«El futuro que viene» (y 3)Sabemos que 827.000 virus pandémicos podrían dar el salto a humanos en cualquier momento ¿Es evitable?

«El futuro que viene» (y 3)Sabemos que 827.000 virus pandémicos podrían dar el salto a humanos en cualquier momento ¿Es evitable?
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No lo vimos venir. Incluso cuando ya era un hecho consumado nos negamos a creerlo. China tardó demasiado en avisar de la gravedad del brote. La OMS se demoró excesivamente en declararlo pandemia.

Se perdió un tiempo precioso justo cuando al principio de su expansión el coronavirus aún era controlable. Para cuando ya era un grave problema de salud pública y el virus se había extendido por el mundo, todavía se repetía que en España apenas tendríamos casos.

Al no habernos preparado para hacer frente a una pandemia, al coronavirus le resultó muy fácil expandirse. Sin embargo, en contra de lo que pensábamos, no era nada improbable que una grave pandemia mundial pudiera asolar a la humanidad. Todo lo contrario.

Y si no, mire los hechos que enumeramos a continuación. Son una pequeña muestra, solo a modo de ejemplo, de la realidad con la que podíamos trabajar:

• En los 10 años anteriores a la actual pandemia de la Covid-19 seguimos conviviendo con la pandemia del SIDA que ya ha causado 33 millones de muertes.

• En 2010 la gripe A (H1N1) causó alarma, aunque finalmente se controló bien tras afectar «solo» a 602.493 personas.

• Ha habido dengue en Argentina en 2009 y 2013 con 26.923 y 76.803 infectados respectivamente. También en Paraguay, en 2013, con 76.803 infectados. Y recientemente (2019) en América Central y Suramérica con más de 3.000.000 de infectados.

• Las epidemias de Ébola han seguido brotando en África. Por ejemplo, en el Congo en 2014 el Ébola afectó a 3.470 personas matando a 2.280.

• Solamente durante los años 2013 y 2014 el virus del Chikunguña infectó en América a 702.919 personas.

• Hubo muchos otros brotes de virus muy peligrosos como en Nipah en India, en 2018, o Hantavirus en China.

• También otros coronavirus próximos al SARS-CoV-2 como el MERS-CoV produjo brotes con elevada letalidad en 2012 y 2013, que por suerte se consiguieron controlar.

• También hubo otros muchos brotes como el virus del Zika o el West Nile.

• Además, se produjeron pandemias bacterianas. Por ejemplo una de cólera que en Haití mató a más de 10.000 personas en 2010. También hubo brotes de cólera en Yemen…

Así hasta nada menos que unos 10.700 brotes epidémicos de mayor o menor gravedad, ocurridos en todo el mundo durante los últimos 10 años.

Sin duda había indicios más que suficientes para ser precavidos. Entonces…

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¿Por qué calculamos tan mal el riesgo de pandemia?

Amos Tversky y Daniel Kahneman, dos expertos en modelos matemáticos de procesos cognitivos humanos anticiparon la respuesta.

Cuando juzgamos un acontecimiento de elevada incertidumbre, lo correcto es calcular probabilidades y a menudo utilizar para ello un extenso procesamiento algorítmico bastante fiable.

Pero en vez de hacer eso, las personas tendemos a utilizar un atajo mental llamado el SESGO DE DISPONIBILIDAD.

Utilizamos un recuerdo cercano, que creemos relacionado con el acontecimiento improbable que debemos juzgar, y basamos nuestras predicciones sobre dicho recuerdo.

Dicho en forma coloquial, cuando no tenemos ni idea de cómo calcular la probabilidad de que algo puede ocurrir, elegimos lo primero que se nos pasa por la cabeza.

Como la mayoría de nosotros no había sufrido ninguna epidemia en su vida, pensamos que nunca íbamos a sufrirla.

Tversky y Kahneman también descubrieron que a los seres humanos les resulta muy fácil caer en el SESGO DE CONFIRMACIÓN.

Frente a eventos que nos resultan desconocidos tendemos a buscar información que confirme nuestras creencias «a priori». Evidentemente nadie quiere pasar por las penalidades de una gran pandemia. En ese contexto fue fácil encontrar información que confirmase nuestra creencia de que no iba a haberla.

Los sesgos de disponibilidad y los sesgos de confirmación condicionaron nuestra desastrosa capacidad de predicción de la pandemia de Covid-19.

Lo importante ahora es plantearse correctamente una cuestión esencial. Una vez nos libremos de la Covid-19 ¿Volveremos a enfrentarnos alguna vez en nuestra vida a una nueva pandemia? ¿Ocurrirá pronto?

Conviene acertar con la respuesta. Porque no es lo mismo organizar nuestro futuro sabiendo que si no cambiamos radicalmente de vida en poco tiempo una nueva pandemia volverá a asolarnos, que estar seguros de que podremos recuperar sin peligro alguno nuestra vida de antes.

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¿Podríamos volver a equivocarnos catastróficamente prediciendo la próxima pandemia?

Todo indica que sí.

Contrariamente a lo que podríamos imaginar, resulta más difícil acertar en la probabilidad real de sufrir una segunda pandemia que acertar en la primera.

El principal culpable es un sesgo cognitivo conocido como la FALACIA DE MONTECARLO.

Esto es la creencia errónea de pensar que si un evento particular ocurre con más frecuencia de lo normal en el pasado, entonces es menos probable que ocurra en el futuro.

En este sentido, el 18 de Agosto de 1913 en una ruleta del Casino de Montecarlo salió negro 26 veces seguidas. La probabilidad de que esto ocurra en una ruleta no trucada es (18/37)(26-1). Exactamente 1 vez de cada 661666.666 veces. Improbable, pero no imposible.

Cientos de jugadores se arruinaron apostando repetidamente al rojo pensando (erróneamente) que después de tantos negros seguidos salir rojo tenía muchísima más probabilidad. La realidad es que independientemente de toda la historia que hubiese ocurrido antes, la probabilidad de salir rojo en una ruleta es la misma que la de salir negro (exactamente 18/37).

El sesgo cognitivo nos hace pensar que ya hemos pasado lo malo (la pandemia de la Covid-19) y ahora la probabilidad de una nueva pandemia es muchísimo menor.

Desafortunadamente la realidad no es así y hoy en día la probabilidad de que se desate una nueva pandemia es muy similar a la probabilidad que existía en 2019.

¿Por qué predecimos tan mal?

El problema es que durante la mayor parte de nuestra existencia fuimos cazadores recolectores. Muchos de estos sesgos cognitivos se fijaron en nuestras mentes durante esa época.

Pero lo que no hace daño a un cazador-recolector que se movía a pie unos pocos kilómetros interactuando con un pequeño grupo de poco más de un centenar de individuos, puede resultar catastrófico para una especie en la que la mayoría de sus individuos vive en ciudades y millones de ellos se desplazan miles de kilómetros por todo el mundo en pocas horas.

No queremos aceptar un hecho evidente en nuestra lucha contra las pandemias. Estamos en manos de un fenómeno de teoría de juegos conocido como la RUINA DEL JUGADOR.

Imaginemos que estamos enganchados sin remedio a un juego de azar en el que somos unos jugadores competentes. Tenemos una cantidad de dinero limitado para apostar. Pero nos obligan a jugar sin que podamos retirarnos nunca. Solo si nos arruinamos quedamos eliminados para siempre.

El problema está en que jugamos contra el «casino infinito» cuyos recursos nunca se acaban.

Semejante juego solo tiene un resultado. Aunque juguemos excelentemente, más tarde o más temprano acabaremos perdiendo.

Las estimas del «Global Virome Proyect» indican que hay al menos 827.000 virus pandémicos que podrían dar el salto a humanos en cualquier momento. Otras estimas calculan que esa cantidad se aproxima mucho más a los 2 millones.

En todo caso nuestras opciones se parecen mucho a jugar contra el «casino infinito» del ejemplo anterior.

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Cualquiera que razone sin caer en los sesgos de disponibilidad y de confirmación, y que esquive la falacia de Montecarlo es capaz de comprender que mantener nuestro estilo de vida nos conduce a la ruina del jugador.

Si seguimos pensando como cazadores recolectores nuestra ruina está asegurada.