Qué es la dermatitis atópica y cómo evitar el desesperante picor

Qué es la dermatitis atópica y cómo evitar el desesperante picor
Se lee en minutos

Para Jaime Llaneza, presidente de la Asociación de Afectados por la Dermatitis Atópica, vivir con esta patología es «vivir con un picor constante que no te deja disfrutar con normalidad de cosas más sencillas y cotidianas».

La molestia es tal que según señala la doctora Milagros Lázaro, presidenta del Comité de Alergia Cutánea de la Sociedad Española de Alergia e Inmunología Clínica (SEAIC), «los pacientes con dermatitis atópica tienen una mayor incidencia de ansiedad y depresión». De hecho, el 50% de las personas con esta enfermedad las sufren”.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica y recurrente, benigna y no contagiosa, pero molesta. Muy molesta.

Sus síntomas más habituales son la piel seca, el picor, inflamación, enrojecimiento y descamación.

Es una enfermedad recurrente porque aparecen brotes a lo largo de la vida del paciente. Y los síntomas empeoran por el uso de irritantes, como pueden ser algunos componentes textiles, detergentes, suavizantes…, y también por el estrés, el sudor o por la bajada de temperaturas.

Te puede interesar: Helicobacter pylori: Así es la infección que padece la mitad de la población mundial

Ahora que el uso de mascarillas y geles hidroalcohólicos es común, los pacientes con esta patología ven empeorados sus síntomas.

El tipo de lesión cutánea y el lugar donde se sufren está muy relacionada con la edad de la persona que la padece:

En los niños menores de dos años, las lesiones aparecen en la cara, y suelen producir enrojecimiento, hinchazón, exudación y formación de vesículas o ampollas.

A partir de los dos años, son los pliegues de rodillas y codos las zonas donde aparece la dermatitis.

En los adultos, sin embargo, la localización es más variable, aunque los párpados es un lugar bastante típico.

Estas lesiones se caracterizan por la descamación, la formación de grietas o el engrosamiento de la piel.

Y aunque todavía no se conoce cuál es su origen, hay factores genéticos, ambientales e inmunitarios que intervienen en su aparición.

Lo que sí parece claro, tal y como explican desde la Fundación Piel Sana, es que aquellas personas con antecedentes familiares de dermatitis atópica, rinitis alérgica, conjuntivitis alérgica o asma tienen más probabilidades de padecerla.

La prevalencia de la dermatitis atópica en España se estima en un 3,4 por ciento de la población general, del cual el 60 por ciento de los casos son infantiles.

De hecho fue considerada una enfermedad pediátrica, ya que la padecen entre el 15% y el 30% de los niños.

Sin embargo, se ha demostrado que, por persistencia o debut tardío, puede afectar hasta adultos mayores, cuya prevalencia se estima entre el 2 y el 10 por ciento. «En todos los casos, el picor puede provocar la privación del sueño y tener un impacto considerable en la calidad de vida», señala el doctor Ignacio Jáuregui, secretario del Comité de Alergia Cutánea.

Como la piel de los afectados por dermatitis atópica no está en buenas condiciones, aumenta el riesgo de que el paciente tenga alguna complicación. Las infecciones de la piel por hongos, bacterias o virus son muy habituales, ya que la barrera protectora cutánea falla.

La mala noticia es que no existe un tratamiento que cure definitivamente la enfermedad. Pero si hay opciones para evitar o mejorar los brotes.

Y como la piel de los pacientes con este tipo de dermatitis es más sensible e irritable, los dermatólogos de la Fundación Piel Sana hacen una serie de recomendaciones generales para evitar los brotes y minimizar los picores:

• Realizar duchas cortas (máximo 10 minutos) una vez al día con agua tibia, evitando baños largos o con agua caliente.

• Utilizar jabones suaves, neutros, con alto contenido en aceite y sin perfumes.

No restregar la piel excesivamente y evitar el uso de esponjas ásperas.

• Aplicar diariamente crema hidratante después de la ducha y mejor con la piel húmeda.

Cortar bien las uñas y mantenerlas limpias para evitar infecciones por el rascado.

• Optar siempre que sea posible por la ropa de algodón o de fibras naturales, evitando materiales sintéticos o la lana.

• Evitar cubrir excesivamente la piel, ya que el sudor puede empeorar los síntomas.

Evitar el uso de detergentes, suavizantes y otros productos irritantes.

• Realizar las tareas de limpieza doméstica con guantes.

• En los bebés, cambiar los pañales cuando estén húmedos.

Noticias relacionadas

Evitar el exceso de calor y cambios bruscos de temperatura. La temperatura ideal está alrededor de los 20ºC.

Será el dermatólogo o el alergólogo el que determinará si es necesario el uso de fármacos, como corticoides o antihistamínicos.