le gustaba a Leopoldo la coca del horno Rius de Vilafranca. El restaurante fue la venganza del publicista y fotógrafo: le habían prohibido yemas y claras.

Corresponde terminar con el pastel de queso: cremoso y consistente, respetable oxímoron. Mejor, menos frío.

Preparan unas 20.000 hamburguesas al año. Un millón en medio siglo. Todos felices, excepto las vacas.