Conversación íntima

Raül Balam: "Tengo una enfermedad. Soy un adicto y lo seré toda la vida" | VÍDEO Mesa para dos

  • El chef de Moments se sincera a corazón abierto con el periodista gastronómico Pau Arenós en la primera entrevista de la serie 'Mesa para dos'

Mesa para dos. Capítulo 1: Entrevista con Raül Balam.

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Cata Mayor

Una entrevista a corazón abierto. Así ha sido el encuentro que ha mantenido Raül Balam con Pau Arenós para la primera de las entregas de la serie 'Mesa para dos', que patrocina Familia Torres. El chef de Moments se ha sincerado con el periodista gastronómico de El Periódico sin ocultar los trances más oscuros de su vida: esto es, una drogadicción de la que ha salido y de la que se mantiene alejado gracias a una nueva vida, en la que reina un orden que, hace años, era puro caos.

Tengo una enfermedad: soy un adicto y lo seré toda la vida. Adicto a todas las sustancias psicoactivas, desde el alcohol a drogas que he probado y que no he probado, porque mis transmisores del placer no conectan, y al no conectar yo nunca tengo suficiente”, resume el cocinero con una sinceridad que apabulla.

La entrevista, grabada por Zeta Media Lab, está trufada de frases de impacto, de las que hielan la sangre. "A pesar de tener una infancia muy buena, pero no era feliz con mi vida”, arranca para decir, poco después: “El final fue patético, no podía vivir sin esto”.

Y ‘esto’ eran el alcohol y la cocaína. “No sé cómo trabajaba, mi madre dice que he tenido un ángel de la guarda muy bestia porque no sé como he llegado a tener éxito con todo aquello”, recuerda. Y explica que la drogadicción “es una enfermedad, tal como la contempla la OMS, pero la gente lo entiende como un vicio, y está en todos los ámbitos”. Hasta el punto de señalar a sus padres como sus “primeros camellos”: “El alcohol es una droga legal y mis primeros camellos fueron mis padres, en el sentido lúdico, porque la bebida está en la sociedad”.

Qué lejos quedan los tiempos en los que se entregaba a la droga con cualquier excusa. “Un buen servicio, un mal servicio, una boda, un funeral, unos zapatos nuevos… Me llevó a una soledad extrema, caí en una depresión”. Hasta que llegó al centro de desintoxicación tras medio año en el que había tocado fondo, entre finales de 2012 y marzo de 2013. “Fue horroroso, mis padres veían que tenía un problema, intentaban ayudarme, protegerme… pero me aislé”. En el centro puso nombre a lo suyo: "Vi que es una enfermedad y tiene curación”.

Balam alerta de que “la droga empieza como una cosa muy social y un jaja jiji maravilloso pero acabas solo siempre”. Es lo que le pasó a él. Hasta que un día su hermana lo encontró tras otra noche de perdición. “Ahora, cada 5 de marzo, junto al corazón, me tatúo un palito porque es mi segundo cumpleaños aunque nací el 25 de julio. Es el día que entré en rehabilitación. Un antes y un después en mi vida”.

Tres meses de terapia

Fueron tres meses de terapia diaria que culminaron en un piso compartido con otras personas. “Dejar las drogas es muy fácil, lo que es muy difícil es cambiar la conducta porque tu cuerpo y tu mente. Es un cambio de hábitos muy 'heavy'”.

Tan 'heavy' que, de hecho, le prohibieron, en las primeras semanas, llevar a cabo su gran pasión: cocinar. Fue muy duro, admite: “Es que era algo que hacía antes… aunque luego me dejaron hacer cosas fáciles como bistec con patatas. Pero tenía inseguridad y me bloqueaba. Pensé que creaba platos porque tomaba drogas, y pensaba que sin drogas no podría hacer nada”.

Más creativo que antes

No era así. Y le costó su tiempo darse cuenta de ello. Y el cambio le ha permitido ser “más creativo que antes”. “Tuve que aprender a encontrarme, al final toda la información está ahí”. No solo crea más y mejor, sino que el ambiente en el restaurante he mejorado sustancialmente. “ La gente me temía, era destructor. Ahora es mucho mejor trabajar conmigo. Hay orden, silencio, buen rollo…”.

Por fortuna, ha podido reconducir su vida y seguir cocinando, algo que para él es “la mejor terapia”: “No hay cosa que me guste más y me relaje más que esa alquimia. Me hace feliz”. Por eso se siente un afortunado, ya que se dedica profesionalmente a su pasión. Él no quería estudiar y lo metieron en el restaurante para ‘asustarlo’ con tanto trabajo. Se equivocaron con él. “Lo único en lo que era bueno era haciendo cosas y transformándolas con las manos”. En el restaurante podía transformar alimentos y además, cobraba. “Eso me fue llevando poco a poco por el camino. La cocina me encontró a mí, queda poético pero pasó esto, me atrapó”, resume.

Choques con su madre

Pero este camino tampoco fue fácil porque Balam chocaba mucho con su madre. “Me he hecho difícil ser hijo de Carme, y eso que la facilidad era muy grande”, admite. Pero ambos tienen temperamentos similares y cuando empezó en el 96 lo pasó “muy mal”. Pasó de encargarse de la carnicería y de hacer los platos para llevar a una cocina profesional con dos estrellas Michelin y sin haber pisado una escuela de hostelería.

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Además, estaba “desubicado” porque empezó “desde abajo”. “Para mis padres, yo era trabajador, y para los otros, era el hijo de los jefes”. Por si fuera poco, Balam se queja de que su madre era con quien más duro era. “Me rebelaba, llegaba tarde, me abroncaba y le contestaba… Se lo hice pasar muy mal”.

Poco a poco las aguas se calmaron y pudo triunfar. Entró en Moments en 2009. Un nuevo reto que solo se vio truncado temporalmente por su drogadicción y posterior rehabilitación. Ahora es feliz. Y se nota.