Bebidas bajo sospecha

El vodka que bebemos no es ruso (aunque lo parezca)

  • Sueco, francés, norteamericano... las marcas más conocidas se elaboran en otros países

La gran mayoría de los vodkas no se elaboran en Rusia.

La gran mayoría de los vodkas no se elaboran en Rusia.

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Javier Sánchez

Corren malos tiempos para todo aquello sospechoso de ser ruso. O de parecerlo. Un ejemplo es el vodka: pocos elementos de la cultura popular se asocian más al país presidido por Vladimir Putin. Eso sucede pese a que el primer registro de la palabra 'vodka', que significa literalmente “agüita”, se encuentra en documentos polacos del siglo XV. Pese a estos intríngulis de la historia, el vodka está considerado como la bebida rusa por excelencia

Pero, ¿es realmente así? ¿Provienen las marcas actuales de vodka más consumidas de Rusia? ¿Se elaboran allí? La respuesta es no. “Los principales vodkas de los grandes grupos productores de bebidas alcohólicas no son rusos”, cuenta François Monti, experto en destilados: “La marca Absolut es sueca, Grey Goose y Ciroc son francesas, Ketel One es holandesa…”, explica Monti, autor de ‘Mueble Bar’, un manual para hacer coctelería en casa que se pondrá a la venta próximamente.

Monti añade que “el vodka es una categoría de destilado muy minoritaria en España, donde se consume muy poco en comparación con otros países cercanos”. Además de las marcas ya citadas, tampoco las que tienen nombres tan rusos como Smirnoff, Eristoff o Stolichnaya, se producen actualmente allí.

“El caso de Smirnoff es muy curioso. Toda su historia moderna está vinculada a Estados Unidos pero, si echamos un vistazo a su publicidad, veremos que se emplea todo tipo de simbología rusa. Puede ser interesante ver si esto cambia en los próximos días a causa de la guerra”, comenta Monti. Efectivamente, si uno entra en la web de Smirnoff se encuentra con el mensaje “proudly made in America” (orgullosamente elaborada en Estados Unidos). Eso sí, también se especifica que la marca tuvo su origen en una destilería moscovita fundada por Pyotr Arsenievich Smirnov en 1864. Fue en los años 30 del siglo XX cuando viajó hasta tierras estadounidenses donde su popularidad creció de la mano de uno de los cócteles más icónicos, el Moscow Mule. Actualmente, además de estar elaborado en Estados Unidos, pertenece al porfolio de la multinacional de bebidas Diageo, con sede en Londres. Ni rastro de Rusia, por tanto. 

Otro tanto sucede con la muy popular marca Eristoff, cuyo consumo se popularizó en los años 90 en España gracias a un anuncio que preguntaba al consumidor a través de una pegadiza melodía: “¿Qué diría tu mamá si te viese con Eristoff?”. Pues bien, la marca forma parte en la actualidad del catálogo de la multinacional Bacardi y en la etiqueta se especifica que se elabora en Beaucaire, Francia. Su origen, por cierto, se encuentra a principios del siglo XIX en Georgia y no en Rusia. De hecho, el lobo aullando a la luna que aparece en el logo de la marca hace referencia al animal nacional de la ex república-soviética.

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Un caso particular es el del vodka Stolichnaya, que se hace en Letonia, y que, por muy ruso que suene, pertenece a Yuri Shefler, un oligarca enemigo declarado de Putin”, especifica Monti. En la web de la empresa de Shefler, Stoli Group -con sede en Luxemburgo- se recibe al internauta con toda una declaración de intenciones: una paloma de la paz con los colores ucranianos, azul y amarillo, y una declaración “por la paz en Europa y en solidaridad con el pueblo de Ucrania”.

Da la impresión, por tanto, de que plantear un boicot al vodka como forma de ‘castigar’ la invasión militar rusa en Ucrania, no tiene mucho sentido. O que, en el caso de querer hacerlo, toca bucear en las marcas adecuadas: “Russian Standard es el único vodka hecho en Rusia con una cuota de mercado significativa y luego estaría Beluga, aunque se trata de una marca más minoritaria, perteneciente al segmento 'ultra premium'”, sentencia Monti. Los fanáticos del vodka pueden seguir bebiendo con la conciencia tranquila.