Un pimiento picante y un veneno mortal, utilizados para quitar el dolor

Un pimiento picante y un veneno mortal, utilizados para quitar el dolor
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La ciencia está constantemente buscando remedios para aliviar o hacer desaparecer los múltiples dolores que nos pueden afectar a los seres humanos con mucha más frecuencia de lo que nos gustaría.

Y a veces, los lugares en los que se encuentran las sustancias necesarias para aliviar este «martirio» pueden resultar más que sorprendentes. Incluso podemos encontrar a investigadores aprovechando sustancias que provocan dolor, para eliminar el dolor.

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Pimiento picante contra el dolor

En el año 1493 Cristóbal Colón regresa de su segundo viaje al «Nuevo Mundo» con un cultivo utilizado en México desde hace 6.000 años, el pimiento.

Nadie podía imaginar que ese vegetal, cuya siembra se extendió rápidamente por toda Europa, se convertiría en una de las armas utilizadas contra el dolar,

El pimiento caspicum tiene entre sus compuestos la capsaicina, que es lo que le da al pimiento, chile o ají, ese picor tan común en la comida mexicana y de otras zonas de Latinoamérica.

La capsaicina es el componente principal de unos parches que aplicados localmente aportan una reducción del dolor en ese punto.

Además, este compuesto tiene una ventaja sobre otros analgésicos, y es que sus efectos secundarios son menores.

El mortal pez globo

La toxina del pez globo, uno de los diez animales más venenosos del mundo, está siendo investigada como anestésico.

El pez globo es considerado un manjar en ciertas culturas como la japonesa, a pesar de ir cargado en su interior con una toxina letal, la tetrodotoxina. Y aunque los que lo han probado aseguran que merece la pena, esta exótica afición gastronómica ha provocado más de un cadáver en la mesa.

De hecho, la tetrodotoxina es 1.200 veces más venenosa que el cianuro. No hay antídoto conocido y la toxina de un solo ejemplar podría matar a 30 seres humanos adultos.

Pues por muy peligrosa que resulte, eso no impide que sea muy utilizada en la investigación científica, ya que actúa de una forma similar a los anestésicos locales.

Pero ¿Cómo se usa con esos altísimos niveles tóxicos?

Se trata de administrarla agregada con polímeros que faciliten su lenta liberación en el cuerpo, y con otros fármacos que ayuden a trasladar esta toxina hacia las neuronas nociceptivas.

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La historia del reto de combatir el dolor

Hasta hace relativamente poco tiempo, la sociedad entendía que el dolor era innato a la vida y por ello no había prácticamente alternativas para paliarlo. Ya entre los hombres del Neolítico, atacados por unos terribles dolores de muelas como se ha podido demostrar, existía la convicción de que el dolor estaba causado por demonios o espíritus de los muertos.

Uno de los primeros recursos y más utilizado a lo largo de la historia para combatir el dolor ha sido el frio. Con él se insensibilizaban las zonas afectadas por una herida, incluso llegando a ser usado como anestésico en las operaciones de amputación que se realizaban en el campo de batalla a los soldados del ejército napoleónico durante la invasión de Rusia.

El ser humano también ha aprovechado la naturaleza que le rodea en su batalla contra el dolor, recurriendo a narcóticos naturales como la adormidera, e incluso aprovechando las descargas eléctricas que producen las anguilas para insensibilizar.

Perfecto ejemplo de este uso es que, en el año 300 antes de Cristo, el griego Hipócrates, considerado padre de la medicina, creó la denominada ‘esponja soporífera’, compuesta de opio, beleño, jugo de mora, lechuga, mandrágora y hiedra.

Habrá que esperar varios siglos, en concreto hasta que en el año 1846, para que el doctor William Morton aplique la primera anestesia general en la extirpación de un tumor en el cuello en el Hospital General de Massachusetts, Boston.

A partir de ese momento, la cirugía experimenta un gran impulso gracias a todo el arsenal anestésico que se comienza a desarrollar.

Pero, ¿qué pasa con el dolor ajeno al uso del bisturí y cronificado?

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