Coronavirus: Los casos de Israel y Chile nos hacen seguir en alerta

Coronavirus: Los casos de Israel y Chile nos hacen seguir en alerta
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De momento lo que hacen las vacunas disponibles contra el SARS-CoV-2, y todas ellas lo hacen muy bien, es protegernos impidiendo que desarrollemos una forma grave de la Covid-19. Aunque solo hicieran eso ya es mucho.

Indudablemente las vacunas también disminuyen significativamente la carga viral de los vacunados.

Pero ninguna de las vacunas desarrolladas hasta la fecha ha demostrado que pueda prevenir totalmente la infección por el SARS-CoV-2. Incluso quienes ya tienen administrada la pauta completa de vacunación desde hace el tiempo suficiente como para que la vacuna alcance su máxima eficacia, todavía pueden infectarse y transmitir la enfermedad, aunque lo hagan con tasa mucho menor de lo que lo hacen los no vacunados.

El ‘Caso Israel’

Un buen ejemplo es Israel, que decidió enfrentarse al virus mediante una estrategia de vacunación masiva. Con 9 millones de habitantes ya han administrado más de 11 millones de dosis de vacunas. Todos los que han querido vacunarse tienen puesta al menos una dosis y mucha gente ha completado las dos dosis.

Con tan altos niveles de vacunación el país está relajando las medidas de aislamiento. La estrategia les salió bien. Mientras a finales de enero de 2021 tenían más de 8.500 nuevos infectados cada día, el número medio de contagios durante los últimos días apenas supera los 110.

Y el número de contagiados que desarrollan manifestaciones graves de la enfermedad, así como el número de muertes se redujo de forma espectacular. Incluso hay días en los que no se muere nadie de Covid-19 en Israel.

¡Pero tienen cerca de 1 millón de personas que se niegan a vacunarse!

El ‘Caso de Chile’

Chile fue otro país que decidió seguir una estrategia similar a la de Israel. Con algo más de 8 millones de vacunados sobre una población total de 19 millones de habitantes, presume de ser el 2º país del mundo con mayor porcentaje de vacunación, solo por detrás de Israel.

Sin embargo, pese a esta alta tasa de vacunación, el resultado es desolador.

Muchos días se superan los 6.500 contagios, casi el triple de los casos que se produjeron en los peores momentos de la pandemia. Antes incluso de que hubiese vacunas. Cuando solo se podía luchar contra el coronavirus mediante las medidas de aislamiento.

¿Cómo se puede entender eso? ¿Tiene explicación?

La tiene. Esta altísima tasa de contagios se explica porque en el país se ha producido una considerable relajación de las medidas clásicas para evitar los contagios. Los chilenos le perdieron el miedo al coronavirus. Y éste es el resultado.

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Lo que tenemos que aprender

En este sentido las lecciones de países como Chile son extremadamente reveladoras.

Por eso, aunque estemos vacunados con todas las dosis necesarias y haya transcurrido el tiempo suficiente como para que las vacunas ejerzan su máxima protección, tenemos que seguir tomando precauciones. Porque podemos infectarnos. Y porque aunque una vez vacunados no padezcamos una forma grave de la enfermedad, sí que podemos transmitirla.

Tampoco podemos olvidar que existen muchas preguntas sin responder sobre las vacunas.

No sabemos durante cuánto tiempo vamos a estar protegidos. Como se ha observado una caída significativa de los niveles de anticuerpos en las personas que ya llevan más tiempo vacunadas, algunas farmacéuticas advierten ya de que necesitaremos una tercera dosis unos 8 meses después de la segunda.

Tampoco sabemos si el SARS-CoV-2 será capaz de desarrollar una variante de escape a las vacunas. Desgraciadamente, en lugares con tantos contagiados como la India es probable que ocurra. Desde allí el mutante de escape podría dispersarse por el mundo, y si llegásemos a esa situación tendríamos que volver a empezar. Las farmacéuticas tendrían que desarrollar una nueva vacuna.

Es probable que con el SARS-CoV-2 lleguemos a una situación semejante a la gripe. Cada poco habría que vacunarse de nuevo y con cierta periodicidad podrían aparecer variantes más letales que incrementasen la mortalidad.

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La lección de la gripe

El haber desarrollado vacunas eficaces en tan poco tiempo nos volvió confiados. Queremos creer que falta poco para el final del túnel. Pero la realidad puede ser otra.

Pensemos en lo que ocurrió con la gripe

En 1940 empieza a desarrollarse la vacuna contra la gripe bajo la dirección de Thomas Francis y Jonas Salk (quien años más tarde desarrollaría la vacuna contra la poliomielitis). Dos años más tarde se dispone de una vacuna bivalente eficaz contra los virus de la influenza A y los B.

Pero a pesar de tan tempranos progresos, a día de hoy tenemos que seguir desarrollando vacunas diferentes cada año para poder luchar contra las distintas variantes del virus.

La guerra contra la gripe no está ganada, ni mucho menos. Y algunos de los mejores especialistas sobre el tema advierten de que en los próximos años podremos sufrir una pandemia de gripe muy grave.

Nuestra relación con el SARS-CoV-2 podría evolucionar de un modo muy parecido. Podría seguir habiendo durante muchos años diferentes olas más o menos letales y tendríamos que desarrollar vacunas contra las variantes de escape (y vacunarnos todos con ellas) de forma más o menos continuada. Y no podemos olvidar que este coronavirus es más letal y más contagioso que la gran mayoría de las cepas de la gripe.

Gracias a las vacunas conseguimos extinguir al virus de la viruela. Fue un logro extraordinario. Con ellas también conseguimos dominar a la mayoría de las enfermedades infecciosas.

Pero no podemos olvidar que por más esfuerzo que realizamos fuimos incapaces de conseguir una vacuna eficaz contra el virus del SIDA, que sigue entre nosotros y ya ha causado más de 33 millones de muertos.

Tampoco conseguimos una vacuna eficaz contra la malaria, y eso que se trata de una de las enfermedades que ha matado a más seres humanos y generado una vida muy difícil a los millones de infectados.

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El virus del sida o el plasmodio que causa la malaria siempre han conseguido escapar a las vacunas.

Aún es pronto para saber qué ocurrirá con el SARS-CoV-2, pero -aunque no nos guste- debemos tener en cuenta que es probable que viniera para quedarse.