¡Cuidado con los abuelos! La soledad de estos días aumenta su melancolía, aislamiento e incomprensión

¡Cuidado con los abuelos! La soledad de estos días aumenta su melancolía, aislamiento e incomprensión
Se lee en minutos

Te puede interesar: ‘Llega el frío: ¡Cuidado con los sabañones y cómo prevenirlos!’

La vida nos ha cambiado a todos desde que en el mes de marzo irrumpió la pandemia del SARS-CoV-2. La incertidumbre, el miedo, los cambios laborales y económicos, en definitiva, la nueva forma de vivir que estamos aprendiendo está dejando su huella en la salud mental de todos y en todas las edades.

Pero los médicos generales y de familia alertan en especial sobre las consecuencias que la pandemia está teniendo en los mayores, sobre todo los que superan los 74 años de edad. En ellos son más graves y en muchos casos irreversibles.

Según el responsable del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Fernando Gonçalves, el anciano vive con miedo y acepta mal las necesarias medidas de distanciamiento social que le vienen impuestas.

El mantenerse socialmente alejado de familia o amigos, les afecta gravemente, y no solamente en el plano físico, sino incluso en lo emocional, tan prioritario a su edad.

Desgraciadamente la soledad, a esas edades, suele ser una compañera habitual de vida del anciano, incluso compartida con su cónyuge, si aún lo tiene. Pero en fechas señaladas, como ha ocurrido siempre hasta ahora durante las Navidades, los contactos sociales con familiares directos suponían un paréntesis muy beneficioso para ellos.

Pero este año, en la mayoría de los casos el coronavirus no ha dado tregua a la soledad de los mayores, por la necesidad de reducir los contactos, y ello está provocando ya un aumento de la melancolía, el aislamiento y la incomprensión en este grupo de población, tal y como señalan desde la SEMG.

Te puede interesar: ‘Qué hacer y qué no hacer si me quemo cocinando’

Además de su estado mental, su estado físico también se está viendo resentido por tantos meses de aislamiento y distanciamiento social. El incremento del sedentarismo, provocado por las restricciones de movilidad, está incrementando las limitaciones físicas propias de esas edades.

A esto hay que añadir, según el responsable de Salud Mental de la SEMG, la disminución de los controles médicos habituales para sus patologías previas, que pueden verse agravadas por un servicio médico ahora limitado a simples contactos telefónicos.

Y es que no deberíamos dejar de lado las dificultades que puede entrañar esta nueva manera ‘telefónica’ de ‘ir al médico’, ya que los déficits sensoriales tan habituales a esas edades, tanto auditivos como visuales, hacen la comprensión mucho más complicada. Incluso es frecuente que el anciano, conocedor de sus carencias auditivas, opte por ni llamar al médico.

Además, si a la alteración de las rutinas de comunicación le sumamos el “bombardeo continuo, a través de los medios de comunicación, de noticias desalentadoras y amenazantes para su futuro, ante el cual se siente inerme, da lugar a insalvables sentimientos de desesperanza, soledad y abandono, difíciles de manejar por el anciano, ya de por sí, solo”, afirma el responsable del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la SEMG.

Te puede interesar: ‘Si el test serológico dice que tengo anticuerpos ¿ya no contagio ni me contagian?’

Desde el inicio de la pandemia se ha considerado a las personas de más edad población de riesgo ante la Covid-19. La frecuente existencia de patologías previas, más o menos hasta ahora controladas médicamente, conllevan un riesgo de desestabilización física y emocional, muy superior en el anciano.

Conscientes de esta situación, estos pacientes ven incrementado su temor ante la posibilidad cierta de que la nueva enfermedad pueda suponer su propio final con la llegada de la muerte. Y lo que es peor aun, con el pensamiento de la posibilidad de morir solos en un hospital sin la compañía ni el consuelo de sus familiares.

Este miedo acrecentado, sumado a la incertidumbre, a la reducción de su actividad física, y al incremento de su aislamiento físico y emocional, podría conducir a los mayores de 75 años a un mayor deterioro cognitivo, que ya estaba presente en mayor o menor grado, así como a un creciente riesgo de demencia.

“Ese aumento de su deterioro cognitivo le provoca un mayor grado de desorientación, de incomprensión de la realidad en la que vive, cada día más dura, y un aumento de la sensación de extrañeza, irrealidad y abandono”, según el experto.

Recomendaciones

Por todo ello, el responsable del Grupo de Salud Mental de la SEMG hace una serie de recomendaciones para disminuir, en la medida de los posible, las consecuencias de las medidas de aislamiento para el anciano.

Por un lado, es importante evitar noticias relacionadas con el riesgo vital que el coronavirus supone para ellos. “No se trata de mentir, ni de disfrazar la realidad, si no de poner al anciano en una perspectiva positiva, real y vital, pero ante un horizonte de esperanza, siempre posible”, asegura Gonçalves.

Además, hay que fomentar la realización de actividades físicas y mentales, e intentar potenciar su autonomía, animándole a hacer cuantas cosas le permita su estado físico, aunque le conduzcan al cansancio.

Por ejemplo, labores de mantenimiento en el hogar, como preparar sus comidas, hacer su cama, mantener su higiene personal y la de sus pertenencias, tanto como sea posible, con la supervisión y la ayuda que sea necesaria. Pero ¡tienen que sentirse útiles!

Siempre es muy recomendable que las personas mayores puedan utilizar, o a prender a utilizar, las nuevas tecnologías, porque si es posible, favorecer el contacto con sus familiares e incluso con antiguas amistades puede aportarle momentos de ilusión y alegría, por medio de videollamadas, envío de cartas clásicas, etc. “Recibir una carta le retrotraerá a mejores épocas pasadas en su biografía personal y le aportará buenos recuerdos”.

Te puede interesar

Valorar sus opiniones y facilitar su ventilación emocional, incitándole a hablar de sus temores incluso, solicitando detalles de sus recuerdos y respetando sus tiempos y sus silencios.

Debemos transmitirles seguridad y confianza en un futuro más halagüeño, cada vez más posible y más cercano.