MUERTE A LA PIZZA HAWAIANA

Las 10 mejores pizzerías de Barcelona

En estos templos preparan unas pizzas gourmet que harían llorar de emoción a las Tortugas Ninja.

Pizza de Frankie Gallo Cha Cha Cha.

Pizza de Frankie Gallo Cha Cha Cha. / FERRAN NADEU

11
Se lee en minutos
Òscar Broc

¡Muerte a la pizza hawaiana! ¡Di no a la masa pan! La pizza gurmet con masa de calidad ha experimentado un ‘boom’ en Barcelona en los últimos años. Pizzas 2.0, con bases de fermentación eterna, burbujeantes. Productos de calidad. Mucha leña, más madera. ¿Te ruge el estómago? En estos templos preparan unas pizzas tan demenciales que harían llorar de emoción a las Tortugas Ninja. ‘La pizza è bella’, vaya que sí.

1. Masa crítica

La Balmesina. Balmes, 193

En La Balmesina, hija de tres italianos, la masa es una religión. Viven para mejorarla y hacerla más digestiva. Y de su laboratorio surgen las mejores bases de pizza que jamás se han desintegrado en mis adentros. Masa madre elaborada con harina de trigo ecológico italiano y fermentación que supera las 72 horas. Podrás elegir entre tres tipos: la Tonda, que es fina pero al mismo tiempo sólida y crujiente; la Tonda de espelta, hecha con harina de espelta integral; y la majestuosa Pala, que es una pizza rectangular para dos personas, ligera, crujiente y con un alveolado que parece la cámara de aire de unas Nike. Si en los cimientos de la pizza la fiesta es salvaje, las viandas italianas de máxima calidad lo petan fuerte en la azotea. Autopista hacia el cielo con la Calabria, con sobrasada picante italiana, cebolla, aceitunas negras y una burrata porno. Gemidos sexuales con la Kamchatka: lleva panceta italiana, alcachofas, ricota ahumada, mozzarella y tomatitos. Imagínate que estás en un garaje donde venden Ferraris a precio de Fiats: bienvenido a La Balmesina


2. La culpa fue del chachachá

Frankie Gallo Cha Cha Cha. Marquès de Barberà, 15.

Necesitarás un megáfono para comunicarte con tu pareja: la acústica de este bullicioso agujero es lo más parecido a un concierto de 'black metal' noruego. De todas maneras, no necesitarás hablar: en Frankie Gallo Cha Cha Cha tendrás siempre la boca llena. Entre los socios del proyecto, encontramos a los gemelos Max y Stefano Colombo (Xemei), la garantía de que la pizza que vas a engullir no es precisamente Dr. Oetker. Allí no están para tonterías: masa de calidad extrema con biga y harina ecológica molida a la piedra; fermentación eterna (72 horas y lo que se tercie); ingredientes italianos de una calidad suprema; obsesión por perfeccionar el arte… Son los componentes tangibles e intangibles de unas pizzas perfectas, cuya masa es fina pero consistente; ni demasiado seca ni demasiado húmeda. Y no tendrás piedad ni de esos dichosos bordes que tanto odias: su textura alveolada y tostada es gloria bendita para el paladar. En Frankie Gallo Cha Cha Cha hay pizzas blancas, rojas, clásicas y especiales. ¿Mi favorita? La Parmigiana, con berenjena, ricotta, parmesano y tomates cherry. Tan sobrenatural que lo suyo sería invocarla, no pedirla. 


3. Mucha 'tarantella' que cortar 

Madre Lievito. Llacuna, 1

Ropa tendida en el techo, como si estuviéramos en una callejuela de Nápoles. Lo normal sería que Sofia Loren te gritara desde el piso de arriba que vayas a comprar pan. Pero antes de que eso ocurra, el camarero ya estará aconsejándote cuál es la mejor pizza. Le hago caso y pido la Bufala y Cherry, con mozzarella de búfala, tomatitos y copos de parmesano. También me aconseja que le añada setas y rúcula: señor, sí señor. Vaya pizza, mamma mia. Junto a la de NAP, diría que es la mejor napolitana de una Barcelona que está repleta de pizzerías napolitanas. El artefacto es de tamaño generoso y tiene una masa elástica que no es chicle, soporta perfectamente el peso los ingredientes en su núcleo y se vuelve crujiente y viciosa en sus límites exteriores. Los alveolos de estas pizzas no engañan: han sido elaboradas con levadura madre, fermentación larga, horno de leña, ingredientes italianos y respeto a la tradición en un entorno que parece un trozo de Nápoles incrustado en Poblenou. Aquí, seguro que Maradona se sentiría como en casa.


4. Quien quiera pizza no es traidor

Can Pizza Prat. Enric Morera, 72 (El Prat de Llobregat)

Excursión a El Prat. Local abarrotado. El rincón de los pizzeros es una cadena de ensamblaje perfecta: niebla de harina, masas en movimiento, ingredientes colocados con precisión… Todo el alboroto termina en un horno de leña de ciencia ficción, un horno giratorio en cuyo interior se deslizan varias pizzas que se tuestan describiendo círculos. En Can Pizza han perfeccionado el arte de la masa hasta el delirio. Te entregas a una base fina, crujiente y surcada de alveolos, que se torna melosa en su parte central. Cero flacidez. 72 horas de fermentación. Cocción lenta. 12 euros la pieza. La Melanzani, con parmesano, ricota, berenjena, aceite de albahaca y tomatitos se esfuma del plato, como un truco del Mago Pop. La Margherita, deshojada. Y me he prometido hablar solo de pizzas, pero aún me despierto en mitad de la noche pensando en los calamares y los mejillones 'all’arrabbiata'. Qué suerte tienen los pratenses. 


5. El oro de Nápoles 

NAP. Francesc Cambó, 30 y Baluard, 69

Nunca es tarde si la pizza es buena. Tenía una cita pendiente con NAP desde hacía años y ha merecido la pena tanto suspense. El local que tienen oculto en el Born –cuentan con otro más grande en la Barceloneta– es un reducto de jolgorio napolitano que te eleva el espíritu: bromas entre el encargado de sala y el pizzero, música italiana a todo trapo, masas surcando el aire, ¡'felicità'! Pido la Diavola y me dura 5 minutos en la caja; todo es perfecto en esta circunferencia libidinosa. La masa elástica y esponjosa no cede en ningún momento, los bordes burbujeantes y tostados son droga dura, ¿el tiempo de cocción al calor de los leños? Clavado. Y esa combinación de cebolla morada, aceite de oliva y salami picante cortado en tiras muy finas… Mmm. Son las claves de una obra de arte que apenas dejará huella en tus ahorros. ¿Cómo pueden ser tan baratas unas pizzas tan maravillosas? Estos napolitanos obran auténticos milagros. 


6. Felicite al chef de mi parte 

Nonna Maria. Anglí, 4

Lo que ocurre en este pequeño restaurante es excitante. Cada mes, un reconocido chef amigo de la casa diseña una pizza a su gusto. En abril cuentan con la exótica pizza Shawarma, de Paul Haddad. Engullir la pizza de los sueños de chefs condecorados tiene su morbo. Pero no menos morbo destilan las rompedoras recetas que moran la carta más allá de los clásicos. Nonna Maria manipula masa artesanal, fermentada a conciencia, de una finura golosa y un crec al morderla que te reconcilia con la vida. Sus piezas más atrevidas triunfan entre los aventureros, especialmente las de aromas nipones: pollo con salsa teriyaki y un goloso híbrido de pizza y 'okonomiyaki'. El local, sin pretensiones, se encuentra escondido en las alturas de Sarrià, lejos del azote guiri, y, créeme, pizzas como la Jerome –burrata celestial, embutido divino– bien merecen la ascensión, que tampoco es el Everest.


7. Aparca esa dieta

Parking Pizza. Londres, 98 y paseo de Sant Joan, 56

El nombre va en serio, el local del paseo de Sant Joan está ubicado en lo que fue un parking, un espacio amplísimo y de aspecto casi industrial, perfecto para acoger a las hordas de familias y grupos de amigos que lo abarrotan. El fervor es comprensible, fueron pioneros en la apuesta por las masas de calidad y los ingredientes más exquisitos. Y siguen reinando desde el aparcamiento masivo de Sant Joan y desde su primer local, en el Eixample. Una confesión: cuando tengo resaca siempre acudo a Parking Pizza. Mi opción suele ser la de sobrasada picante, queso 'taleggio' y tomillo. La de trufa negra, 'fontina', huevo y parmesano me la guardo para días especiales. El crujiente describe un degradado maravilloso desde la periferia hasta su núcleo. Son circunferencias consistentes, provistas de esas burbujitas mágicas en sus confines que hablan tan bien de la masa. El día que Marion Cobretti descubra Parking Pizza, se acabó lo de comer porciones frías de la nevera. 


8. Corte italiano

Pizza d'Autore. Tamarit, 142

La cartelería puede llevar al engaño, pero el material de este restaurante es enorme. En Pizza d’Autore se han especializado en la auténtica pizza 'al taglio' romana, mullidos recuadros de masa ligera y crepitante, fermentada durante 24 horas y aderezada con productos de proximidad. Tú decides el tamaño de cada pieza porque los precios van a peso. Y no seas rácano con las medidas. Recién hechas, estas pizzas son tan deliciosas que seguro que te quedarás corto y volverás al mostrador a por más. Entre las clásicas, me decido por una que lleva rúcula, parmesano, tomate semiseco y queso 'stracchino'. Impresionante. Crujiente, esponjosa, ligera… Sabrosa. Disponen de pizzas al corte rellenas –¡'porchetta', naranja y miel!-, pizzas dulces y incluso tienen vegetarianas, veganas y pizzas con ensalada para la gente 'healthy'. La solución perfecta para descargar un poco la conciencia después de la comilona. "No, si yo me pedí una ensaladita y tal…".


9 y 10. Edición de bolsillo

La Sedici. Plaça del Sol, 9

Pizza Pazza. Ample, 44

Noticias relacionadas

En La Sedici facturan las 'pizzetas' que se estilan en la región de los Abruzos. Son pequeños círculos de 16 centímetros que preparan con levadura madre y harina integral multicereal, y dejan fermentar un día. El bicho se come doblado y te seduce con una textura esponjosa, untuosa y con un punto 'cruji'. Casi todos los ingredientes que añaden son ecológicos e italianos. A mí me encantan las de butifarra, pero si te va el 'punch' de sabor, la de crema de trufa y setas lleva tu apellido escrito. Por su parte, en Pizza Pazza apenas hay unos taburetes. O comes de pie o te la llevas. Si vas en hora punta, encontrarás más jarana que en el motor de un Boeing. Mucho guiri hambriento, mucho italiano (buena señal) y majestuosas porciones, posiblemente los mejores triángulos de Barcelona. Manipulan una masa artesanal crujiente y moderadamente fina. Me vuelve loco la de patata asada, chorizo picante y romero. La de tomate seco, berenjena y ricota está para ponerle un chalet. Y si rocías tu porción con el aceite picante de 'peperoncino' calabrés, verás el semblante de Jesucristo en el triángulo. Lo mismo que comerse un jirón de Sábana Santa. 

Un banquillo de pizzerías de lujo

Quizá no forman parte del equipo titular pizzero de Barcelona, pero son restaurantes honestos que trabajan con precios competitivos, masas artesanales, producto de calidad y mucha leña. Murivecchi (Princesa, 59) factura círculos napolitanos sin fallos, como un centrocampista solvente. Antichi Sapori De Angelis (carretera de Collblanc, 48) sirve las mejores pizzas de Collblanc y alrededores: más napolitanas que Roberto Saviano, con la leña marcadita y denominación de origen Italia; finos estilistas en la delantera. Las pizzas de Luzia (Pintor Fortuny, 1) siempre me sacan de un apuro; son las más finas y crujientes que probaréis en Ciutat Vella: el típico delantero del filial que te salva unas semis de Champions. No obstante, el jugador con más posibilidades de entrar en el equipo titular es Buon Appetito (Marquès de l’Argentera, 19): fermentación laaarga, masa colosal, producto made in Italy y muchas ganas de salir al campo y comerse al rival. Esto es un banquillo y no el del Barça.