Sala de despiece

El misterio del huevo con 2 yemas

Preparé una sartén con el aceite bien caliente. Aquel huevazo no era fácilde manejar y cascarlo mal tendría consecuencias

Se lee en minutos
Un huevo frito con dos yemas.

Un huevo frito con dos yemas. / Pau Arenós

Corte 1

La primera vez que vi un huevo con dos yemas fue en Tokio: no lo entendí. Tuve un asombro genuino en Buchiumaya, un pequeño restaurante del barrio de Shinkuju especializado en 'okonomiyaki', también conocido como pizza japonesa o ¿qué-son-todas-esas-cosas-apiladas?

Me deslumbró que las cuatro tortillas que hizo aquel cocinero llamado Takao fueran 'biyema'. ¡Las cuatro! ¿Cómo podía ser? Frente a una plancha más ardiente que la mejilla de un tímido, Takao apelotonó con velocidad y experiencia una masa de arroz, col, brotes de soja, beicon, galleta, queso, calamar, fideos y esa tortilla sobrealimentada.

Podría parecer que el 'okonomiyaki' es un sistema para amortizar sobras de nevera, puesto que nació para concentrar energía en épocas de necesidad.

Es el plato combinado para perezosos, en el que todo ha sido reducido y sedimentado en busca de un sabor de sabores. He comido 'okonomiyaki' otras veces y en otras ciudades y aquel fue el mejor, pese a lo absurdo de la galleta y su discutible armonía con el calamar. Allí estaba la magia de la cáscara de la que salían ojos amarillos.

Como digo, cuatro 'okonomiyakis', ocho gemas. Son japoneses, pensé, y si son capaces de cultivar sandías cuadradas (crecen en un molde), ¿por qué no podrían haber creado una súper ponedora? He buscado ahora referencias de Buchiumaya y en una web japonesa señalan que son especialistas en la yema doble.

Corte 2

He vivido bastantes años sin el que el misterio huevón me haya desvelado y, de repente, justo antes de la pandemia y en otro restaurante, pam, el mismo juego. Era el Hoja Santa, donde el cocinero Paco Méndez pensaba México desde Barcelona, y fue al final de la comida, en ese momento en el que el estómago levanta la bandera de la rendición.

Apareció una bandeja de hierro con quesos fundidos, que fue cubierta con lascas de trufa.

Al lado, un huevo frito con ¡'triyema'! ¿Era eso posible?, ¿existía en la naturaleza? Mezclaron los quesos, las trufas, las yemas y las claras y el revoltillo fue el corazón de un taco.

De varios: comí cinco. Falsa esperanza: Paco dijo que eran dos huevos fritos cocinados juntos y con una yema añadida. El ser excepcional había sido construido, elaborado.

Corte 3

La cosa se puso al rojo unos meses más tarde en la huevería del mercado de Sabadell. El cartel no dejaba lugar a dudas. Una cesta de mimbre con al menos dos docenas; algunos, blancos; otros más oscuros. Encima, sobre un papel fosforito, la verdad: “Huevos de dos yemas”. ¡Existían de una forma comercial y en abundancia! Quise saber más y encontré varias webs y todas coincidían en la explicación.

Sucede en gallina jóvenes o viejas, “a causa de problemas hormonales”, cuentan, cuando el ovario saca más de una yema o cuando una yema se queda en el oviducto (¡qué palabra!) y, al bajar la siguiente, se engancha como una vagoneta. Lo chocante es que se considera algo poco frecuente. En la cesta de mimbre había muchos. ¿Y cómo se diferencian los simples de los gemelos? Por el peso. Compré media docena y puse las unidades en la báscula: entre 77 y 80 gramos. El huevo habitual, entre 60 y 64.

Preparé una sartén con el aceite bien caliente. Aquel huevazo no era fácil de manejar y cascarlo mal tendría consecuencias.

El único modo de explicar la dualidad es servirlo frito porque en tortilla se disuelve la gracia.

Saqué los dos soles de la sartén con el cuidado que se dispensa a lo frágil y puse sobre los montículos algunos cristales de sal. Rompí la superficie con pan tostado y derramé el interior.

Te puede interesar

El brochazo manchó el plato de sabor y belleza. Es una salsa sin igual que no necesita de otros ingredientes para brillar. ¿Era más rica? No. ¿Diferente de un huevo frito con una yema extra? No. ¿Entonces? Era natural, procedente de un ave y no de un juego de humanos.

He seguido leyendo y la 'triyema' existe. Rarísima en lo raro. Nunca he ganado en un sorteo y si la suerte me tiene que favorecer, que lo haga con otra cosa. Puedo seguir con lo mío sin ser agraciado por la lotería gallinácea.