Ideales para el vermut

¡Coge la bolsa y come! Las mejores patatas fritas de España (tercera parte)

Bolsas de aquí y allá para disfrutar de la mejor versión de nuestro aperitivo favorito

Patatas fritas de bolsa: estas son las 7 mejores de España

Patatas fritas de bolsa: las 7 mejores de España (segunda parte)

Una nueva lista de las mejores patatas fritas para pecar.

Una nueva lista de las mejores patatas fritas para pecar. / Freepik

Javier Sánchez

Javier Sánchez

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Las segundas partes no molan: siempre dan la sensación de pegote aprovechando el viento de cola de una primera tanda exitosa. Con las trilogías pasa al contrario. Cuando se hace pública la tercera parte, el público entiende que era algo premeditado desde un principio. En el caso de las listas de patatas fritas favoritas podemos asegurar que esta entrega era necesaria hay demasiadas de nivel en España como para no reseñarlas. 

Patatas fritas Marinas.

Patatas fritas Marinas. / Marinas

Marinas

La flor de sal d'Es Trenc, una de las mejores que se pueden encontrar en España, es la clave del puntazo de estas patatas fritas. Son pequeñas, finas y delicadas, elaboradas a base de patata agria de calidad: aquí no hay exceso de grasa ni tamaños imposibles de encajar en la boca. Además de las que únicamente llevan sal, nos parecen excelentes las de sabor a pimienta negra y vinagre balsámico de Módena, a base de aromas naturales: chispeantes como ellas solas.

Patatas fritas Pumarín.

Patatas fritas Pumarín. / Patatas fritas Pumarín (Aperitivos Gijón).

Pumarín

El aperitivo ‘working class’ por antonomasia. Cuando el barrio gijonés que da nombre a las patatas fritas era tan solo un conjunto de casas en medio de un solar para que los camiones aparcaran, su creador, Valentín Núñez, ya las freía en su bar churrería. Fue tal su éxito que en 1964 abría fábrica y aquí sigue la marca entre nosotros, 60 años después. Imprescindible en bares de Asturias y zonas limítrofes, convencen por su salado justo. Las onduladas que hacen están de cine

Patatas fritas La Montaña.

Patatas fritas La Montaña. / Patatas fritas La Montaña

La Montaña

Otra marca con más de medio siglo a su espaldas. Con fábrica en Collado Villalba, esta marca extiende su radio de acción desde la sierra madrileña a la capital. Fritas en una mezcla de aceite de girasol y de oliva, nos convencen por su corte irregular y por su sabor a ‘patata patata’, señal de que eligen bien la materia prima que utilizan (cuya procedencia varía según las distintas épocas del año). 

Patatas fritas La Santa María.

Patatas fritas La Santa María. / La Santa María.

La Santa María

Nacidas en un pequeño local del paseo de Santa Maria de la Cabeza de 1950, estas patatas toman de esa castiza calle de Madrid su nombre, mientras que el logo remeda una de las carabelas de Colón. Nadie va a descubrir América ya a estas alturas en una bolsa de patatas fritas, aunque, en este caso, sí se va a encontrar con unas de las mejores del mercado. De corte más bien grueso, resultan sabrosas y muy crujientes, señal de que la fritura está hecha a conciencia. Además de las tradicionales, están muy buenas las que saben a huevo frito.

Patatas fritas J. García.

Patatas fritas J. García. / Patatas fritas J. García

J. García

Otra de esas marcas de patatas con solera (o papas, como ellos dirían), fundada por Javier García en 1982 en Castellón. El año pasado se materializó el relevo generacional, aunque la fórmula seguro que va a cambiar poco: una patata seleccionada, con mayor materia seca para que quede más crujiente -tal y cómo ha manifestado su fundador en más de una ocasión-, y una fritura generosa, que hace que tengan un contenido graso superior a la media: que nadie lea lo anterior como un defecto. 

Patats fritas Sarriegui.

Patats fritas Sarriegui. / Sarriegui

Sarriegui

Una freiduría en la parte vieja de San Sebastián abierta en 1990 fue el origen de estas patatas fritas que terminaron dando el salto a fábrica para convertirse en la favoritas de los donostiarras. Uno entiende la devoción que David de Jorge y otros sienten por ellas cuando se abre una bolsa y se accede a una patata sabrosa y ligera, con enjundia pero también finura. Galardonada en varias ocasiones con los premios Great Taste Awards, sus sabores a pimiento de Espelette o a chuleta a la brasa se quedan en la memoria (gustativa) durante un tiempecito.

Patatas fritas Franjose.

Patatas fritas Franjose. / Franjose

Franjose

No hay nada que nos 'sulibeye' más que unas patatas fritas que, además, se presenten en bolsa con un logo imaginativo o personaje gracioso. El indio que figura en las bolsas de Franjose es inconfundible: todo un emblema de Cádiz. Estas patatas fritas, que se hacen en Chiclana desde hace más de 30 años, destacan por una textura ligeramente aceitosa y un crujiente espectacular. Con perfectas para el aperitivo o acompañando las clásicas frituras de pescado gaditanas, desde el bienmesabe a los chocos. Las que tienen sabor a ajillo están tremendas.

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