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SALUD

La soledad del #alzhéimer y los cuidadores

Domingo, 20 de septiembre del 2015 Asunción Solano (Cambrils)

Hace ocho años que lucho junto a mi esposo contra el alzhéimer que padece, además de su epilepsia y demencia. El equipo médico que lo trata (del Institut Pere Mata de Reus, bien por ellos) me ha recomendado que me dirija a la asociación del alzhéimer de Cambrils, donde ayudan no solo a los enfermos sino a los que a diario luchamos con sus pérdidas de recuerdos y de memoria y sus cambios de humor y los ayudamos en asuntos tan cotidianos como vestirse y ducharse. Esta asociación, formada por voluntarios, recibe la ayuda del Ayuntamiento para acondicionar un antiguo edificio cedido por los Hermanos de La Salle para que estos enfermos dispongan de un lugar donde reunirse con la atención adecuada y así los cuidadores como yo tengamos tiempo para descansar y dedicarnos a nosotros, puesto que estar con ellos día y noche es muy duro. El alzhéimer es la enfermedad del silencio: no duele, no se ve, no se oye, no se nota. Los enfermos padecen la dolencia pero los cuidadores la sufrimos, pasamos de tener una vida propia a ser la sombra de los enfermos. Es durísimo. Yo llevo ocho años así, tengo 70 y mis propias enfermedades, y me siento muy sola. Es triste ver cómo la persona que está a tu lado, a la que quieres, se deteriora, que se le borran los recuerdos, que les pides una cuchara y te trae una barra de pan. Del alzhéimer no se habla, la sociedad nos olvida. No tenemos ayuda.
A mi esposo, que no se vale por sí mismo, le han dado un grado 1 de dependencia (para llorar). Hace dos años ingresé en el hospital con una trombosis pulmonar y tuve que llevarme a mi esposo conmigo porque no tenía dónde dejarlo: durante 32 días que estuve ingresada fui pagando su estancia en la habitación junto a mí (un camastro, 28 euros diarios la primera semana y 11 euros a partir de entonces, más comidas) y tuve que estar pendiente de que no se perdiera. Estamos solos.



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