Se cumplen 2 años del primer muerto por Covid en China: ¿Está cerca el final de la pandemia?

Se cumplen 2 años del primer muerto por Covid en China: ¿Está cerca el final de la pandemia?
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Hoy se cumplen 2 años del día en que comenzó la impresionante historia de muertes causada por la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2.

Fue el 11 de enero de 2020 cuando las autoridades chinas rompieron su hermetismo y los medios del mundo titulaban algo así como: «La misteriosa neumonía de China mata por primera vez».

Aquel día conocíamos con absoluta indiferencia la primera muerte causada por un virus que cambiaría el mundo y nuestra forma de vida.

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Un hombre de 61 años… sin nombre

El nombre de aquella primera victima nunca ha sido revelado. Solo sabemos que se trataba de un hombre de 61 años que frecuentaba el famoso mercado de animales de Wuhan. Y 12 días después, el 23 de enero, la ciudad fue confinada.

Antes, el día 5 de enero de 2020 una noticia informaba de la aparición en China de una «misteriosa neumonía de origen desconocido».

El 13 de enero, el gigante asiático reconocía ya 17 muertos, y se detectó un primer caso fuera del país, concretamente en Tailandia.

Y a finales de enero aparecieron los 3 primeros casos en Francia, donde el 14 de febrero se anunció el primer muerto

Desde entonces la enfermedad provocada por el SARS-CoV-2 ha pasado a llamarse Covid-19 (COronaVirus Disease, que significa enfermedad, 2019) y la pandemia del coronavirus ya ha matado a casi 5,5 millones de personas en todo el mundo.

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¿Y ahora cómo estamos?

Tras dos años muy duros estamos tan cansados y con tantas ganas de que pase la pandemia del coronavirus, que estamos dispuestos a creernos los eslóganes que se empeñan en lanzar políticos de medio mundo:

– Que si el coronavirus está empezando ya a evolucionar hacia variantes más leves.

– Que si la Covid está a punto de volverse endémica como la gripe…

Pero los científicos, que acostumbran a ser los que aciertan, no lo ven tan claro y advierten de que ninguna de esas afirmaciones es real en estos momentos.

Nadie puede, dicen, dar por sentado que la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 está ya perdiendo virulencia y su futuro solo irá a mejor.

Y menos si tenemos en cuenta que esos maravillosos augurios se hacen cuando aún estamos inmersos en una explosión masiva de contagios que no ha dicho la última palabra.

No siempre, ni todos los virus se hacen más leves

Cuando los científicos hablan de la estrategia del virus inteligente que les lleva a ser menos mortales y más leves, nunca le ponen plazos ni consideran una buena idea pensar que el tiempo todo lo arregla.

Porque ellos saben que muchos virus se vuelven más letales antes de volverse más débiles.

Basta con pensar en la gripe española de 1918, cuya segunda ola fue más mortífera que la primera, y atacó a los más jóvenes.

O virus más actuales como el Ébola, que lo único que ha hecho con el tiempo es volverse más peligroso.

“Apareció” en agosto de 1976 con dos brotes simultáneos ocurridos en Nzara (hoy Sudán del Sur) y Yambuku (República Democrática del Congo), ciudad situada a orillas del río Ébola, de quien recibe su nombre.

Hoy, 45 años después sigue teniendo una tasa de letalidad del 50%, y su momento más infeccioso y mortífero ocurrió cuando estaba a punto de cumplir los 40 años (de 2014 a 2016).

Por esa razón, el profesor David Robertson, jefe de genómica viral y bioinformática en el Centro de Investigación de Virus de la Universidad de Glasgow, dijo al periódico The Guardian:

– «Es una falacia afirmar que los virus o patógenos se vuelvan más leves. Si un virus puede continuar transmitiéndose y causando muchas enfermedades, lo hará».

Lo que no conviene a un virus es matar muy rápido

Los virus no son seres vivos, y no piensan ni establecen estrategias.

Su único objetivo es crear tantas copias de sí mismos como puedan y propagarse lo más ampliamente posible.

Y aunque eso podría llevarnos a afirmar que no les conviene matar a sus anfitriones, o al menos no muy rápido, la realidad es que mientras les dé tiempo a contagiar, no les importa mucho lo que pase con nosotros.

Concretamente en el caso del SARS-CoV-2, como no mata a las personas durante el período en que es más infeccioso, sino 2 o 3 semanas después de enfermarse, tiene tiempo para multiplicarse.

¿Realmente el coronavirus se está volviendo más leve?

La OMS ha pedido oficialmente que no se trate a la Covid causada por la variante Ómicron como una enfermedad leve.

Es cierto que la protección de las vacunas está siendo decisiva para frenar los casos graves y las muertes, pero aun así el número de infecciones todavía nos puede poner contra las cuerdas.

Además, como explican los científicos, la evolución viral no son fichas de dominó que una tira a otra.

Ómicron no evolucionó de Delta y Delta no evolucionó de Alpha. Lo que ocurre es mucho más aleatorio e impredecible que eso.

De ahí que una nueva variante que aparezca en unos meses pueda ser mejor, pero también peor o incluso mucho peor.

Es más, como resulta más que probable que siga evolucionando,

«Lo que podría suceder es que el contagio masivo de Ómicron genere un espacio para un virus más “preparado” para evadir la respuesta inmunitaria.»

Las mutaciones ocurren al azar y ocurren con demasiada frecuencia para que nadie puede adivinar el futuro. Y la única manera de evitarlas es reducir el número de virus, o lo que es lo mismo, el número de personas contagiadas.

Por eso la insistencia de los científicos e instituciones de salud pidiendo con urgencia una vacunación mundial.

Y por eso es tan importante no dar por hecho que Ómicron es el final de la evolución del Sars-CoV-2. Como no lo fue Delta, aunque muchos lo daban por seguro.

¿Si pasa a ser endémica dejará de ser un problema?

Es la palabra mágica de los políticos en estos momentos, y es también un deseo de todos.

Pero endémico no es sinónimo de «sin importancia».

Lo que significa es que esa enfermedad pasa a ser recurrente y con unas tasas de infección predecibles y bajo control.

Es endémica la gripe y mata a miles de personas cada año. Era endémica la viruela y probablemente haya sido la enfermedad más letal de la historia. Es endémica la malaria y estamos buscando como locos una vacuna. Endémicas son la poliomielitis, el sarampión, las paperas, la rubeola… y no hacen más daño porque estamos vacunados.

Porque como no se cansan de repetir los doctores, que una enfermedad sea endémica no significa que «pierda los dientes» y deje de ser una amenaza real.

Ómicron sí tiene consecuencias buenas, pero no basta

Un hecho a favor de la salud es que a medida que más personas se recuperan de la infección o se vacunan, es menos probable que el virus desencadene una enfermedad grave.

Pero todavía estamos muy lejos de una situación en la que desaparezca la amenaza de mutaciones constantes y la aparición de nuevas variantes que pueden agravar el deseado final de la pandemia del coronavirus.

Unos porque no quieren, y los más porque no pueden, lo real es que todavía hay demasiada gente sin vacunar en el mundo como para cantar victoria.

Transformar la Covid-19 en una enfermedad con la que realmente podamos convivir requiere un importante esfuerzo global para mejorar la vacunación mundial, estrechar la vigilancia de nuevas variantes y apoyar a los países para abordar los brotes en su origen y en cuanto aparecen.

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Para conseguirlo necesitamos más hechos que palabras. Es decisivo que los que mandan escuchen a los que saben. Que en este caso no son los mismos.

Y también vamos a necesitar mucha suerte, vista la cantidad de mutaciones que se producen cada día.