CAMPAÑA EN ESTADO DE ESPERA

'Calçotades' de estar por casa

Payeses y restaurantes esperan que las nuevas medidas les permitan estrenar la temporada, aunque conscientes de que serán en pequeño formato

Ya se están preparando para ofrecer como alternativa el servicio de 'calçots' para llevar, con salsa romesco, babero y guantes

’Calçots’ acababándose de cocer al fuego.

’Calçots’ acababándose de cocer al fuego.

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Eduard Palomares

Una ‘calçotada’, más que un acto gastronómico, representa una experiencia social. Así que, ¿qué queda si se eliminan de la ecuación los reencuentros masivos, las conversaciones para ponerse al día, las cervezas al lado de las llamas, el cachondeo al contar quién se zampa más 'calçots'…? Una pregunta que seguramente encontrará respuesta en esta temporada que ya tendría que haber empezado y que, sin duda, estará marcada a fuego por el coronavirus. Los payeses han retrasado al máximo una recolecta (ya han cultivado menos, en previsión) para esperar a la reapertura de los restaurantes, pero parece complicado que se puedan celebrar comidas con un elevado número de participantes.

Será una campaña, por lo tanto, de ‘calçotades’ en pequeño formato, ya sea en casa o en los locales que estén abiertos, con todas las medidas de prevención y aforo reducido, primero del 30% y luego del 50% en fases posteriores. Es cierto que la temporada comienza normalmente en noviembre, pero que no coge velocidad de crucero hasta finales de enero y hasta Semana Santa. Y a la esperanza de que las cosas vayan mejor entonces se agarra el sector, aunque conscientes de que, si el distanciamiento físico es la clave para mantener a raya el covid-19, comer ‘calçots’ bañados en romesco es todo lo contrario. Así que toca reinventarse, y más teniendo en cuenta que hasta la tercera fase de desescalada no se permitirán reuniones de 10 comensales (y queda pendiente saber cuándo se eliminarán por completo las restricciones).

Invierno incierto

Can Cortada y Can Travi Nou representan la mejor manera de celebrar una ‘calçotada’ en una ambiente tradicional y casi campestre sin salir de Barcelona, por lo que siguen muy atentos la evolución de la pandemia por si pueden empezar a remontar esta “situación dramática, en la que nos sentimos como si nos hubieran abandonado en el desierto”, tal y como la define Josep Soler, presidente del Grup Travi, propietario de ambas masías urbanas. “Nos espera un invierno lleno de incerteza y no sabemos qué medidas se aplicarán de aquí a un mes. Lo que tenemos claro es que queremos acompañar a nuestros clientes, muchos de los cuales ya se quedaron con ganas de 'calçots' por el confinamiento de marzo”, explica.

Y aunque son plenamente conscientes de que se trata de una experiencia en la que el entorno juega un papel clave, avanza que si no es posible celebrarlas en los restaurantes, darán la opción de “servirlos para llevar con todo lo que comporta; salsa romesco, guantes y babero”. La gran cuestión es si los comensales querrán celebrar estas ‘calçotades’ de estar por casa o preferirán esperar a que vengan tiempos mejores. Payeses y restauradores esperan que la respuesta sea positiva, tanto por las ganas de comer ‘calçots’ como por la voluntad de apoyar a un sector muy castigado.

Directos del productor

Los restaurantes no son los únicos que ofrecerán ‘calçots’ cocidos para llevar, sino que los propios payeses también se están planteando ofrecerlos de esta manera, pensando en todas aquellas personas que no disponen de espacio para encender un fuego. En L’Hort de la Xinesca de Vilassar de Mar, que venden verduras de proximidad y sin pesticidas, ya están acostumbrados a ello, aunque prevén que este año las ventas se reducirán por la imposibilidad de celebrar eventos populares. “Esperamos poder salvar en cierta manera la campaña gracias a ‘calçotades’ más familiares o en petit comité, pero está claro que venderemos muchos menos. En cualquier caso, somos flexibles y podemos vender 'calçots' incluso para una persona sola, conservados en papel de periódico y un caja de porexpan que mantiene el calor”, detalla su responsable, David Maltas.

Venta de 'calçots' en Mercabarna / RICARD CUGAT

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Y aún existe otra alternativa para dar salida al producto, según recordó a Efe Francesc Xavier Amill, presidente de la Indicació Geogràfica Protegida Calçot de Valls, y no es otro que fomentar la cocina del ‘calçot’. Es decir, entender que tiene su utilidad más allá del formato 'calçotada'. “Cualquier plato que puedas cocinar con cebolla lo puedes elaborar con 'calçots' y el sabor te queda más dulce, como croquetas, tortilla o rebozados”, asegura. O también hay quien elabora mermelada, como la firma artesana Del Pot Petit, que los mezclan con azúcar, aceite, vino rancio, limones y miel, y que recomiendan maridar con quesos curados, patés y foies, pescado blanco, carne o pollo.

En cualquier caso, quien quiera comer ‘calçots’ de una u otra manera podrá hacerlo esta temporada, aunque seguramente las grandes ‘calçotades’, esas que se convierten en fuente de anécdotas a recordar por mucho tiempo, tendrán que esperar un año más hasta que el coronavirus deje de aguar cualquier tipo de celebración.