Día Mundial de la EPOC: incurable y capaz de matar tres veces más que el infarto

Día Mundial de la EPOC: incurable y capaz de matar tres veces más que el infarto
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La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) advierte de que la mortalidad tras un ingreso hospitalario por una agudización por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) triplica a la mortalidad postingreso por infarto (síndrome coronario agudo o SCA).

Y es que, según esta sociedad científica, a los 90 días del ingreso hospitalario, mueren 11 pacientes de cada 100 por una agudización de la EPOC, frente a 4 de cada 100 por cardiopatía isquémica aguda.

Para reducir esta mortalidad, SEPAR trabaja en una nueva definición sindrómica de la agudización de la EPOC que sustituirá a la actual definición sintomática de esta enfermedad respiratoria. Un cambio que permitirá abordar mejor las agudizaciones de la EPOC y presumiblemente obtener mejores resultados, según ha expuesto el doctor Juan José Soler, neumólogo miembro de SEPAR.

La agudización de la EPOC tiene malos resultados, ya que se ha constatado que la tasa de mortalidad a los 90 días del ingreso hospitalario por esta causa es del 11,3%, frente al 4,2% de la mortalidad postingreso que se registra por la cardiopatía isquémica.

¿Qué es la EPOC?

Según la definición de la SEPAR, «la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica es la obstrucción al flujo aéreo debido a la inhalación de una sustancia tóxica». La principal sustancia que daña nuestros pulmones es el tabaco.

El daño que produce esta patología hace que «las paredes de los alveolos se destruyan, los bronquios se engrosen y los pulmones fabriquen más moco de lo normal». Todo ello bloquea las vías respiratorias.

Pero los especialistas advierten que, aunque esta enfermedad es crónica y no tiene cura, «la mayoría de las causas que producen la EPOC se pueden prevenir».

Principales síntomas

Los síntomas de la EPOC van surgiendo conforme la enfermedad va avanzando. Los primeros signos son la tos y la expectoración.

Posteriormente comienza a aparecer la dificultad para respirar, en especial cuando se incrementa, aunque sea poco, la intensidad de la actividad física. Hablamos de problemas al respirar cuando simplemente caminamos o subimos unas escaleras.

«Poco a poco la persona, sin darse cuenta, deja de hacer aquellas tareas que le suponen esfuerzo y le ocasionan ahogo, y con el tiempo llegan a suponer un esfuerzo tareas como vestirse y bañarse», explican desde la SEPAR.

En las fases más avanzadas el paciente puede sufrir opresión en el pecho, agotamiento, falta de concentración e, incluso, hinchazón en tobillos y piernas.

 

Espirometría

En las primeras etapas puede ser difícil identificar la enfermedad. Pero, en personas fumadoras o exfumadoras, una simple espirometría puede despejar muchas dudas.

Se trata de un prueba muy sencilla e indolora. Lo único que tendrá que hacer el paciente es llenar sus pulmones de aire y soplarlo todo y rápido a través del tubo del espirómetro.

Este dispositivo medirá tanto la cantidad de aire expulsado como la velocidad a la que se ha hecho. La alteración en estos parámetros puede ayudar al diagnóstico de la EPOC.

No se cura, pero ¿se puede tratar?

Como ya hemos visto la enfermedad pulmonar obstructiva crónica no se cura. Una vez dañados los pulmones, no hay posibilidad de volver atrás. Pero sí se puede tratar. Y lo más importante, se puede prevenir.

Existen tratamientos para mejorar o controlar los síntomas, con lo que ello supone en la mejora de la calidad de vida del paciente.

Y, por supuesto, la prevención es clave. Dejar el tabaco o no iniciarse en este mal hábito son la mejor forma de evitar la EPOC.

Cambios en el abordaje de la EPOC

Los especialistas de la SEPAR han profundizado en las causas de que el ingreso hospitalario por EPOC suponga un riesgo de fallecimiento mayor que el que provoca el ingreso por infarto.

Tal y como explica el doctor Soler, «la cardiología hospitalaria es más proactiva en la realización de procedimientos diagnósticos y terapéuticos para el abordaje del síndrome coronario agudo. Gracias a ello, se ha constatado una reducción progresiva de las tasas de mortalidad en esta enfermedad. Esta manera de proceder pensamos que constituye un modelo de referencia para mejorar la atención del paciente con agudización de la EPOC».

«La cardiología y la neumología tienen muchas áreas en común. El 25% de los pacientes con EPOC tienen cardiopatía isquémica, es decir, 1 de cada 4 pacientes con EPOC tiene cardiopatía isquémica estable o aguda. Una de las explicaciones de esta asociación es que la EPOC y la cardiopatía isquémica tienen una causa común, el tabaquismo, que produce daño en distintos órganos», precisa el especialista.

No obstante, «la EPOC también aumenta el riesgo de cardiopatía isquémica, con independencia del tabaquismo. La EPOC cursa con inflamación sistémica, produce estrés oxidativo y daño endotelial, aumentando el riesgo de eventos coronarios», añade Soler.

La colaboración entre ambas especialidades es fluida y, de ahí, que se haya tomado como “espejo” el modelo de manejo del SCA, para establecer un nuevo paradigma para el abordaje de las agudizaciones de la EPOC.

Dos definiciones, distintos resultados

La principal diferencia entre los resultados de la agudización por EPOC y del SCA obedece a la distinta definición que se ha hecho de ambas enfermedades. La definición de la agudización de la EPOC se basa en los síntomas y es poco específica, por lo que el manejo es sintomático y, de este modo es difícil tener impacto en los resultados clínicos de esta patología.

Por ello, SEPAR ya está trabajando en una nueva definición de la EPOC más precisa o específica y ha tomado como espejo la definición de síndrome cardiovascular agudo adoptada por los cardiólogos.

¿Cómo? Pues igual que los cardiólogos usa síntomas y biomarcadores biológicos para identificar si el paciente a tratar sufre un infarto o una angina de pecho, los neumólogos consideran abordar los ingresos por EPOC de la misma manera.

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«Vamos a considerar la agudización por EPOC como un síndrome, con un síntoma guía principal, la disnea, unos cambios fisiopatológicos subyacentes, especialmente el incremento de la inflamación y el agravamiento de la obstrucción bronquial y la identificación de diferentes biomarcadores que nos ayuden a mejorar la especificidad del cuadro», explica Soler.

«Pensamos que este cambio de definición abre la puerta a la aplicación de una medicina más personalizada para tratar las agudizaciones de la EPOC. Al considerarlas como un síndrome y apoyarnos en biomarcadores específicos, podremos identificar rasgos tratables, propios de cada paciente y abordar estas agudizaciones de forma más individualizada», afirma el neumólogo.