'Tips' prácticos

Si sigues estos trucos podrás conservar de maravilla el queso curado

  • Es preferible guardar las piezas enteras que a trozos, puesto que la corteza ayuda a su correcto almacenaje

Si sigues estos trucos podrás conservar de maravilla el queso curado
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Alexa Fuentes

Elaborado con leche de oveja, cabra o vaca, el queso es un gran manjar apto para todo: un aperitivo, un postre, un picoteo... o como condimento para un plato de pasta o para ligar una salsa.

Lo mejor, según los expertos, es degustarlo solo: sin pan, ni tostadas, ni mermeladas ni uvas, pero eso va a gustos. Y para maridar, un buen vino blanco o un cava fresquito.

La calidad de un queso la marca la leche, preferentemente cruda, con la que se elabora, que depende fundamentalmente de dos factores: la raza y la alimentación del animal. Y la curación de un queso la marca el tiempo que pasa en el secadero: cuando el proceso se alarga entre 3 y 7 meses, se denominan quesos curados. Si solo pasa entre 2 y 3 meses en el secadero, será semicurado. Una maduración entre 7 y 35 días da lugar al queso tierno. El queso fresco es el que se comercializa sin madurar.

Conservación

La conservación de un queso es muy importante para su perfecta consumición. Conviene tenerlo en nevera, en la parte baja del frigorífico, a una temperatura de entre 4 y 10 grados y una humedad de entre 85 y 90%. Aunque cuanto mayor sea su curación, mejor soporta el no estar refrigerado.

Las piezas de queso enteras se conservan mejor que si está troceado, porque su corteza los protege. Y conviene tenerlo en un papel más que en un film o un papel de aluminio, para que su corteza respire.

Si es un trozo, se puede meter en un envase específico para conservarlo -denominados queseras-, o en un táper que se pueda cerrar.

En aceite

Los quesos curados también se conservan muy bien en aceite de oliva. El aceite es un excelente antioxidante que impide que el queso se reseque y se enmohezca.

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En caso de no tener un recipiente ad hoc para conservar el queso, se puede poner en plato cubierto por un paño húmedo. Aunque conviene no dejarlo así mucho tiempo. Y en última instancia, se puede envolver en papel aluminio o film si se va a consumir pronto.

Si sale algo de moho es normal, porque significa que el queso sigue su proceso natural de curación. Se puede consumir sin problemas quitando el moho con un pequeño corte, puesto que es un moho comestible que da sabores y matices al queso. De hecho, es un moho similar al que desarrolla el queso cabrales o el queso azul.